2019-02-11
Story
Violence Against Indigenous Womxn*: Sexism, Colonialism and Health Equity (English subtitles)

Taté Walker habló en Denver el 10 de enero de 2019 como parte de la Serie de aprendizaje sobre la equidad en salud de The Trust. (El video de arriba solo incluye subtítulos en inglés. Haz clic aquí para escuchar el audio en español.)

Por Kristin Jones

Taté Walker, ciudadanx de la tribu sioux del río Cheyenne, en algún momento fue estudiante de la Escuela Primaria Cherokee Trail en Parker, Colorado.

Cuando estuvo ahí, Walker no aprendió nada sobre el Sendero de lágrimas, en el cual a personas cheroqui y de otras naciones las sacaron de sus hogares para dar lugar a los colonos blancos bajo la Ley de Remoción India del presidente Andrew Jackson. En 1838, cerca de 4,000 personas cheroqui murieron durante una marcha forzada hacia el oeste, en donde actualmente está Oklahoma.

“Este fue un momento en mi vida en el que ser nativa era un identificador superficial”, dijo Walker, quien también tiene ascendencia irlandesa y puede “pasar por” [persona] blanca. “Algo así como, ‘oye, tengo 10 años, me encanta Disney, la pasta con queso y soy lakota’”.

Criarse como una persona indígena en EE. UU. es sufrir un tipo de negación que perpetúa los traumas históricos. Los niños jóvenes no se ven reflejados en los cuentos o las clases de historia; los niños mayores sienten las punzadas de las mascotas groseras y racistas de los equipos deportivos.

Para demasiadxs mujeres indígenxs (más sobre el uso de la ‘x’ abajo), la negación es física. Más de cuatro de cinco mujeres indígenxs han sufrido violencia en su vida, según un estudio publicado en 2016 y financiado por el Instituto Nacional de Justicia. Más de la mitad han sufrido violencia sexual, según encontró el mismo estudio, y sus atacantes son en su mayoría personas no indígenas.

En algunos condados, la tasa de homicidios de mujeres indígenxs es hasta 10 veces más alta que el promedio nacional, según un informe de 2008 financiado por el Departamento de Justicia. Un número incalculable de mujeres indígenxs han desaparecido o sido asesinadas.

En la actualidad, Walker es unx cuentacuentos y activista que se refiere a sí mismx como unx “feminista incansable de Dos Espíritus”, cuyos pronombres preferidos son ellxs, de ellxs y Madre. Se ha apoderado de la oportunidad para contar historias indígenas de manera enriquecedora y compleja, como en la presentación más reciente que hizo para la  Serie de aprendizaje sobre la equidad en salud de The Trust, en la cual abordó el legado racista que continúa causando violencia contra lxs mujeres indígenas.

(¿Por qué “[mujeres] indígenxs” con ‘x’ (womxn, en inglés)? Esta es la manera como Walker deletrea la palabra “women” (mujeres), señalando que rechaza el uso de la palabra “men” (hombres) como su raíz, e incluye explícitamente a lxs mujeres transgénero y de género no conforme, al igual que a las mujeres cisgénero.)  

Su educación en historia e identidad indígenas sucedieron durante su adolescencia y al llegar a la edad adulta, según sus escritos y su reciente presentación: como estudiante de high school en North Dakota cuando le asignaron escribir sobre la mascota racista de una universidad, estando bajo custodia del estado cuando por primera vez conoció la ceremonia del inípi (o “casa de vapor”) en el sistema penal de justicia juvenil, en Fort Lewis College en Durango, Colorado, y cuando trabajó como periodista.

El trauma histórica contra las personas indígenas norteamericanas no es realmente histórico, según Walker lo explicó.

Recordamos los horrores de Wounded Knee o Sand Creek. Recordamos cómo se establecieron internados religiosos o del gobierno para matar las identidades tribales de lxs niñxs indígenas. Nos obligan cada año a revivir las celebraciones ignorantes de personajes históricos sospechosos como Andrew Jackson, Abraham Lincoln y Christopher Columbus, responsables por algunas de las peores políticas de genocidios y medidas violentas aprobadas por el gobierno que han sufrido las personas indígenas en toda su historia. Y nos educan con estas historias sobre cómo Estados Unidos siempre nos ha odiado, y esas historias se validan a través de nuestras experiencias diarias con la violencia.

El trauma a veces se refleja en la indiferencia o incredulidad oficiales. Cuando Savanna LaFontaine-Greywind, embarazada de ocho meses, desapareció de su hogar en Fargo, Dakota del Norte, en agosto de 2017, sus padres sospecharon que los vecinos de arriba estaban involucrados. Pero la policía inspeccionó la casa de los vecinos, y el subdirector de policía dijo que no había “nada que indicara una actividad criminal”. Más tarde, encontraron el cuerpo mutilado de LaFontaine-Greywind en un río; le había sacado a su bebé cortándole el cuerpo y encontraron al bebé en la casa de los vecinos.  

Como respuesta, la exsenadora de EE. UU. Heidi Heitkamp (Demócrata-Dakota del Norte) introdujo la Ley de Savanna, la cual hubiera mejorado la comunicación y la colaboración entre las agencias de seguridad pública de EE. UU. y las autoridades tribales. Pero la ley no avanzó en la Cámara de Representantes controlado por los republicanos.

Los asaltos a veces se manifiestan a través de la violencia policíaca. Es más probable que la policía mate a una persona indígena durante una confrontación que a personas de cualquier otro grupo racial o étnico, según un análisis de CNN de datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Cuando la residente de Denver Lynn Eagle Feather llamó al 911 en julio de 2015 después de que su hijo Paul Castaway la tratara de atacar con un cuchillo, le dijo a la operadora que Castaway estaba borracho y sufría de una enfermedad mental. Cuando la policía llegó, lo mataron de un disparo.

“Llamé para que me ayudaran, no para que lo mataran”, Eagle Feather le dijo a Westword. Una investigación interna del Departamento de Policía de Denver determinó que la muerte estuvo justificada. Eagle Feather, quien es lakota, presentó una demanda judicial por homicidio negligente.

El trauma de la violencia puede heredarse a lxs hijxs, aunque no la hayan sufrido ellxs mismxs. Walker trabajó como voluntarixs en un centro de crisis para víctimas de violaciones sexuales en Dakota del Sur, en donde recuerda haber hablado con una madre y su hija indígenas sobre la relaciones sexuales de mutuo acuerdo. La madre dijo que ya había hablado con su hija de eso.   

“No les miento a mis hijxs”, Walker recuerda que la madre dijo. “Les digo la verdad. Cuando la violen, solo quédate acostada ahí para que termine”.  

Esa es la vida diaria de unx mujer indígenx, Walker dijo. “No es un ‘si’, si no un ‘cuando’”.  

Sin embargo, es un error hablar sobre este tipo de violencia rutinaria como una “epidemia”, como si fuera algo biológico e inevitable, agregó.  

“La violencia contra lxs mujeres indígenas es histórica, política y a propósito”, Walker dijo, señalando que las leyes federales han permitido esta violencia al destruir los sistemas legales tribales.  

A las cortes tribales se les prohíbe casi totalmente procesar a personas no indígenxs por crímenes cometidos en tierras tribales. Desde que se cambiara la Ley de Violencia contra la Mujer en 2013, ha existido una excepción limitada y obtenido con mucho esfuerzo en casos de violencia doméstica, pero viene acompañada de requisitos legales y costos para las cortes tribales que intentan afirmar su autoridad.

Walker dijo que existen razones detrás de eso.

“Básicamente, las personas blancas tenían miedo de que las trataran como ven que se trata a las personas indígenas y a otras personas de color en las cortes de EE. UU., con un número desproporcionado condenas y sentencias más estrictas”.

Las autoridades tribales siguen sin poder acusar a los atacantes de asesinato, abuso infantil, abuso de ancianos, muchos casos de violación sexual o hasta con atacar a los policías que responden. La Ley de Violencia Contra la Mujer no se reautorizó en 2018, dejando vigentes estos vacíos legales e incertidumbre sobre sus fondos.

Hay maneras simples de luchar contra la injusticia y la violencia contra lxs mujeres indígenxs, Walker dijo.  

Muchas personas blancas y personas que pasamos por blancas nos cerramos cuando las personas negras, marrones o indígenas nos piden que aceptemos la parte justa de la carga, es decir, la mayor parte, si no es que toda la carga, cuando hablamos de desarmar los sistemas racistas en los que vivimos. Me encantaría que nosotros, las personas blancas y que pasamos por blancas, empecemos a observar nuestras reacciones cuando nos pongamos a la defensiva y las reconozcamos como agentes que señalan: “Ah, tengo que trabajar en eso. No sé mucho de este tema, y mi ignorancia está afectando mis sentimientos, así que depende de mí, como una persona de calidad, mejorar y asegurar que mi grupo, mi círculo, también lo haga”. Una de las mejoras maneras de empezar a desarmar el racismo, el sexismo y el colonialismo de repoblación es escuchar a las personas indefensas, y luego hacer algo para acabar con las opresiones que las afectan.

Llamen a sus legisladores, Walker dijo. Voten de tal forma que afecte positivamente a las comunidades indígenas. Demanden que las cortes tribales reciban los recursos y el apoyo apropiados para que puedan implementar la Ley de Violencia Contra las Mujeres. Demanden representaciones correctas en los medios de comunicación, incluso en la literatura infantil.  

Ante todo, dijo: “Créanles a lxs sobrevivientes”.

Kristin Jones
Director Adjunto de Comunicaciones
The Colorado Trust