2019-07-16
Story

Nicole LeSavoy y sus hijos, Celia de 10 meses e Ivan de tres años, juegan en el recientemente renovado Westwood Park en Denver (julio de 2019).

Joe Mahoney/enviado especial para The Colorado Trust

Por Rachel Cernansky

Nicole LeSavoy pasa mucho tiempo en Westwood Park. Ubicado directamente enfrente de su casa, el parque se ha convertido en una parte indispensable de su vida diaria como mamá. Si se da cuenta de que sus hijos, Ivan de tres años y Celia de 10 meses, tienen demasiada energía contenida, una rápida visita al parque es “algo que puedo sacarme de la manga”, LeSavoy dice. “Si tengo que preparar la cena en 30 minutos, digo, ‘Listo, vamos al parque por 30 minutos, me estoy volviendo loca’”.  

Pero el parque, en su condición actual, se abrió solo a finales del verano pasado, después de pasar por un proceso extenso de renovaciones. Por muchos años, a pesar de ser el único parque cercano, en un vecindario con más niños que cualquier otro vecindario de Denver, estaba virtualmente vacío la mayor parte del tiempo. Algunas familias no se sentían seguras yendo ahí.

“Recibíamos llamadas sobre grafiti, problemas con las personas sin hogar, problemas de drogas, actividades de pandillas”, dice Jesus Orrantia, asistente de Paul Lopez, exintegrante del Consejo de la Ciudad de Denver (y actual secretario municipal), cuyo distrito incluía a Westwood.

Solo después de una importante iniciativa comunitaria y el apoyo de Lopez, entre otros factores, el vecindario terminó teniendo dos parques que ahora son unas joyas para la comunidad: Westwood Park se renovó y el parque Cuatro Vientos se inauguró en 2014.

Sin embargo no es suficiente; muchos residentes de Westwood tienen que caminar más de 10 minutos para llegar a un parque, el objetivo que estableció la organización Trust for Public Land, la cual se dedica a promover un mayor acceso a parques. (La organización nacional no lucrativa acaba de publicar su clasificación de ciudades en 2019 según la calidad y el acceso a parques; Denver no está a la cabeza.) Pero los dos parques que se agregaron en Westwood, un vecindario donde principalmente viven personas hispanas y con bajos ingresos, han marcado una gran diferencia para los residentes que los usan.

En ciudades a lo largo de Estados Unidos, las personas que viven en vecindarios con una mayor población blanca y acaudalada con frecuencia tienen mayor acceso a parques que aquellas que viven en comunidades de color y con bajos ingresos.

El acceso a parques no solo fortalece la composición social de una comunidad y la habilidad de los niños de participar en suficientes actividades físicas. También contribuye a la seguridad del vecindario, la salud mental y el bienestar de sus habitantes, y afecta otros determinantes sociales de la salud.

Jeremy Németh, profesor adjunto de planificación urbana y regional con la Universidad de Colorado en Denver, y Alessandro Rigolon de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign estudiaron la historia de Denver y encontraron que un pasado de discriminación racial en la vivienda y otros servicios de la ciudad es una causa principal de la inequidad que hoy existe entre quiénes y quiénes no tienen acceso a parques.

Políticas históricas han tenido consecuencias fundamentales que son difíciles, sino imposibles, de borrar. Y las desigualdades en la distribución de fondos y espacios verdes  siguen existiendo, señalaron en un estudio publicado el año pasado en la Revista de Educación y Estudios sobre Planificación (Journal of Planning Education and Research).

“Estamos viviendo con el legado de un siglo de decisiones racistas y discriminatorias”, Németh dice. “Es muy, muy difícil liberarnos de un siglo de decisiones racistas”.

En su estudio, Németh y Rigolon encontraron que tres periodos principales en la historia de Denver tuvieron cada uno consecuencias amplificadas por los otros: el periodo de la “Ciudad bella y el nuevo trato”, entre 1902 y 1945; el cambio hacia la suburbanización que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1946 y 1982; y, el “renacimiento urbano” que empezó en 1983 y continúa hasta ahora.

Durante los primeros años en la historia de Denver, los autores escriben, existieron esfuerzos considerables para establecer parques, pero también una discriminación profunda contra las personas afroamericanas. Políticas y prácticas como el redlining y la zonificación excluyente cerca de parques grandes que, por ejemplo, prohibían la existencia de todo lo que no fuera una casa unifamiliar en terrenos grandes rodeando los parques, mantuvo alejadas de los parques a las comunidades negras desde un principio.

Luego vino la suburbanización, en la cual las comunidades blancas huyeron de los centros urbanos mientras que las comunidades negras y latinas se quedaron. “La gente blanca se fue a los suburbios, y todo el dinero y las inversiones se fueron con ellas”. Németh dice. Varias prácticas y políticas relacionadas terminarían influyendo en la composición de los vecindarios, explica. Los agentes de bienes raíces, por ejemplo, ayudaron a prevenir la integración racial al guiar a sus clientes hacia ciertas comunidades.

“Realmente no solo se relaciona con los lugares donde ponemos parques. También tiene que ver con dónde ponemos a las personas”, Németh dice. “La razón por la cual observamos mucha de esta inequidad, esta injusticia básicamente, en donde las personas que necesitan parques no tienen parques es porque… las relegamos a vecindarios carentes de parques”.

Después, la década de 1980 inició una oleada de renovaciones urbanas que dieron lugar a que la gente regresara de los suburbios, en muchos casos desplazando involuntariamente a los residentes con bajos ingresos que habían estado ahí todo ese tiempo. Los alcaldes de Denver (empezando con Federico Peña, el primer alcalde hispano de la ciudad) y sus administraciones invirtieron en estas reurbanizaciones a través de varios proyectos, incluidos parques y escuelas nuevos, Coors Field en el centro y, con el tiempo, un sistema de tren ligero y otros desarrollos y amenidades públicas.

Sin embargo, Németh y Rigolon sostienen que estos desarrollos se planificaron con la economía en mente, en vez de tomar en cuenta objetivos de equidad. La ciudad respaldó el desarrollo de algunos parques para cubrir ciertas diferencias, escriben, pero no creó políticas sólidas de vivienda asequible para suplementar ese desarrollo.

El estudio menciona a los vecindarios de Stapleton, Lowry, Riverfront Park y Union Station como ejemplos de esto: “Nuevos espacios verdes ubicados en estos vecindarios se han usado como herramientas de mercadotecnia urbana para atraer a nuevos residentes y aumentar los ingresos por impuestos a la propiedad para la ciudad”. Los investigadores sugieren que, como la ciudad no financió adecuadamente, ni exigió de las compañías constructoras, la construcción de viviendas realmente asequibles para los habitantes de Denver con menores ingresos, los nuevos parques terminaron fuera del alcance de muchos de esos habitantes.

“Como parte de esfuerzos coordinados para atraer otra vez a la ciudad a personas pudientes, casi todas las construcciones en estos nuevos desarrollos [han estado disponibles] a precio de mercado o [a un precio] superior. Por lo tanto, casi todos los parques grandes construidos entre 1990 y 2015 están ubicados en vecindarios actualmente pudientes y en su mayoría blancos”, los autores escriben.

(La oficina del alcalde Michael Hancock no respondió antes de publicarse este artículo a solicitudes repetidas para ofrecer comentarios. Pero Hancock ha dicho antes que la equidad es uno de sus objetivos y que “debe ser un valor que se ponga en práctica en todo lo que hagamos como ciudad”. También ha dicho que la vivienda asequible es una prioridad principal de su administración, particularmente con la ciudad creciendo tan rápido como ahora.)

En noviembre de 2018, los votantes en Denver aprobaron un impuesto sobre la venta a fin de recaudar casi $46 millones al año para que la ciudad adquiera nuevos parques, senderos y espacios abiertos y mantenga los que ya existen. Scott Gilmore, subdirector ejecutivo del departamento de Parques y Actividades recreativas de Denver, dice que el enfoque de la ciudad es trabajar para que todos tengan acceso a un parque a un máximo de 10 minutos de distancia caminando. Pero, ¿los parques nuevos en lugares con poco acceso a espacios verdes acelerarán la gentrificación? Eso es lo que temen algunos vecindarios.

Por ejemplo, actualmente se está planificando poner un parque en North Park Hill, un vecindario predominantemente negro y carente de parques. Pero quienes trabajan en defensa de la comunidad temen que el nuevo parque empeore la gentrificación que ya está sucediendo en el área. El objetivo no es ese, pero Gilmore dice: “No puedo controlarlo. Mi trabajo es crear el mejor parque posible”, agrega.

“Todo Denver se está gentrificando y se necesita hacer más con la vivienda asequible”, dice Rachel Cleaves Dahlke, consultora especializada en el desarrollo comunitario y exdirectora de Westwood Unidos, una organización local no lucrativa. “Los vecindarios necesitan una solución integral para mejorar la calidad de vida, mientras se ayuda a las personas para que permanezcan en sus hogares”.

Una idea que Németh y Rigolon proponen en su estudio es que otros departamentos de la ciudad involucrados en la planificación del uso de tierras, incluidos los departamentos de transporte y vivienda, participen y colaboren más con los parques. Otra idea es simplemente ser más creativos para encontrar lugares en donde se puedan desarrollar parques y en su diseño: cerrar intersecciones para construir “parques de bolsillo” (o miniparques) o construir parques lineales a lo largo de calles o ríos. (Denver ya tiene parques a lo largo de ríos, como junto a partes de Cherry Creek y South Platte River; y, en el medio de calles como East 7th Avenue Parkway, East 17th Avenue Parkway y Monaco Boulevard). Estas estrategias podrían ser útiles para mejorar el acceso a parques en cualquier área con espacio limitado, quizás especialmente en vecindarios marginados, dadas las limitaciones de recursos en la ciudad.

Cualquier solución probablemente necesite de una importante inversión de tiempo y energía de las agencias municipales, al igual que de las comunidades mismas.  

“Nuestro país se basó en proveerles a los ricos, y la mayor parte del tiempo eso se refería a personas blancas y privilegiadas, y por eso se construyeron muchos de los parques ahí”, Gilmore dice. “Tardamos 400 años en llegar a donde estamos. No vamos a cambiarlo de la noche a la mañana”.   

 

Rachel Cernansky
Periodista
Denver, Colorado