2018-11-19
Story

Versión borrador de un mapa comisionado en 1936 por la Corporación de Préstamos para Propietarios de Viviendas (HOLC, en inglés), una agencia patrocinada por el gobierno federal. El mapa demuestra que Colorado Springs no fue inmune a la práctica del redlining.

Administración de Archivos y Registros Nacionales de EE. UU.

Por Mia Ramirez

(Nota del editor: Esta es una versión más larga de la carta abierta publicada en el diario The Gazette de Colorado Springs el 11 de noviembre de 2018.)

Una versión borrador del PlanCOS, el primer plan integral para Colorado Springs en más de 15 años, debutó este verano. Ciudades a lo largo y ancho del país usan planes integrales para guiar decisiones sobre su futuro desarrollo. El PlanCOS propone una visión para Colorado Springs que se centra en vecindarios diversos y seguros, una economía próspera y un fuerte reconocimiento del legado histórico de la ciudad.

Todos estos objetivos son importantes, y este plan llega en el momento más oportuno. Durante un periodo de crecimiento y desarrollo extraordinarios en Colorado Springs, es fundamental imaginar intencionadamente cuál será el futuro de nuestra ciudad, y cómo nosotros los ciudadanos implementaremos esta visión.

El crecimiento y cambio rápidos también pueden tener consecuencias agobiantes. Demasiadas personas que viven en Colorado Springs ya no pueden pagar los precios de las viviendas en sus vecindarios, o están enfrentando dificultades para guiarse por entornos cambiantes que las hacen sentir desorientadas o en donde ahora se sienten fuera de lugar. Es importante que estas consecuencias negativas no recaigan demasiado en un solo grupo de personas.  

El comité director del PlanCOS calcula que el Consejo de la Ciudad aceptará y aprobará el plan final en diciembre. Ya que el PlanCOS guiará las decisiones de nuestra ciudad sobre cómo distribuir recursos y preservar la historia integrada en nuestros hogares, calles e instituciones, vale la pena tomar en cuenta lo aprendido durante otro periodo de cambios monumentales en nuestra ciudad.

A raíz de la Gran Depresión, el gobierno federal creó un fondo de alrededor de $3 billones para refinanciar préstamos hipotecarios sobrevalorados en comparación con el valor de la vivienda correspondiente. Varios años después, una entidad patrocinada por el gobierno federal, la Corporación de Préstamos para Propietarios de Viviendas (Home Owners Loan Corporation o HOLC, por sus siglas en inglés) se enfocó en determinar los riesgos de las inversiones gubernamentales en el mercado de bienes raíces. La HOLC usó a tasadores locales, incluidos prestamistas y agentes de bienes raíces, para crear mapas de las ciudades que demostraran los riesgos de hacer inversiones. A lo largo del país, estos mapas se crearon delimitando a vecindarios bajo una clasificación entre la A y la D.

Las instrucciones para estos tasadores locales fueron explícitas. Debían evaluar la calidad de la vivienda y de las instituciones en el vecindario, y también tenían que evaluar la calidad de las personas viviendo ahí, con base en su grupo racial y étnico.

Las clasificaciones resultantes fueron descaradamente racistas. En Pueblo, los tasadores dieron esta justificación para un vecindario que clasificaron como D, según documentos obtenidos en los Archivos Nacionales de EE. UU.:  

“Esta zona contiene la concentración más alta de negroes en la ciudad. El ‘cinturón de color’ principalmente se encuentra en Sixth Street y Ninth Street y Grand Avenue y West Street. Es una sección semiindustrial en donde las casas están viejas y mal mantenidas. Una clase inferior de personas blancas, muchas de ellas extranjeras, especialmente mexicanas, también ocupan esta sección”.

La presencia de una sola persona afroamericana, con la excepción de trabajadores domésticos, era suficiente para que todo un vecindario recibiera una D y se sombreara usando el color rojo. Este proceso se conocía como redlining (es decir, delineando con rojo).

Por décadas y décadas, los mapas dieron como resultado la reducción del valor de las viviendas en vecindarios clasificados como C y D al robarles sistemáticamente de inversiones. Esto terminó castigando tanto a las personas de color como a sus vecinos blancos.  

Académicos debaten si estos mapas causaron la segregación y la pobreza concentrada o solo reflejan los sistemas discriminatorios que ya existían. Sin embargo, es interesante destacar que la mayoría de los vecindarios históricamente delineados con rojo en la actualidad son más pobres y menos sanos que los vecindarios que recibieron mejores clasificaciones por razones obviamente racistas hace 80 años.  

En Colorado Springs, nunca se publicó un mapa delineado con rojo. Pero eso no significa que la ciudad no se haya visto afectada por la práctica del redlining.

La reciente búsqueda de mi colega Kristin Jones en los Archivos Nacionales encontró que en 1936 la HOLC comisionó a tasadores locales para que crearan un “mapa de seguridad residencial” en Colorado Springs. La justificaciones que usaron los tasadores para tomar decisiones se han perdido a lo largo de la historia, pero el mapa resultante todavía existe.  

Los tasadores locales marcaron con azul los vecindarios residenciales que consideraron más merecedores de inversiones, incluidos vecindarios actualmente llamados Old North End y Monument Valley. En el medio pusieron a vecindarios como Middle Shooks Run, Divine Redeemer y Old Colorado City.

Sombrearon de color marrón vecindarios que consideraron riesgosos, incluidos Hillside, Mill Street y el distrito Conejos, un vecindario histórico de clase trabajadora que más tarde decayó y la ciudad terminó destruyendo para construir America the Beautiful Park.

LaDale Winling es un profesor de historia en Virginia Tech University que ha trabajado coleccionando mapas delineados con rojo para el proyecto Mapping Inequality. Él le dijo a Jones que con el acto de comisionar estos mapas y dar instrucciones explícitas sobre cómo tomar tratar a los vecindarios “negros” y “mexicanos”, la HOLC les enseñó a los tasadores, incluidos propietarios de negocios y prestamistas locales, cómo implementar prácticas hipotecarias discriminatorias. El proceso en sí, un tipo de colaboración masiva temprana, estableció las prioridades federales para invertir, y guio a propietarios de negocios locales para que consideraran los límites de vecindarios desde un punto de vista racial.

Al ir planificando el futuro de Colorado Springs, es importante asegurar que no reafirmemos patrones antiguos. El primer paso es reconocer el legado racista del mapa moderno de nuestra ciudad.  

En la actualidad, el vecindario Old North End, marcado como “bueno” en la versión borrador del mapa de la HOLC, alberga propiedades de gran valor y tasas bajas de pobreza; sus residentes son en su mayoría blancos.

Mill Street y Hillside, vecindarios que sin duda los tasadores en la década de los años 1930 hubieran marcado como lugares con residentes de color y, por lo tanto, “riesgosos”, han enfrentado desafíos debido al abandono oficial e informal y por la falta constante de inversiones en la comunidad.  

Los intereses de los residentes se han visto destruidos repetidamente, a veces literalmente. Se destruyeron las casas en Mill Street para construir la central térmica Martin Drake para procesar carbón, la cual ahora está programada para cerrarse. En Hillside, el centro comunitario y una iglesia ocupan un espacio estrecho entre una planta para tratar aguas residuales, lotes para reciclar partes de automóviles y un proveedor de concreto. Se gastó dinero recaudado con impuestos para extraerle valor a la tierra y beneficiar a la industria, no para beneficiar a las personas que viven ahí.

Nada de esto es culpa de las personas dedicadas a planificar ahora el crecimiento de la ciudad. Pero sin tener en cuenta esta historia, nuestra ciudad corre el riesgo de repetirla. Igual que los mapas delineados con rojo en los años 30, la versión borrador para los vecindarios del PlanCOS usa el color azul para marcar a Old North End. Junto con Old Colorado City, partes de Westside Old Broadmoor, se considera un “vecindario histórico establecido”. El PlanCOS otorga a estos vecindarios “un valor especialmente alto para preservar el diseño y la arquitectura actuales”, aunque agrega que hasta estos vecindarios podrían tener algunos cambios.

Otros vecindarios, aunque igual de históricos, no reciben la misma designación. Pero, ¿por qué Hillside y Mill Street, en su momento considerados por tasadores locales con la influencia del gobierno federal para hacer distinciones racistas, no se merecen el mismo nivel de protección contra la carga del cambio rápido y el desarrollo extremo?

Tanto Mill Street como Hillside están recibiendo una avalancha de inversiones públicas y privadas con el objetivo de reurbanizar el centro de Colorado Springs. Hay planes de construir un nuevo estadio en el vecindario de Mill Street, y ambos vecindarios están recibiendo inversiones nuevas para financiar la infraestructura de parques y senderos. Ninguna de estas cosas es mala por naturaleza. Sin embargo, tienen el potencial de aumentar los precios de la vivienda y marginar o forzar que se tengan que mudar los residentes actuales. Igual que en el pasado, los beneficiarios directos de este desarrollo no son necesariamente las personas que viven en la comunidad.

Colorado Springs tiene la oportunidad de crear un plan que beneficie a las personas que viven aquí y nuestra historia compartida. El PlanCOS puede asegurar que los beneficios y las consecuencias negativas del crecimiento se distribuyan equitativamente en toda la ciudad, y ayudar a reparar los daños causados en el pasado.  

Podemos construir una ciudad más inclusiva con el uso de inversiones públicas y colaboraciones público-privadas que busquen aumentar las riquezas en áreas con pobreza persistente. Se necesita que toda la comunidad se comprometa a abordar las zonas con desventajas concentradas para que no reafirmemos patrones históricos de segregación y división.

Hoy en día, el crecimiento de Colorado Springs ofrece oportunidades para establecer una economía próspera y vecindarios integrados y sanos. Vale la pena preservar nuestro legado histórico que nos enorgullece. Evitemos consagrar las historias que hacen lo opuesto.

Permitamos que el PlanCOS refleje una ciudad que valora la equidad y la inclusión, reconoce su historia y aprende del pasado.