2020-02-13
Story

Demetra Seriki, izq., la única partera negra que atiende durante nacimientos en el hogar en Colorado, con Lance y Debrisha Flagg y su bebé recién nacida durante una consulta.  

Fotografías de Joe Mahoney/enviado especial de The Colorado Trust

Por Kristin Jones

Los bebés eran la especialidad de la doctora Justina Ford.

La primera médica negra en Colorado, hija de una exesclava, recibió su licencia para ejercer la medicina en el estado en 1902. Y aunque le negaron el privilegio de trabajar en hospitales por mucho tiempo, hizo buen uso de esa licencia hasta su muerte en 1952.

Ford estuvo atendió los partos de toda una generación de personas negras e inmigrantes en Colorado. Los recuerdos de algunas de estas personas aparecen en la parte de atrás del libro Justina Lorena Ford, M.D.: Colorado’s First Black Woman Doctor (“Dra. Justina Lorena Ford: la primera doctora negra de Colorado”), escrito por Wallace Yvonne Tollette para adultos jóvenes.

En una de las entrevistas que aparecen en ese libro, Juliana Torres, nacida bajo la atención de Ford en 1941, recuerda cuando la médica estuvo a cargo de los partos de sus hermanos menores en su casa, donde ahora se encuentra el campus de Auraria en Denver:

“La doctora Ford se quedaba durante dos días o cuatro o el tiempo necesario. Dormía en el sofá. Tenía tanta paciencia y era realmente una dama. Siempre usaba vestidos y un delantal con bolsillos, con su pelo amarrado en un chongo. A veces venía en un taxi amarillo. El cargo que cobraba por atender el parto era de $15 o $20.”

Ford, quien estudió homeopatía en Hering Medical College, usó lo que ahora llamaríamos un método holístico de atención. Doris Ridge Todd, a quien Tollette entrevistó en 2005, dijo que consideraba a Ford como “una partera y no una doctora en parte porque siempre atendía nuestras necesidades médicas en nuestro hogar”.

Como médica, Ford fue una pionera. Sin embargo, en otros aspectos, fue la última de su tipo.

En los años durante los cuales Ford ejerció la medicina, las circunstancias del parto cambiaron drásticamente para la mayoría de la gente en Estados Unidos. El tipo de partos que Ford atendió en los hogares de la gente, en su momento algo común, se convirtió en algo muy inusual. Los partos pasaron a ocurrir en hospitales, casi en su totalidad.

Pero los beneficios de los avances tecnológicos en la medicina desde la época de Ford nunca se extendieron totalmente a las personas de color.  

En la actualidad, más del 98 por ciento de los partos en EE. UU. y el 97 por ciento de los partos en Colorado ocurren en hospitales. Sin embargo, los resultados para madres y bebés figuran entre los peores de cualquier país con altos recursos. Para las familias afroamericanas e indígenas en especial, los resultados se parecen más a los de aquellos en países mucho más pobres.

La cantidad de muertes relacionadas con el parto entre madres negras e indígenas en EE. UU. es mayor que entre madres en Tayikistán, en donde el producto interno bruto anual es un poco más de $800. La tasa de mortalidad infantil afroamericana en este país es igual al de Libia.

“El pequeño secreto sucio es que estas personas se están muriendo en nuestros hospitales, los cuales deberían ser nuestros lugares más seguros”, dijo Monica McLemore, PhD. McLemore trabaja en la Universidad de California en San Francisco e investiga la conexión entre los cuidados maternos y el aspecto racial.  

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades dicen que existen pasos que los proveedores, hospitales y estados, además de las comunidades y familias, pueden dar para prevenir que madres mueran. Estos pasos incluyen, desde ayudar a las pacientes a controlar condiciones crónicas, hasta asegurar que los partos de alto riesgo ocurran en hospitales con equipo y proveedores médicos especializados. Gran parte de los esfuerzos prácticos en el país se han enfocado en mejorar los métodos en clínicas y hospitales.

Al mismo tiempo, un grupo pequeño pero determinado de personas de color en Colorado y otros estados creen que los hospitales son inherentemente peligrosos para ellas: que los resultados serían mejores si más partos ocurrieran en hogares, como ocurrieron para los pacientes de la doctora Ford.  

¿Será que tengan razón?

Una heredera espiritual

Ahora hay más médicos negros trabajando en Colorado que durante la época de Ford, aunque no tantos como esperarías ya que más de un siglo ha pasado desde que ella empezó a trabajar. De los más de 14,000 médicos practicantes en Colorado actualmente, la Colaborativa de Salud Negra de Colorado solo logra contar 91 médicos negros. De los 253 estudiantes que se graduaron de la facultad de medicina en 2016 en el estado, solo tres son negros, según datos de la Asociación Americana de Universidades de Medicina.

Si estás buscando un médico negro para que atienda el parto de tu bebé, tus opciones son escasas. Y si estás buscando a una persona negra que haga lo que la doctora Ford hizo, es decir, presentarse en tu casa, tomar té con tu familia, dormir la siesta en el sofá y recibir al bebé, solo hay una persona que hace eso en el estado.

Detrás de una puerta en un modesto edificio de oficinas en la zona este de Colorado Springs hay una agencia de partería llamada “A Mother’s Choice”. Demetra Seriki, la única partera negra en Colorado que ofrece servicios a domicilio, administra la agencia.

Seriki, conocida como Mimi entre sus clientes, se interesó por la partería gracias a su propia experiencia dando a luz y estando presente en los partos de sus amigas. Está convencida de que el sistema de salud les está fallando a la madres negras y quiere mejorar la experiencia de quienes la buscan.

“Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora, no hubiera tenido cinco hijos”, Seriki dijo. “Cada vez que entras en un hospital como mujer negra para dar a luz, estás tirando los dados”.

Seriki educa a sus clientes sobre sus opciones de atención, aunque el parto en su hogar no sea una de esas opciones. Durante las citas largas que ofrece, les ayuda a identificar síntomas tempranos que podrían indicar riesgos y guía a sus pacientes para que obtengan cuidados necesarios para cambiar su alimentación, tomar suplementos o ver a un proveedor médico.

La filosofía de Seriki se resume en un par de principios básicos, dijo: “Tratar a las personas negras como seres humanos. Callarte la boca por cinco minutos. Creerles a las personas negras cuando dicen, ‘Esto es un problema’”.

Debrisha y Lance Flagg viven en Pueblo, a 45 minutos en automóvil al sur de aquí. Cuando Debrisha se embarazó de su primera hija en 2017, encontró a Seriki haciendo una búsqueda de parteras negras.  

“Nadie más lograba entender mi estilo de vida, la manera como vivo, nuestras inquietudes”, Debrisha dijo.  

También sabían que querían tener el parto en su hogar, convencidos de que el hospital no era un lugar seguro. Lance nació en un hospital y sufrió lesiones con los fórceps del doctor. El daño a sus nervios nunca sanó.

Algunas opciones para aliviar el dolor, como el epidural, solo están disponibles en hospitales. Pero Debrisha no le tenía miedo al dolor.

“Pasé todo mi embarazo diciéndome a mí misma que mi cuerpo fue hecho para esto. Y, honestamente, Mimi también me ayudó mucho con eso. Cada vez que veníamos, me decía: ‘Está bien, esto es natural’”, Debrisha dijo. “Las mujeres negras han estado practicando la partería por siglos. Así que no estaba muy preocupada. Sabía que estaba en buenas manos”.

Al final, Seriki no pudo estar presente en el parto; se estaba recuperando de una cirugía. Pero su socia en A Mother’s Choice, Stephanie Sibert, atendió el parto y la familia Flagg decidió que si Seriki confiaba en ella, ellos también lo harían. Sibert terminó siendo una buena partera y se quedó durante el nacimiento y hasta la noche después para asegurar que Debrisha estuviera bien.

Dolió, por supuesto. Al principio, Debrisha caminó afuera, hablando y riéndose. Y luego ya no. El trabajo de parto duró bastante, con una horrible presión por la cabeza de la bebé. ¿Y realmente solo pujó por 15 minutos? Se sintió como una hora y media.  

Pero luego nació la bebé Israel y, cuando Debrisha la miró a los ojos, “Me derretí”. La bebé era idéntica a su padre.

Dos semanas después, Lance, radiante, mostró un video de su bebé deslizándose en una tina con agua. Durante una visita relajada con sus dos parteras, los Flagg platicaron sobre cómo se había estado sintiendo Debrisha desde que Israel naciera, cómo le estaba yendo con la lactancia y cómo estaba la bebé. Seriki abrazo a la bebé, quien la miró asombrada en silencio.

La pareja no cambiaría nada del nacimiento de su hija.

La partería antigua y nueva

Alguna vez, el parto en el hogar era el único tipo de nacimiento.

A partir de los años 1800, los médicos, la mayoría de ellos blancos y hombres, se abrieron camino a la fuerza en un territorio que hasta entonces le había pertenecido solo a las mujeres, incluidas mujeres indígenas, inmigrantes y esclavas, como la madre de Ford.

La reducción en el uso de parteras es una historia sobre “la profesión médica estadounidense vigilando los límites de su profesión”, dijo Indra Lusero, unx abogadx con base en Denver que promueve la justicia reproductiva y ha estudiado la historia de la partería en Colorado y a nivel nacional.

Porque la obstétrica era un campo relativamente nuevo para los médicos, muchos de esos doctores no tenían experiencia. (Algunos era directamente crueles. J. Marion Sims, conocido como pionero en el campo de la ginecología, hizo experimentos en mujeres esclavizadas y las sometió a cirugías ginecológicas atroces sin anestesia.)

La partería se dejó de lado y finalmente se prohibió. En Colorado, las parteras se vieron obligadas a solicitar licencias por primera vez en 1915 y se les prohibió usar los mismos medicamentes y herramientas que los médicos usaban, según estudios realizados por la socióloga Patricia Tjaden. Para 1941, la legislatura de Colorado aprobó una ley que dejó de emitir nuevas licencias a las parteras, lo que básicamente hizo que la partería fuera ilegal.

Al mismo tiempo, conforme el sistema de salud se estableció y formalizó en Estados Unidos, los partos pasaron a realizarse en su mayoría en hospitales. Para 1935, cerca del 37 por ciento de los partos en EE. UU. sucedían en hospitales. Para 1960, el 97 por ciento de los partos se realizaban en hospitales.

Durante la etapa inicial de esta transición, las muertes durante el parto en EE. UU. de hecho aumentaron; acabaron progresivamente con las vidas de más madres hasta los años 1930. Era casi dos veces más probable que las mujeres de color murieran que las mujeres blancas.

La septicemia era la causa principal de muerte. Los hospitales estaban llenos de infecciones. Irvine Loudon, un médico británico e historiados líder de la mortalidad materna en Europa y EE. UU. hasta su muerte en 2015, describió el método de esterilización que los médicos usaban durante este periodo como casual.

“La evidencia sugiere que entre 1870 y 1935, era usualmente más seguro nacer en tu hogar a manos de una partera bien capacitada que en un hospital con un doctor”, según encontraron los estudios de Loudon. Tales tendencias eran similares en muchos países desarrollados durante esa época.  

Las parteras terminaron ganando otra vez el derecho de atender partos en Colorado y el resto del país, pero con limitaciones importantes.  

En 1977, se aprobó una ley estatal que permitió a parteras-enfermeras certificadas, es decir, enfermeras con licencia y capacitación y certificaciones adicionales, practicar bajo la supervisión de un médico. Más tarde ese mismo año, en Aspen, Linda Vieira se convirtió en la primera partera-enfermera certificada en atender un parto en Colorado. La Universidad de Colorado inauguró su práctica de partería el siguiente año y, para finales de los años 80, Medicaid estaba reembolsando completamente los partos atendidos por parteras-enfermeras certificadas.

Pero para las parteras dedicadas a atender partos en el hogar, la historia fue diferente; esta práctica siguió siendo ilegal. En 1991, la Corte Suprema de Colorado escuchó el caso de Jean Rosburg y Barbara Parker, dos parteras que ofrecían servicios a domicilio a quienes demandaron por practicar la partería sin licencia. Las dos argumentaron que la ley violaba la privacidad de las mujeres embarazadas al interferir en sus opciones para dar a luz. Perdieron su caso.

Sin embargo, en 1993, la ley de Colorado se cambió para permitir los servicios de partería en el hogar.

La cantidad de personas que dan a luz en su hogar sigue siendo pequeña. En Colorado, solo 1,040 bebés nacieron en su hogar en 2017, entre un total de 64,382 nacimientos. Además, el 10 por ciento de esos partos en el hogar no se planearon así.

¿Es seguro?

En la comunidad médica, se debate considerablemente sobre si lo que Seriki y otras parteras que atienden partos en el hogar hacen es algo seguro.  

Hay muy pocos estudios aleatorios y controlados que comparan los nacimientos planeados en el hogar con los nacimientos planeados en un hospital. Una razón que se menciona frecuentemente es que las personas son reacias a permitir que un investigador decida dónde deben tener a sus bebés; quieren tomar esa decisión por sí mismas.

Al señalar estas limitaciones, el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos dijo que cree que los hospitales y centros de parto son los lugares más seguros para dar a luz.

Aunque los nacimientos planeados en el hogar están asociados con menos intervenciones que los nacimientos en hospitales, la organización dijo que también están asociados con un riesgo dos veces mayor de muerte perinatal (es decir, partos donde el bebé nace muerto o muere en su primera semana de vida). También están asociados con un riesgo tres veces mayor de ataques epilépticos o disfunción neurológica grave entre los recién nacidos.

Algunas de estas diferencias desaparecen afuera de nuestras fronteras. En países en donde el parto en el hogar sucede dentro de “sistemas de salud firmemente regulados e integrados, con la atención de parteras con licencia altamente capacitadas con acceso fácil a consultas y transporte seguro y oportuno a hospitales”, los resultados son mucho mejores, la organización señaló.  

Una examinación sistemática y un metaanálisis recientemente publicados en The Lancet, que incorporó mayormente estudios grandes en lugares donde la partería está bien establecida (incluidos Gran Bretaña y Holanda), no encontró diferencia alguna en la mortalidad infantil de los partos planeados en el hogar y los partos planeados en un hospital entre mujeres con embarazos de bajo riesgo. (No existe una definición universal del concepto “bajo riesgo”, pero las condiciones que pueden aumentar el riesgo incluyen problemas médicos como la hipertensión crónica, la diabetes o las enfermedades cardíacas, al igual que el embarazo múltiple o con un bebé volteado (pies primero). La mayoría de los embarazos son de bajo riesgo.)

Otra examinación sistémica de partos de bajo riesgo en países con altos ingresos encontró que las madres enfrentaron menos riesgos de trauma perineal grave y hemorragias cuando dieron a luz en el hogar, en comparación con un hospital.

De hecho, las pautas nacionales en Gran Bretaña recomiendan que las personas con embarazos sin complicaciones den a luz en su hogar o en un centro de partos, con la atención de una partera. Las pautas británicas señalan que la tasa de intervenciones médicas es mayor bajo la atención de médicos en hospitales, mientras que los resultados son comparables.

Sin embargo, el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos advierte que no se deben tomar decisiones sobre un parto en Estados Unidos con base en lo que funciona en otros países. Los estudios en el extranjero “no pueden generalizarse a muchos lugares donde se da a luz en Estados Unidos, en donde tales sistemas integrados son insuficientes”, la organización dijo.

Falta de servicios integrados

Hasta dentro de EE. UU., existen diferencias en lo bien que los partos en el hogar se integran con el sistema médico, según la facilidad con que las parteras tienen acceso a consultas con médicos y hospitales, además del alcance de su práctica.  

Colorado figura más o menos en el medio de la lista de estados en EE. UU. ordenados según su integración de las parteras en general, de acuerdo con la organización Place Lab, la cual compila estudios relacionados con los cuidados maternos. Las parteras-enfermeras, aunque a veces marginadas en el sistema de salud, gozan de protecciones legales y la mayoría de las aseguradoras en Colorado cubren sus servicios.

Pero no cubren los de las parteras que ofrecen servicios a domicilio.

Seriki y Sibert son parteras profesionales certificadas, registradas para atender partos a través de un proceso de educación, examinación y pasantía. Seriki también tiene un título universitario en partería del Colegio de Parteras en Utah. No se requiere que tengan un título en enfermería y no lo tienen.

Colorado no figura entre los 11 estados en donde Medicaid cubre los servicios de las parteras profesionales certificadas. Pocas aseguradoras privadas los cubren. Un obstáculo para las compañías aseguradoras es que las parteras que ofrecen servicios a domicilio no están obligadas a tener (y con frecuencia no pueden pagar los altos costos del) seguro de responsabilidad, dijo Melissa Sexton, presidenta de la Asociación de Parteras de Colorado.

Como imperativa comercial, muchas parteras publicitan sus servicios a clientes capaces de pagar sus tarifas. Pero Seriki y Sibert usan un método diferente y anuncian en su sitio web que ofrecen servicios con descuento a familias que reciben Medicaid, Tricare (el cual ofrece beneficios civiles de salud a integrantes de las fuerzas armadas y sus familias) y a familias sin seguro o sin hogar. Y mientras que las personas que dan a luz en su hogar en Estados Unidos son desproporcionadamente blancas, la clientela de A Mother’s Choice es en su mayoría de color.

“Cuando me comprometí a este trabajo, sabía que a las familias blancas les regalaron la habilidad y el derecho de elegir, mientras que a las familias negras no”, Seriki dijo. “El parto en el hogar es un privilegio. Quería que mi comunidad tuviera la misma oportunidad”.

Ni Seriki ni Sibert se ganan la vida haciendo este trabajo. Seriki administra una compañía de facturación. Sibert entrega pizzas a domicilio.

Junto con las restricciones financieras, hay limitaciones legales y prácticas para ejercer la partería en el hogar, la cual también se conoce como partería de entrada directa. Las parteras que la ejercen tienen prohibido usar ciertos medicamentos y herramientas que están disponibles para los obstetras, los doctores de medicina familiar o las parteras-enfermeras. También pueden enfrentar obstáculos en el acceso a médicos y hospitales si los necesitan.

Mientras que algunos médicos y empleados de hospitales han desarrollado relaciones de colaboración con parteras que ofrecen servicios a domicilio, otros consideran lo que estas hacen como algo peligroso. Esto, a su vez, puede causar dificultades para trabajar juntos, dijo Sexton de la Asociación de Parteras de Colorado.

“Hay un hospital al que nunca regresaré”, dijo Sexton, quien se negó a decir más.

El doctor Johnny Johnson es un obstetra y ginecólogo que pasó gran parte de su carrera profesional atendiendo partos en Rose Medical Center. Johnson empezó a asociarse con parteras que ofrecen servicios en el hogar después de conocer a una durante un turno de guardia en el hospital. La partera había venido con su cliente cuyo trabajo de parto había dejado de progresar. Johnson sintió curiosidad y le preguntó a la madre por qué quería dar a luz en su hogar.

La respuesta tuvo mucho sentido para él: la madre dijo que el nacimiento es una experiencia normal, pero que en el hospital lo tratan como si fuera algo patológico.  

Johnson, quien es afroamericano y nació en su hogar, empezó a asistir a las reuniones de parteras, consultar con sus pacientes y trabajar con ellas como segunda opción si algo salía mal en la casa o necesitaban un parto en el hospital.

Johnson se define a sí mismo como “una partera frustrada” y critica a los médicos que tratan a sus pacientes sin parecerles importar mucho sus objetivos o experiencias, es decir, que siguen las pautas y los protocolos en lugar de a sus pacientes. Critica el número de cesáreas innecesarias que se hacen y del prejuicio demostrado por algunos de sus colegas médicos contra las mujeres de color, las madres que tienen sobrepeso y las familias LGBTQ.

“Entiendo por qué algunos de esos pacientes quieren dar a luz en sus hogares”, Johnson dijo. El hecho de que más mujeres estén eligiendo dar a luz en su hogar no habla muy bien del sistema hospitalario, dijo. “Una mujer afroamericana que encuentra a una buena partera, que tiene un embarazo de bajo riesgo, su hogar quizás sea el lugar ideal”.

Sin embargo, Johnson dijo, su perspectiva hace de él un caso aparte en la comunidad de proveedores médicos.

“El consenso [entre médicos y enfermeras] es, ‘si das a luz en tu hogar, están jugando a la ruleta rusa. Estas arriesgándote y arriesgando a tu bebé y no es justo que si algo sale mal, entonces acudas a mí’”, Johnson dijo. Los médicos y las enfermeras con frecuencia “hablan abiertamente sobre su resentimiento de las personas que dan a luz en el hogar”, agregó.

Johnson, de 70 años de edad, sigue consultando con parteras pero ya no atiende partos en Rose. Sexton dijo que ha sido difícil encontrar a otros médicos con la misma forma de pensar que Johnson.  

El Departamento de Agencias Reguladoras de Colorado, el cual supervisa a las parteras que ofrecen servicios a domicilio, continuamente argumenta que, por razones de seguridad y control de costos, las parteras deberían tener más libertad para ejercer, no menos.

Por ejemplo, en su examinación más reciente de normas que rigen la partería a domicilio en el estado, en 2015, el departamento sostuvo que las parteras deberían poder suturar desgarros perineales de primer y segundo grado, los cuales son muy comunes en el parto en el hogar, y de administrar anestesia local.

En ese entonces, los reguladores señalaron que las parteras que ofrecen servicios en el hogar estaban obligadas a demostrar su aptitud en estas funciones pero no les permitían practicarlas en Colorado. (La legislatura estatal estuvo de acuerdo y esto cambió en 2016.)

“Todas las reglas y regulaciones”, Sexton dijo, “es lo que nos mantienen a nosotros y a nuestros clientes seguros”.  

Falta de respeto y abuso

Lusero, quien usa los pronombres ellxs/de ellxs, dio a luz en su hogar y tuvo una experiencia transformadora. Quiere que esa experiencia esté disponible para más personas. Y cree que las limitaciones en los partos en el hogar están poniendo a las madres primerizas, y especialmente a las personas de color, en riesgo al empujarlas a que vayan a hospitales.

Los riesgos en hospitales, Lusero dijo, no siempre se pueden calcular con estadísticas de mortalidad o lesiones. También hay riesgos de trauma, tanto de la madre como del bebé.  

Las madres primerizas intercambian historias sobre maltratos en hospitales: una enfermera que regañó o descuidó a una madre adolorida; un médico que realizó una episiotomía (una cortada quirúrgica en el perineo durante el parto) o una cesárea sin anestesia adecuada o sin su consentimiento; un bebé a quien se lo llevaron inmediatamente después de nacer sin explicación alguna. Pero investigadores apenas hace poco empezaron a estudiarlos.

Un revolucionario analisis realizado en 2010 por la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional encontró evidencia de falta de respeto y abuso en partos realizados en hospitales alrededor del mundo. Encontró que las mujeres estaban sufriendo abusos físicos, las estaban obligando a recibir intervenciones que no querían, las estaban discriminando por su grupo racial o étnico, las reganaban o abandonaban.

En Estados Unidos, las personas de color enfrentan riesgos singulares. Una encuesta de 2,400 mujeres en EE. UU. encontró que aproximadamente una de cada cinco madres negras e hispanas dijeron que las trataron mal durante su estadía en el hospital debido a su grupo racial o étnico, cultura o idioma. Un poco más de una de cada tres madres hispanas encuestadas dijeron que su proveedor de cuidados maternos fue “completamente confiable”, en comparación con el 50 por ciento de las madres blancas.

Otra encuesta, de más de 2,000 madres en EE. UU. en 2019, encontró que el 27 por ciento de las mujeres de color con un bajo nivel socioeconómico dijeron haber sufrido malos tratos (como la pérdida de su autonomía, que les gritaran o amenizaron o que no les contestaron cuando pidieron ayuda), en comparación con el 19 por ciento de las mujeres blancas con un nivel socioeconómico comparable.  

Los malos tratos durante el parto pueden tener consecuencias perdurables para las madres y sus bebés. Se han relacionado con la depresión posparto y el trastorno de estrés postraumático.

Debido al grado que las personas, y especialmente las personas de color, están sufriendo traumas y maltratos durante el parto, algunos investigadores y defensores han empezado a referirse a estas experiencias con un nombre nuevo: “violencia obstétrica”.  

“Básicamente, es este tipo de falta de respeto y maltrato en el periodo perinatal”, Lusero dijo. “Hay grados [de esta violencia], de la misma forma que los hay con el acoso sexual y el asalto sexual”. Dijo que este tipo de violencia es el mejor argumento a favor de que las personas que quieran dar a luz en su hogar puedan hacerlo.

Hay evidencia de que cuando las personas dan a luz en su hogar, es más probable que sus proveedores médicos las traten con respecto. Casi un tercio de mujeres que dieron a luz en hospitales dijeron que las maltrataron, según la misma encuesta de 2019, en comparación con solo una de cada 20 mujeres que dieron a luz en su hogar.

Maltrato de las mujeres indígenas

Melissa Rose es una mujer mohicana de Akwesasne que se crio en la parte norte del estado de Nueva York y ahora vive en Santa Fe, Nuevo México. Como muchas mujeres indígenas, creció sintiéndose desconectada de muchas de las tradiciones de la gente mayor, incluidas aquellas relacionadas con el parto.

“Nuestra tradición en nuestra comunidad es que siempre hemos tenido parteras. Me crie sabiendo que había parteras y curanderos tradicionales en nuestra sociedad”, Rose dijo. “No tuve acceso a ellos a través del sistema médico”.  

Rose tuvo su primera bebé en la adolescencia, en un hospital militar en Oklahoma.

“Realmente me ignoraron y faltaron al respeto continuamente”, Rose dijo. El personal médico se negó a hablarle directamente, debido a su edad, Rose pensó. Se llevaron a su bebé inmediatamente después de nacer, con pocas explicaciones. “Estuvimos separadas por cuatro horas antes que pudiera verla por primera vez”.

“Después de eso, dije que nunca jamás volvería a tener un bebé en el hospital”.  

Con algunas de las peores tasas de mortalidad materno infantil, y un pasado de negligencia o maltrato a manos del sistema de salud, las mujeres indígenas tienen una razón especial para desconfiar de los hospitales.

Junto con el miedo al maltrato, también hay rituales y otras prácticas culturalmente importantes difíciles o imposibles de realizar en hospitales; prácticas como quemar hierbas sagradas (tabaco, salvia, hierba dulce o cedro) o invitar a los curanderos tradicionales para que canten y toquen los tambores.

Y, hasta ahora, no existe un llamado generalizado en las comunidades indígenas de Colorado para que aumenten los partos en el hogar.  

“No he escuchado de nadie que quisiera tener un parto en su casa”, dijo Shawmarie Tso, una mujer navajo que trabaja en Shining Mountain Health & Wellness en el pueblo de Ignacio, en la reserva Ute sur de Colorado. Ha intentado fomentar el interés en servicios de una doula entre la comunidad de la reserva. (Las doulas ofrecen apoyo y asesoría no médica durante el parto.) “La mayor parte del tiempo, la gente está ansiosa y temerosa de no tener los cuidados si están haciendo algo fuera de lo normal”.

Hay buenas razones para tener precaución. Entre ellas: el gobierno estadounidense tiene una historia continua de separar a los niños indígenas de sus familias. Al mismo tiempo, se ha tratado con fetichismo y castigado a los curanderos tradicionales a lo largo de la historia de EE. UU.

“Si han asesinado, arrestado y se han llevado a tus chamanes y curanderos tradicionales… Si han pasado tres generaciones desde que tuviste a una partera en tu comunidad”, Rose dijo, “si arrestaron a tus chamanes por atenderte, no vas a ir a ellos”.

Un buen nacimiento

Rose, quien trabajó por un tiempo con Seriki en Colorado Springs, es parte de un nuevo movimiento de mujeres indígenas que están tratando de cambiar las cosas. Ahora trabaja como partera que ofrece servicios a domicilio con Changing Woman Initiative, un centro que atiende las necesidades de mujeres indígenas en Nuevo México.

El interés está aumentando: “Estamos aquí en Santa Fe y nos llaman para atender partos en la Nación Navajo a tres horas y media de distancia”, Rose dijo.  

Y para las mujeres indígenas que quieren tener a su bebé en el hogar, a pesar de los obstáculos, el evento significa algo más que no se evalúa en los estudios médicos. Estos nacimientos son sagrados para toda la comunidad, Rose dijo.

“La cosa más recompensante ha sido estar sentada a los pies de estas mujeres mayores que fueron parteras y que nos agradecen por traer de nuevo estas tradiciones a su territorio, para restablecer la relación con la tierra, esos lazos que se rompieron”, Rose dijo.

“Es tan poderoso conectarse de esta manera principal. Estás haciendo lo mismo que tus ancestros hicieron. Estás viendo las mismas cosas que vieron. Estás oliendo lo que olieron. Que esto suceda en el mismo territorio en donde están sus cuerpos, en donde están sus huesos, significa que completaste un ciclo y que el ciclo ya no está roto”.  

Cuando la carrera profesional de Ford llegaba a su fin, la mayoría de los médicos se negaban a ir a los hogares de la gente. A Ford ya no la excluían de practicar la medicina y atendía partos en varios hospitales de Denver. Sin embargo, siguió yendo en taxi a los hogares de personas y quedándose ahí hasta que ya no la necesitaran más.

Hay muy pocos documentos sobre Ford durante su vida o interés aparente en ella de los medios. Solo una entrevista sobrevive en los archivos de la biblioteca de Denver, una conversación sobre una gran variedad temas en un artículo en Negro Digest casi al final de su vida. Entre otros temas, se habló de por qué Ford siguió atendiendo partos de bebés en hogares, aunque el resto del mundo ya no lo hacía.

“Sin embargo había un pequeño listo para entrar en escena y alguien tenía que traerlo [al mundo], ¡y por qué no yo!” Ford dijo.

Ford era médica, por supuesto, pero era mucho más que eso: era la hija de su madre. Aunque otros ridiculizaban las tradiciones de cuidados comunitarios heredadas de generación en generación de mujeres negras e inmigrantes, Ford no lo hizo. Las historias que sobreviven sobre su vida sugieren que integró su experiencia en su práctica, al mismo tiempo que llevaba sus conocimientos médicos al hogar. 

Quizás es hora de que nuestro sistema de salud la imite. 

 Historia relacionada: La partería en Colorado se enfrenta a un encrucijada

 

Kristin Jones
Director Adjunto de Comunicaciones
The Colorado Trust