2020-09-08
Story

La maestra Nikki Hudon lee un libro a sus estudiantes de la Escuela Primaria usando una aplicación de videoconferencia en un salón vacío en Denver el viernes 4 de septiembre de 2020.

Fotografía de Joe Mahoney / enviado especial de The Colorado Trust

Por Julia C. Martinez

Fue un primer día frenético para iniciar el año escolar en la Escuela Primaria Doull en el sudoeste de Denver. La escuela ofrecería enseñanza a distancia por primera vez con el objetivo de mantener a sus estudiantes, familias y maestros sanos y salvos en medio de la pandemia del coronavirus. Las Escuelas Públicas de Denver, (DPS, por sus siglas en inglés), el distrito escolar más grande en Colorado, había sopesado los riesgos potenciales y decidió que la opción más segura era que sus 92,000 estudiantes iniciaran el año escolar en línea.

Pasar la lista de asistencia fue lo primero que se hizo, para cumplir las pautas del distrito y contar a diario a cada estudiante. La primavera pasada, las escuelas de DPS les perdieron el rastro a varias docenas de estudiantes mientras las escuelas experimentaban por primera vez con el aprendizaje a distancia. Los estudiantes sin una computadora o acceso a internet, o aquellos que no quisieron participar en las clases virtuales, no se presentaron en línea.

A las 8:15 a.m., con los maestros de primaria de la escuela Doull acelerados frente a sus computadoras, listos para darles la bienvenida a sus pequeños estudiantes, el área sufrió un corte eléctrico que dejó las pantallas en blanco y a las familias sin electricidad.

“Literalmente no lo podía creer”, dijo Jodie Carrigan, directora de la Escuela Primaria Doull, quien había pasado semanas preparándose para un inicio sin contratiempos. Cuarenta y ocho horas antes, había entregado materiales escolares y computadoras a familias que no habían respondido a varios esfuerzos de contactarlas. “Sucedió en un momento tan inoportuno, pero perseveramos”, dijo.

Después de que regresó la electricidad alrededor de las 10 a.m., la mayoría de los estudiantes ingresaron a las computadoras que la escuela les había dado y el día virtual empezó, menos algún pequeño problema por aquí y por allá.

Treinta y cinco de los 400 niños estuvieron ausentes esa mañana. La mayoría de las ausencias se debieron a problemas con la computadora, los cuales Carrigan dijo que se resolvieron al final del día.

A nivel distrito, DPS registró un porcentaje de asistencia del 86 por ciento el primer día de clases. Esto significa que el 14 por ciento (o alrededor de 12,800) de los 92,000 estudiantes en el distrito faltaron a clases. El segundo día, la asistencia en línea aumentó al 88 por ciento. Dificultades con las computadoras y la habilidad de conectarse a internet quizás fueron parte del problema, pero la portavoz del distrito Winna MacLaren se rehusó a proporcionar una razón.

En un distrito históricamente plagado de ausencias excesivas, entender las razones precisas puede tomar mucho tiempo. Con la excepción de los programas de aprendizaje en la primera infancia, cuya reapertura está programada para principios de septiembre, DPS planea hacer la transición al aprendizaje en persona el 16 de octubre, al final del primer trimestre.

Carrigan, su equipo administrativo y los maestros se había esforzado especialmente durante años recientes en asegurar que sus estudiantes, la mayoría hispanos de familias con bajos ingresos, asistieran a la escuela y participaran en sus estudios. En 2015, la escuela lanzó un programa de desayunos gratis cuando se dio cuenta de que algunos de los niños llegaban con hambre a la escuela. El año pasado, la escuela instaló un lavarropas y una secadora después de que algunas familias dijeron que sus hijos faltaban a la escuela porque no tenían ropa limpia. Sin embargo, en el año escolar 2018-19, un tercio de los estudiantes de Doull se ausentaron crónicamente, es decir, faltaron a la escuela por lo menos el 10 por ciento (alrededor de 18 días o más) durante el año escolar.

A Carrigan le preocupa que lidiar con los desafíos que conlleva el aprendizaje a distancia sea una posibilidad mucho más compleja que los programas de desayunos gratis y lavandería en la escuela.   

“Será muy difícil para los estudiantes pequeños estar frente a una pantalla cuando su manera de aprender es a través del juego y las actividades manuales”, dijo Carrigan, a quien también le preocupa que los estudiantes no obtengan los beneficios sociales cruciales que la enseñanza en persona proporciona. Conforme vayan pasando los días, quizás dejen de enfocarse y se retrasen, o simplemente dejen de conectarse a la computadora, especialmente si sus padres o abuelos no están disponibles o no pueden ayudarlos.

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Aún antes que el coronavirus interrumpiera nuestras vidas, trabajos y la educación escolar tradicional, miles de decenas de estudiantes en escuelas públicas de Colorado se estaban ausentando crónicamente de sus clases, lo que presenta un riesgo académico para ellos.

Durante el año escolar 2018-19, casi 200,000 estudiantes en el estado faltaron a 10 por ciento de sus clases. Las ausencias ocurrieron en todos los grados y en áreas diversas, desde grandes centros urbanos y suburbios hasta pequeñas zonas rurales y montañosas.

En términos puramente numéricos, las ausencias fueron más intensas en DPS, en donde el 40 por ciento, o alrededor de 34,500, de los estudiantes inscritos ese año se ausentaron crónicamente y se consideró que corrían un riesgo académico.

A nivel nacional, alrededor de 8 millones de estudiantes, en todos los estados y niveles de estudios, faltaron a por lo menos un día de 10, según los datos federales más recientes.

Las leyes de Colorado requieren que los niños de 6 a 16 años de edad asistan a la escuela. Y una ley federal de 2015 requiere que todos los estados incluyan datos de ausencias crónicas en los informes escolares anuales que envían al Departamento de Educación de EE. UU. Debido a las interrupciones en el aprendizaje causadas por la pandemia, el gobierno federal no exigirá que se reúnan datos sobre la asistencia en 2019-20.

“El absentismo crónico, faltar aunque sea al 10 por ciento de las clases por cualquier razón, es un indicador principal y una causa de la inequidad académica”, dijo Hedy Chang, fundadora y directora ejecutiva de Attendance Works, una organización nacional no lucrativa que trabaja para reducir las ausencias crónicas en escuelas por todo el país. “Monitorear el absentismo es aún más importante ahora con la pandemia… [porque] es una señal de advertencia que un estudiante y su familia están enfrentando obstáculos que, si no se resuelven, causarán que [el estudiante] se retrase”.  

El absentismo crónico empieza desde preescolar y kindergarten, y para algunos estudiantes se convierte en un patrón difícil de modificar. Estudios de investigación han encontrado que todos los niños, sin importar su nivel socioeconómico, se desempeñan peor en primer grado si estuvieron ausentes crónicamente en kindergarten.

“Al final de tercer grado, si los estudiantes se ausentaron crónicamente, sabemos que es menos probable que lean correctamente”, dijo Leslie Colwell, vicepresidenta de Iniciativas de Educación K-12 con la organización Campaña de Niños en Colorado (Colorado Children’s Campaign en inglés y un beneficiario de The Colorado Trust). “Conforme pasa el tiempo, esos estudiantes con brechas continuas de asistencia son los estudiantes que con frecuencia después observamos enfrentando dificultades”.  

En la secundaria (o middle school, en inglés), el absentismo crónico es una señal de advertencia de que los estudiantes están en camino a salirse de la escuela, según dice el Departamento de Educación de Colorado. En noveno grado, la asistencia es un mejor indicador que los resultados de exámenes de si un estudiante dejará la escuela antes de completar la preparatoria (high school).

Al final del año escolar 2018-19, 9,277 estudiantes se salieron de escuelas en Colorado, o cerca del 2 por ciento de los estudiantes en total. El índice de abandono escolar entre los estudiantes de color (3.2 por ciento entre estudiantes hispanos, 3 por ciento entre estudiantes negros, 4 por ciento entre estudiantes indoamericanos o nativos de Alaska) fue más alto que el promedio estatal; entre los estudiantes blancos (1.2 por ciento) y asiáticos (0.8) fue más bajo.

Mientras muchas escuelas en Colorado inician sus clases a distancia, algunos educadores temen que muchos de sus estudiantes no logren adaptarse a las presiones y desventajas del aprendizaje virtual, pierdan la oportunidad de recibir una educación crucial y no puedan ponerse al día.

“El virus ha empeorado todos los factores, algunos inofensivos, algunos insidiosos, que causan que los niños falten a la escuela”, dijo Amber Elias, superintendente administrativa principal de DPS. “Cualquier cosa que ha sido un desafío se ha convertido en un desafío aún mayor”.  

No se sabe cuántos estudiantes sufrieron la pérdida de un integrante de su familia durante la pandemia, la cual ha afectado desproporcionadamente a las comunidades de color en Colorado. Algunos viven en familias que están tratando de sobrellevar los efectos de la enfermedad, el desempleo y la vivienda inestable, cargas que afectan desproporcionadamente a los estudiantes de color con bajos ingresos y otras comunidades marginadas. Algunos tienen problemas de aprendizaje o son propensos a la depresión o a la ansiedad empeorada por la pandemia, además del experimento repentino del aprendizaje virtual.  

Además, como casi el 68 por ciento de los estudiantes de DPS reúnen requisitos para recibir comida gratis o a precio reducido, el hambre podría ser un factor que afecte la habilidad de los estudiantes de tener éxito con el aprendizaje a distancia si los padres o estudiantes mayores sin transporte no pueden llegar a los sitios del distrito donde se distribuye comida para llevar.

Alrededor del estado, abuso o negligencia pueden ser otros factores que no permiten que los niños se conecten al aprendizaje a distancia, dijo Franklyn Ortega, sargento de policía en Pueblo. Pero ayudar a esos niños quizás sea más difícil porque no hay nadie para reportar el maltrato. En Pueblo, el número de llamadas por abuso infantil disminuyó el 17 por ciento desde que la pandemia empezó.  

“Probablemente haya un aumento de [casos] de abuso y negligencia infantil, ¿pero quién los reportará?” Ortega dijo. “La persona que lo está haciendo vive en la misma casa, y ella no será quien llame”.  

Michael Hernandez, un maestro en East High School en Denver, registró dos ausencias en su clase de geografía de primer año el primer día, y su plan era contactar más tarde a ambos estudiantes. Uno no se presentó y otro inició sesión y luego se desconectó después de dos minutos.  

Pero Hernandez recibió información sobre otro problema que, sin el apoyo de la escuela, puede presentar un obstáculo para el aprendizaje a distancia de una estudiante. Una estudiante nueva de primer año, que vive con su abuela, sintió mucho miedo y timidez de encender el video de su computadora o activar su micrófono, dijo.

“Podía ver su ícono en la pantalla así que sabía que estaba ahí”, Hernandez dijo. “Sabíamos que estaba participando y parecía estar escuchando… pero no quería interactuar”.  

Después de la clase, Hernandez se comunicó con la abuela de la estudiante, quien dijo que la niña sabe cómo usar la computadora pero es “súper tímida y no quería que nadie la viera o escuchara su voz”, Hernandez dijo. “La animamos para que siguiera asistiendo y nos enfocaremos en la próxima clase y la clase después de esa; una clase a la vez”.

Para intentar que los estudiantes se mantengan conectados y participando y no se retrasen en sus estudios, controlar la asistencia y monitorear el absentismo serán elementos cruciales de cada día del aprendizaje virtual en DPS, Elias dijo. En la primavera, no se controló la asistencia con constancia y no se monitoreó la participación de los estudiantes.

“Estamos poniendo nuestra mirada virtual en los niños en nuestras clases a distancia… para que estén donde deben estar”, Elias dijo.  

Los estudiantes que falten a clases recibirán una llamada de representantes de la escuela y hasta visitas en persona en su hogar, de ser necesario. Si los estudiantes todavía no cuentan con las herramientas básicas para estudiar, visitantes a domicilio traerán materiales, computadoras y una lección sobre cómo usarlos. Para los estudiantes con problemas para conectarse a internet, DPS compró hotspots con la esperanza de asegurar que todos se puedan conectar de forma inalámbrica.

“Aumentaremos nuestras intervenciones a partir de ahí, porque lo que menos queremos que pase es que se retrasen y sea más difícil que nuestros niños participen este año”, Elias dijo.  

Antes de la pandemia, los estudiantes faltaron bastante a clases debido a varias razones. Mientras que no existen datos específicos sobre Colorado, los estudios nacionales muestran que condiciones agudas y crónicas de salud, como el asma, la diabetes, los problemas dentales, las discapacidades y las condiciones de salud mental, como la ansiedad, se relacionan con el absentismo escolar excesivo. Los estudiantes negros, hispanos e indoamericanos con bajos recursos se ven desproporcionadamente afectados, junto con los niños que se sienten inseguros, según dice el Departamento de Educación de EE. UU.

Un estudio publicado en 2017 por investigadores de la Universidad de Colorado y del Hospital de Niños de Colorado concluyó que ser testigo de o sufrir violencia en el vecindario se “relaciona claramente con el absentismo crónico”.

En comunidades rurales, la falta de computadoras y problemas con la conexión a internet pueden causar que los estudiantes enfrenten dificultades para mantenerse al día. Una falta de computadoras en las escuelas del Valle de San Luis dejó a cientos de estudiantes sin su principal herramienta de aprendizaje el primer día de clases, sin ninguna garantía de cuándo recibirían más.

En el Distrito Escolar de Alamosa, el más grande del Valle, solo 650 de los 2,300 estudiantes lograron iniciar sesión el primer día de clases el 24 de agosto, dijo Luke Yoder, director ejecutivo del Centro para Programas Reparadores con base en Alamosa. El centro trabaja con los 14 distritos escolares del Valle para reducir la alta tasa de ausencias injustificadas y evitar que los estudiantes terminen involucrados con el sistema de justicia juvenil. La tasa de absentismo crónico del distrito se ha mantenido en 22 por ciento aproximadamente.

“Uno de los desafíos que estamos observando es que las escuelas no tienen el equipo suficiente para ofrecer enseñanza intensiva a distancia”, Yoder dijo. “Como que están construyendo el avión mientras vuelan. La realidad es que no existe la infraestructura y todos están teniendo dificultades para crearla”.

No se espera que la asistencia sea constante en las clases virtuales, aun después de que se distribuyan las computadoras y los hotspots, porque muchos estudiantes “no tienen la infraestructura en el hogar para ayudarlos a triunfar”, Yoder dijo. “Esto resulta en niños que se retrasan; esa será la realidad este año escolar, y dependerá de las escuelas si pueden minimizar y mitigar eso”.

Las escuelas en el Valle de San Luis tienen programado regresar a la enseñanza en persona con horarios escalonados hasta mediados de septiembre. Quienes quieran seguir tomando clases a distancia podrán hacerlo, pero no se garantiza que tengan acceso a computadoras ni a conexión a internet.  

La Escuela Creede, anidada en las montañas de San Juan en el sudoeste de Colorado, se abrió camino por sí sola este año escolar con un aprendizaje combinado. La mayoría de los 85 estudiantes están asistiendo en persona, sentados frente a una computadora mientras las clases se realizan en vivo usando la tecnología GoGuardian, con un puñado de estudiantes que se conectan a las clases en vivo desde sus hogares.

Creede es una escuela pequeña con un gran problema de absentismo crónico. Durante el año escolar 2018-19, 42 de sus 95 estudiantes se ausentaron crónicamente. Eso es el 44 por ciento de los estudiantes inscritos, quienes en su mayoría son blancos y reúnen requisitos para el programa federal de comida gratis o a precio reducido.

Ya que no se había reportado ningún caso del coronavirus en el Condado de Mineral durante por lo menos un mes, el director John Goss no dudó en regresar a la enseñanza en persona. “Este es el lugar más seguro que te puedas imaginar”, Goss dijo. Entre las clases en persona y a distancia, solo un estudiante se ausentó, un estudiante de penúltimo grado que trabaja a distancia, dijo Goss, y espera convencer al estudiante para que regrese al salón de clases.  

En caso de que haya un brote del coronavirus, o que el Gobernador ordene el cierre de las escuelas, “no será difícil para nosotros modificar lo que estamos haciendo ahora y hacer todo el aprendizaje a distancia”, Goss dijo. “Podremos dar clases de la misma manera”.

Mientras el Valle de San Luis enfrenta dificultades con la conexión a internet, Goss dijo que usó dinero de un subsidio para comprar computadoras para cada estudiante y pagarle a la compañía local de cable para que instalara cables de fibra óptica, tanto para la escuela como para las estudiantes que asisten a distancia.

“La idea de que los niños pobres no pueden asistir a la escuela porque no tienen dinero para una computadora ni para su [conexión] inalámbrica, bueno, acabamos de proporcionarles todo eso”, Goss dijo. “Ahora todos están conectados”.  

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La primavera pasada, las escuelas crearon una mezcla desordenada de opciones para pasar lista. A los estudiantes los marcaron presentes si iniciaban sesión en un portal virtual, entregaban una tarea o hablaban con un maestro. Pero ninguna de esas estrategias realmente controló si los estudiantes estaban participando, aprendiendo o retrasándose.

Un riesgo de esa falta de continuidad para pasar lista es que los educadores, líderes del distrito y otros no tienen acceso a una perspectiva completa de qué estudiantes se están retrasando conforme el coronavirus continúa trastornando la vida escolar diaria, dijo Chang, de Attendance Works. Sin esos datos, las escuelas no pueden tomar medidas para asegurar una oportunidad igualitaria en el aprendizaje, señaló.

A los estudiantes de Doull les pidieron que vieran videos grabados. “Se confió en que los niños asistieran por su cuenta, pero realmente no se controló [la asistencia]”, Carrigan dijo. Alrededor de 50 estudiantes en todos los grados “no participaron continuamente”.  

En DPS, la asistencia diaria promedio entre el 13 de marzo (cuando se cerraron las escuelas) y el 29 de mayo (el último día de clases) disminuyó aproximadamente el 4 por ciento, o cerca de 4,000 estudiantes, ya que muchos estudiantes tomaron su propio rumbo, Elias dijo. Ese es un cálculo aproximado, dados los diversos métodos usados para controlar la asistencia de los estudiantes. El distrito perdió el rastro de 67 estudiantes, dijo.

En East High School, Hernandez dijo que aproximadamente el 40 por ciento de los estudiantes, entre primer y último año, en sus clases de sociología y geografía avanzada “tuvieron dificultades para asistir” la primavera pasada. Durante el año escolar 2018-19, East registró una tasa de absentismo crónico entre el 40 y el 49 por ciento de sus 2,600 estudiantes.

Varios estudiantes con promedio de “A” y buen nivel de asistencia no se tomaron la molestia de completar el año, Hernandez dijo. Pero otros estudiantes también se alejaron. Un estudiante dejó de asistir porque encontró un trabajo durante el día después de que sus padres perdieran los suyos debido a la pandemia.

Maud Olsthoorn dijo que su hija de 12 años, quien estaba en sexto grado en la Escuela Secundaria Merrill en Denver, fue una de las estudiantes que dejó la escuela en la primavera antes de completar el año escolar. Antes de la pandemia, la tasa de absentismo crónico en Merrill era del 20 al 29 por ciento.

Los cursos del aprendizaje a distancia que la escuela asignó incluyeron ver videos y hacer tarea más adecuada para estudiantes mayores, Olsthoorn dijo. “Fueron en su mayoría [diapositivas] de PowerPoint. Los videos no nos parecieron útiles y mi hija no aprendió nada”, dijo.  

Con la frustración y los casos de COVID-19 en aumento, Olsthoorn y su familia empacaron los libros de la escuela y se fueron del estado, permitiendo que si hija faltara a sus dos últimos meses de clases a distancia, y optaron por la educación en casa.

Ahora, con su hija en séptimo grado, Olsthoorn dijo que el primer día de clases virtuales se desarrolló sin problemas.

“Fue una clase pequeña e hicieron un buen trabajo”, dijo. “Mi hija no tenía muchas ganas de estudiar a distancia, pero le pregunté si su primer día de clases en línea la motivó un poco más y contestó, ‘sí, un poco’”.

Sin embargo a Olsthoorn le preocupa que, conforme pasen los días, su hija se distraiga sentada frente a la computadora por cinco horas al día. Aunque las clases sean en vivo, también le preocupa que su hija no reciba la misma enseñanza que recibiría si estuviera yendo a la escuela en persona.

“Siento que están reduciendo la cantidad de trabajo [escolar]”, Olsthoorn dijo. ¿Le preocupa que su hija se retrase en la escuela? “Sí, creo que sí”, dijo.

Julie C. Martinez
Escritor/Periodista
Denver, Colorado