April 20th, 2021
Story

Magdaleno Diaz se ha desempeñado por años como una conexión entre la comunidad cora y el resto del Condado de Gunnison County.

Fotografías de Luna Anna Archey

Por Nancy Lofholm

En la primavera de 2020, cuando el Condado de Gunnison se convirtió en uno de los primeros focos de COVID-19, un grupo pequeño y singular en este condado ubicado en la Ladera Occidental estaba especialmente preparado para sobrellevar una pandemia. También se vio duramente afectado.

Los coras, personas indígenas que han estado inmigrando de un comunidad ganadera montañosa en la Sierra Madre Occidental al este de Guadalajara, México, a los campos ganaderos montañosos del Condado de Gunnison desde hace casi medio siglo, enfrentaron el primer año de la pandemia de COVID-19 con obstáculos lingüísticos y culturales.

Los aproximadamente 160 coras que actualmente viven en y alrededor de Gunnison, principalmente en dos comunidades de casas prefabricadas, normalmente suelen permanecer muy unidos en sus grupos familiares. Así que lidiar con los cierres debido a la pandemia y no interactuar con personas fuera del hogar fue relativamente fácil.

Muchos de los coras también trabajan junto con integrantes de sus familias. La mayoría tienen empleos en la industria de la limpieza relacionada con el turismo, en restaurantes y en trabajos de construcción en Mt. Crested Butte, un poblado al que llaman “la montaña”.  

Cuando las tasas de infección por el coronavirus aumentaron mucho en el Condado de Gunnison a principios de marzo de 2020, al mismo tiempo que el gobernador Jared Polis declaró un estado de emergencia en Colorado, el condado implementó cierres estrictos. Estos incluyeron el cierre del condado a visitantes, pedirles a los dueños de segundas casas que se fueran, y la clausura de muchos negocios.

Con los negocios turísticos seriamente afectados, la mayoría de los coras se quedaron sin trabajo o su horario de trabajo se redujo drásticamente. Como muchos habitantes de clase trabajadora en el Valle de Gunnison, los coras enfrentaron dificultades para pagar el alquiler, los servicios públicos y la comida. Pero los pagos de desempleo y del estímulo federal que ayudaron a otros trabajadores no fueron una opción para muchos de los coras que están en el país sin documentación.

“Tenían miedo, y no solo del virus”, dijo Magdaleno Diaz, quien es cora y ha vivido en Gunnison por muchos años. La comunidad lo conoce bien por el trabajo que realiza como voluntario, y porque desempeña el papel de conector entre los integrantes de la comunidad cora y el resto del Condado de Gunnison.

Los funcionarios del Condado de Gunnison y líderes de entidades no lucrativas tuvieron mucho con que lidiar cuando los casos de COVID-19 aumentaron. Desde el principio, el condado implementó medidas adicionales para comunicarse con este grupo que ha formado parte de la comunidad desde principios de los años 1970.

Voluntarios y trabajadores con la oficina del Proyecto de Asuntos Hispanos en Gunnison colgaron carteles informativos en las puertas de casas prefabricadas en donde muchos coras viven. (El Proyecto de Asuntos Hispanos es un beneficiario de The Colorado Trust.) Llamaron por teléfono a las familias coras para informales sobre COVID-19 y las animaron a que se hicieran pruebas. Recalcaron la necesidad de quedarse en casa si se sentían enfermos. También distribuyeron información sobre la disponibilidad de ayuda con la comida, el alquiler y los servicios públicos.  

Nada de esto fue fácil porque los coras tienen su propia lengua, un dialecto que se parece más a lo que hablan las tribus Ute que al español. Muchos adultos coras solo hablan cora y no leen ni escriben. Sus hijos que van a la escuela aprenden a hablar en inglés, y las escuelas normalmente ayudan a distribuir la información a toda la comunidad mediante los estudiantes coras. Con las escuelas cerradas, esa manera de comunicarse desapareció.

Hacer visitas a domicilio no era una buena opción porque los coras suelen ser tímidos y temerosos, debido a los obstáculos del idioma y algunas de sus situaciones de documentación. Diaz dijo que se resistían a hacerse pruebas porque temían que eso los pusiera legalmente en peligro.

Durante las primeras tres semanas que el condado ofreció pruebas de COVID-19, ninguna persona latina ni cora se hizo una prueba, según datos del Departamento de Salud del Condado de Gunnison. El panel de datos sobre el coronavirus en el condado mostró que de las 707 personas que reportaron por sí mismas tener posibles síntomas de COVID-19 en las primeras semanas de la llegada de la pandemia a Gunnison, solo cuatro de esos reportes se hicieron en cora o en español.

Para septiembre, el 66 por ciento de todos los casos positivos en el Condado de Gunnison eran entre personas latinas. (El condado no ha creado una categoría de datos diferentes sobre los coras, y los incluye en este total.)

“A [los coras] no les gusta venir a obtener servicios con mucha frecuencia”, dijo Devan Haney, director de recursos multiculturales para el Condado de Gunnison y a quien le asignaron que encontrara maneras de conectar con la comunidad cora durante la pandemia.

Varios integrantes adultos de la comunidad cora que hablan inglés, como Diaz, se convirtieron en valiosos recursos no solo para distribuir información sino también para reducir los temores de obtener ayuda.  

“Todos estamos emparentados de alguna forma. Nos ayudamos los unos a los otros. Pero fue difícil. Necesitábamos ayuda”, dijo Brianda Aguilar, quien nació de padres coras, se crio en Gunnison y creció hablando cora. “Había tanto temor entre [los coras]. Todo era abrumador”.

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Brianda Aguilar en su hogar en Gunnison.

La familia de Aguilar enfrentó los problemas típicos que las familias coras tuvieron que sobrellevar durante la pandemia. Normalmente, la familia de Aguilar sobrevive con tres ingresos de trabajos en la industria del servicio. Su padre se enfermó de COVID-19 al principio de los cierres y no pudo trabajar limpiando casas por un mes. Brianda y su madre tuvieron síntomas más leves, parecidos a los de un catarro, pero no se hicieron la prueba de COVID-19. Todos tuvieron que aislarse. Cuando pudieron trabajar, sus horas se redujeron a menos de la mitad de lo normal.  

La organización Emigrantes Unidos de Gunnison los ayudó con el alquiler de su pequeño hogar cerca del centro de Gunnison. La Despensa de Alimentos para el Condado de Gunnison dejó cajas con alimentos frente a su puerta. Brianda se sintió tan agradecida que empezó a trabajar como voluntaria en la despensa, trabajo que continúa realizando hasta ahora.

Si la comunidad de Gunnison no hubiera acogido a los coras de muchas formas por muchos años, sobrellevar la pandemia hubiera sido mucho más difícil.

La red activa de grupos no lucrativos en Gunnison reconoció a principio de los años 2000 que un grupo étnico único estaba estableciéndose en el Valle de Gunnison; este grupo ahora constituye hasta el 40 por ciento de la población latina en el área. Ahora se cree que el grupo de coras que vive en el área de Gunnison es el grupo más grande de coras en Estados Unidos.

Al principio, hombres jóvenes solteros llegaron al área para trabajar como pastores en la década de 1970. Cuando cruzar la frontera se hizo más peligroso y costoso, y el tráfico de drogas se convirtió en una amenaza, empezaron a establecerse en la región de Gunnison y a traer a sus familias.

Provienen de un área en el estado mexicano de Nayarit que cuenta con una población aproximada de 25,000 coras. La mayoría de los coras en Gunnison vienen de un pueblo llamado Jesús María.

Hace más de una década, el Departamento de Salud del Condado de Gunnison logró investigar y publicar un folleto con información útil sobre los coras a través de un esfuerzo estatal de cuatro años: la iniciativa para Apoyar a Familias Inmigrantes y Refugiadas (financiada por The Colorado Trust). El documento en inglés “Indígenas coras de México” incluye información sobre la lengua, cultura, religión, prácticas de salud e historia migratoria de los coras.  

Marketa Zubkova, una inmigrante de la República Checa que ha vivido en el área de Gunnison por más de una década, desempeñó un papel crucial para iluminar las experiencias de los coras en el Condado de Gunnison. Zubkova trabaja con el Proyecto de Asuntos Hispanos ofreciendo asistencia inmigratoria legal.  

“Quería que todos supieran que son un grupo indígena muy específico”, Zubkova dijo.

Mediante entrevistas con personas inmigrantes en Gunnison y viajes a Jesús María, Zubkova logró describir a un grupo de personas que tuvieron que cruzar la frontera debido a la pobreza y la violencia del narcotráfico en su país de origen. El Ministerio Mexicano de Desarrollo Social reporta que más del 60 por ciento de los residentes del área de Nayarit, en donde Jesús María se ubica, viven en la pobreza extrema.

Diaz dijo que en décadas recientes, esa área rural montañosa de México finalmente se conectó a la red eléctrica, de agua potable y desagüe, pero muchos residentes, especialmente los ancianos, siguen viviendo en la pobreza extrema. Dijo que el dinero que los coras envían desde Estados Unidos ayudan a mantener a sus parientes en el área de Jesús María.

Las creencias tradicionales que los coras tienen sobre la salud descritas en el folleto ayudan a destacar por qué explicarles a los coras lo que es una pandemia ha sido problemático. El folleto dice (y Diaz lo confirma) que los coras creen que las enfermedades pueden ser un castigo por descuidar las obligaciones religiosas o por estar fuera de balance con la naturaleza. Los coras con frecuencia acuden a curanderos tradicionales, a quienes se considera como un puente entre Dios y el hombre, cuando se enferman. Los métodos de sanación incluyen el uso de remedios herbales y chupar rocas y mazorcas de maíz.

Recientemente, creencias sobre la salud provenientes de su país de origen han afectado la respuesta de los coras frente a la pandemia.

Diaz y Aguilar dijeron que amigos y parientes en Nayarit han estado advirtiendo, erróneamente, a los coras del Condado de Gunnison que no deberían vacunarse contra COVID-19 porque la inyección los podría matar; piensan incorrectamente que las personas en México se están muriendo por las vacunas.

“Muchos le tienen terror a la vacuna”, Aguilar dijo. “No pueden tener una conversación con un médico. Es difícil explicarles para decirles por qué se deberían [vacunar]”.

Sin embargo, el condado está intentándolo. El Departamento de Salud del Condado de Gunnison recientemente organizó un evento de vacunación específicamente para personas que hablan español y cora. Hubo intérpretes al cora y estudiantes hispanos de Western Colorado University para guiar a las personas por el proceso. Más de 200 personas que hablan español y cora asistieron para vacunarse después de que una serie de esfuerzos de alcance comunitario, los cuales incluyeron videos en Facebook y una transmisión en vivo por internet con una familia cora que habló sobre por qué se iba a vacunar, convencieron a muchos de que las vacunas son seguras y necesarias.

Diaz hizo su parte al vacunarse al principio y compartir su experiencia de que no le hizo daño.

“Hablo con la gente sobre mi vacuna. Les digo cómo me sentí después”, Diaz dijo. “También creamos un papel sobre [mi experiencia] para que la gente pueda leerlo”.

En el futuro, Haney dijo que se organizarán más eventos de vacunación para las personas latinas, incluidos los coras. Se planea abrir clínicas temporales, y se está invitando a pastores religiosos para que hablen sobre la importancia de vacunarse. Emigrantes Unidos seguirá ofreciendo seminarios educativos virtuales el primer viernes del mes.  

Hay indicaciones de que todos estos esfuerzos están dando resultados. Desde el primer día del año cuando el Condado de Gunnison empezó a administrar vacunas, la tasa de vacunación entre la comunidad latina había permanecido en un 0.3 por ciento. Ese porcentaje subió a más del 20 por ciento a principios de abril. Aunque no existen datos específicos sobre cuántos coras se incluyen en esa cifra, los voluntarios señalaron que hubo integrantes de la comunidad cora entre los que formaron la fila para vacunarse. Diaz dijo que él contó como 65 coras en el evento.

Residentes coras como Aguilar y Diaz quieren brindar su ayuda para aumentar la integración, cuando corresponda, entre los coras y su comunidad adoptiva, tanto en tiempos normales como durante la crisis de una pandemia.

“Estamos tratando de involucrarnos más en la comunidad. Tenemos que demostrar quiénes somos”, Diaz dijo. “La comunidad quiere saber sobre nosotros. Estamos dando un paso hacia fuera para mostrarles eso”.  

Traducido por Alejandra X. Castañeda