2020-04-29
Historia

Brode Gustafson (izq.), de 15 años, abraza al perro de la familia y habla con su hermano Jake, de 12 años, en su casa de Erie, Colorado, el 9 de abril de 2020.

Fotografía de Joe Mahoney / enviado especial para The Colorado Trust

Por Jenny McCoy

Shepard Schneider realmente no le tiene miedo al coronavirus. 

“Me preocupo por, como, mi abuelo y mis abuelas y cosas, pero no es eso realmente”, dijo el niño de 10 años que vive en Denver.  

Pero COVID-19 está afectando de otras formas al estudiante de quinto grado que asiste a la Escuela Primaria Palmer.

“A veces estoy adentro demasiado [tiempo] y me pongo muy ansioso y empiezo a enojarme mucho”, dijo Shepard sobre su vida quedándose en casa. Y la peor parte de la pandemia, dijo, es “que no puedo ver a mis amigos”.  

Allie Schneider dijo que está preocupada por Shepard y su hermano mayor, Jackson, de 13 años.

Recientemente, Jackson, quien cursa el séptimo grado en The Boys School of Denver, “se ha sentido muy aislado”, Allie dijo. “Está acostumbrado a ser parte de un equipo todos los días con este grupo de niños [en la escuela] y se ha sentido muy, muy desconectado de eso”. 

Shepard, Allie dijo, parece estar mejor que su hermano mayor. Pero ha notado que últimamente el estudiante de quinto grado quiere más abrazos y contacto físico.

“Probablemente sea una reacción al estrés”, dijo. Los ingresos de la familia se redujeron recientemente debido a la pandemia y también están sintiendo la presión adicional de “ser buenos padres” y mantener a los niños entretenidos y aprendiendo: “Los niños están observando el estrés en muchos niveles, aunque nos esforcemos para que no lo vean”.

Shepard y Jackson figuran entre los más de 1.2 millones de niños en Colorado que están viviendo la nueva realidad surreal debido a la pandemia del coronavirus. Aunque los niños parecen ser menos susceptibles al virus, ya que las personas menores de 19 años constituyen solo un poco más del 4% de todos los casos positivos confirmados en Colorado, COVID-19 los está afectando de otras maneras: su enseñanza se interrumpió profundamente, las rutinas diarias se destruyeron, los niveles de estrés en sus hogares han aumentado mucho y las interacciones sociales con sus compañeros se han convertido en comunicaciones virtuales. Estos cambios radicales pueden causar que los niños sientan una gran variedad de emociones y potencialmente causar ciertos problemas de salud mental entre algunos, los expertos dicen.

Jen Voigt, quien vive en Erie con su esposo Kyle Gustafson, dijo que la pandemia ha afectado emocionalmente a sus tres hijos, pero de manera diferente. 

En las primeras semanas después de que las clases en persona se cancelaron, a Brode, de 15 años, le costó el choque repentino de no poder ver a sus amigos y se sintió atrapado en casa.

El mayor desafío inicial fue con Jake, de 12 años y en séptimo grado. A Jake le encantan los deportes, pero no pudo hacer tanto ejercicio como antes después de que se cancelaron las prácticas y los partidos. Esto, a su vez, resultó en cambios emocionales repentinos: se sentía bien un minuto y luego enojado y frustrado, Voigt dijo.

Además está Neve, de 11 años, quien tiene miedo de que la gente se enferme y de lo desconocido, Voigt dijo. Neve ha pedido dormir con su mamá en varias ocasiones.

“A veces, me da mucho miedo”, Neve dijo. “Pero saber que estamos bastante seguros dentro de casa me hace sentir mejor”.  

Jessica Bryant, una mamá divorciada de 30 años que viven en Durango con tres hijos estudiantes de primaria, dijo que su hijo mayor, Lucian de 10 años y en cuarto grado, ha sido el más afectado por el virus. Cuando una tarea escolar virtual lo hizo darse cuenta de lo mucho que extrañaba la estructura de su escuela y a sus amigos, “tuvo como una crisis emocional”, Bryant dijo. “Se frustró y dijo que no podía hacerlo y se fue a su habitación y se puso a llorar”.

Y cuando los temores por el coronavirus empezaron a propagarse, Bryant dijo que sus tres hijos probablemente se sintieron estresados y confundidos por los mensajes conflictivos que Bryant y su exesposo, quien tiene custodia parcial de los niños, usaron. Bryant dijo que no cree que su exesposo estuviera considerando la amenaza tan seriamente como ella.

Glenda Farmer, la tía abuela de Bryant, ha notado el peso emocional de la pandemia en sus nietos.  

“Están sintiendo esa carga de quedarse siempre [en casa]”, dijo Farmer, de 56 años, quien vive en Durango con su novio, dos hijas, el prometido de una de las hijas y seis nietos de entre tres y 17 años de edad.  

Con el coronavirus, “el mayor temor es que alguien a quien quieres muera”, Farmer dijo. “Además de eso, quisieran que esto se resuelva y termine y que regresemos a la vida normal”.  

Jayden, nieto de Farmer y estudiante de primer grado en la Escuela Primaria Florida Mesa, tiene trastornos del espectro autista y le ha costado enfocarse en el aprendizaje virtual. En su casa, el niño de 11 años no tiene el mismo apoyo ni la misma enseñanza especializada que recibe en la escuela, Farmer dijo, y eso ha causado un “poco de agitación”, añadió.

El uso de la tecnología también parece influir en cómo se están sintiendo los niños en estos momentos. Allie Schneider dijo que en su hogar usualmente no se usan pantallas durante la semana. Pero ahora que sus hijos necesitan la tecnología para el aprendizaje a distancia y comunicarse con sus amigos, el tiempo más largo que están pasando frente a la pantalla “causa ciertos problemas con el comportamiento en nuestra casa”.  

“Se enojan más rápidamente y eso podría ser en parte debido a que están encerrados, en parte porque no están acostumbrados a tener los ojos clavados frente a una pantalla todo el día como nosotros”, Schneider dijo.

Expertos en salud mental en Colorado dicen que los niños están pasando por una variedad de respuestas a la pandemia y los cambios que las acompañan, dependiendo de su ambiente y personalidad.  

“Hasta ahora, he visto muchas reacciones mezcladas”, dijo Edgar H. Fernandez, sobre cómo sus clientes pequeños están respondiendo a la pandemia. Fernandez es consejero profesional acreditado y terapeuta bilingüe en el programa de servicios infantiles y familiares en el Centro de Salud Mental de Denver. “He visto a algunos que lo están manejando bien; se están adaptando a todos estos cambios”, Pero otros, dijo, “están teniendo más dificultades”, especialmente aquellos con comportamientos compulsivos relacionados con la ansiedad.

“Teníamos [los comportamientos compulsivos] bajo control y ahora vemos que están reapareciendo estos comportamientos, definitivamente en relación con lo que está pasando”, Fernandez dijo, y mencionó algunos ejemplos como rascarse compulsivamente, jalarse el cabello y morderse las uñas.

“Creo que hay mucha incertidumbre en estos momentos”, dijo Fernandez, quien actualmente trabaja con cerca de 20 niños de seis a 17 años de edad. “Hay mucho miedo porque los padres no saben, no están seguros de lo que está pasando y, cuando los niños ven a sus padres disgustados, absorben parte de eso”.

Es muy común que los niños “sientan miedo o confusión durante una emergencia de salud pública como COVID-19”, dijo Jessica Hawks, PhD, psicóloga de niños y adolescentes y directora clínica de los servicios diurnos en el Hospital de Niños de Colorado. “Las buenas noticias son que la mayoría de nuestros niños son relativamente resilientes y se adaptan a estas [situaciones] nuevas”.

Para Myles Cress, de 17 años y cursando su anteúltimo año de estudios en Crested Butte High School, la realidad de la vida pandémica ha sido “definitivamente rara”. Pero dijo que se siente “no muy mal” sobre el coronavirus.

“Creo que algunas personas están estresadas y veo el desgaste que causa en la comunidad, pero siento que en estos momentos tengo mucho que agradecer”, Cress dijo, como el hecho de que su mamá, Cindy McKee, una madre soltera, sigue teniendo trabajo y que Cress sigue viviendo “casi normalmente”.

Pero hay un subgrupo de niños y adolescentes que enfrentarán más desafíos de salud mental durante la pandemia, Hawks dijo.  

Cuando COVID-19 empezó a propagarse en Colorado, muchos niños y adolescentes sintieron menos estrés gracias a los planes iniciales de cancelar los estudios escolares por varias semanas, dijo Hawks, quien supervisa alrededor de 100 visitas clínicas por semana. Pero conforme la pandemia empeoró y muchos distritos anunciaron el cierre de sus escuelas por el resto del año escolar (el gobernador Jared Polis recientemente anunció que todas las escuelas en el estado permanecerán cerradas hasta finales del año escolar), el nivel de estrés entre las familias aumentó.

Por lo tanto, a principios de abril Hawks dijo que en las últimas semanas “el hospital ha recibido un mayor número de reportes por problemas de salud mental” entre niños de todas las edades.

El 7 de abril, Hawks dijo que la unidad de hospitalización psiquiátrica para adolescentes estaba totalmente llena. (Hawks no pudo proporcionar estadísticas sobre la frecuencia con que se llena esta unidad, pero dijo que usualmente varía por temporadas.)

El grupo de mayor riesgo en estos momentos, Hawks dijo, son los niños que ya tenían problemas de salud mental antes de la pandemia. También hay un subgrupo de niños que no había tenido problemas antes, pero que quizás corrían riesgo debido a factores como su temperamento o sus antecedentes familiares. Ahora, con el estrés causado por la pandemia, este subgrupo de niños está desarrollando nuevos problemas de salud mental, Hawks explicó.

“Una de las principales causas de estrés para niños y adultos es el temor a lo desconocido”, Hawks dijo. “No sabemos cómo el COVID se desarrollará en los próximos días, semanas, meses, cómo afectará a la sociedad. ¿Nos enfermaremos? ¿Se enfermará alguien en nuestra familia? ¿Morirán personas que conocemos?”

En algunas familias cuyos padres perdieron su trabajo recientemente, la suma de factores estresantes relacionados con las finanzas puede afectar negativamente a los niños. “Aunque nuestros niños y adolescentes no deberían preocuparse de esas cosas, porque estamos todos encerrados en la misma casa, es inevitable que escuchen más de lo normal sobre [ese tema], lo cual aumenta sus preocupaciones”, Hawks dijo.  

La pandemia también causó un aumento en el número de niños en el estado que sufren inseguridad alimentaria. Y no tener suficiente comida o una vivienda estable puede causar un efecto dominó en la salud mental.

“En el campo de la salud mental infantil hablamos sobre la idea de la jerarquía de necesidades y la base de esa jerarquía de necesidades está formada por ese tipo de cosas básicas: refugio, comida, agua, seguridad”, Hawks dijo. “Y cuando esas necesidades básicas no están cubiertas, todas las otras necesidades se verán afectadas”, como la salud mental, la salud física y las relaciones con tus compañeros y tu familia.

Otra causa de estrés para los niños es que uno de sus padres esté trabajando en una industria esencial. Fernandez describió a niños pequeños que son sus clientes y se sienten ansiosos porque su padre o madre trabaja en servicios de salud y debe tomar precauciones adicionales para cuidarse, como cambiarse la ropa cuando llega a casa o mantenerse alejado de su familia.

“Asocian eso con algo que está mal con su papá o mamá y eso puede causarles ansiedad”, Fernandez dijo. Describió a niños temerosos de que su padre o madre fuera a trabajar y quieren “vigilarlos” y dormir en la misma cama con ellos.

Como empleada de limpieza en un centro sanitario, Bryant forma parte de esa categoría. Cuando sus hijos están en la casa de su padre, trabaja de 10 a 15 horas por semana limpiando los vestíbulos, las puertas, los bebederos de agua, las áreas públicas y los cuatro baños en el centro. El trabajo “sin duda” hace que Bryant, quien dijo tener desafíos de salud mental, como ansiedad y trastorno complejo de estrés postraumático, tenga miedo de contraer el virus. Por ejemplo, cuando Bryant trapea los pisos del vestíbulo principal, se pregunta si la solución limpiadora realmente mata el virus y le preocupan las gotas que salpican sus zapatos. Cuando termina de trabajar, se quita los zapatos antes de entrar a su apartamento de tres habitaciones.

Los niños con padres indocumentados probablemente también sientan más estrés en estos momentos. Las familias en tales situaciones “se ven desproporcionadamente afectadas pues quizás no tengan acceso a ciertos recursos del gobierno”, como el cheque de impacto económico, los beneficios de desempleo y la asistencia alimentaria disponibles para otros, Hawks dijo. “Pienso que eso ciertamente les produce estrés”.

La novedad del aprendizaje a distancia también abruma a algunos estudiantes, Fernandez dijo. Y para los estudiantes en su último año de high school, perderse los eventos importantes del año, como las fiestas del prom y graduación, puede causar un sentimiento de pérdida, Hawks agregó.

A pesar de los factores estresantes actuales más obvios, casi todos los padres y expertos en salud mental entrevistados para esta historia identificaron varias formas como la pandemia está afectando positivamente a los niños.  

“Algo bueno que he observado es que los padres han podido pasar más tiempo con sus hijos”, Fernandez dijo. Algunos de sus clientes más pequeños, dijo, le cuentan de actividades que han compartido recientemente con sus padres, como crear arte, ver películas y hacer galletas. Estos breves momentos pueden marcar “una enorme diferencia” para los niños, agregó. “Puede ser lo que hace que su día sea divertido para ellos”.  

En el hogar Voigt-Gustafson, “todos estamos como menos apresurados”, Voigt dijo. Los niños parecen estar más conectados entre ellos y como familia ahora hacen rompecabezas, juegan juegos de mesa, hablan con frecuencia por teléfono con los abuelos y comen juntos.

“[La pandemia] nos hace darnos cuenta de cosas, como cuidar más nuestro cuerpo”, Neve agregó. 

Cress dijo que ha visto “más a personas de lo que las vería normalmente”, pero de forma virtual. Describió una hora feliz por Zoom con sus primos y noches de juego virtuales con su hermana mayor que vive en Wisconsin y con su papá que vive en Denver. 

En la casa de Farmer, “nos comunicamos más”, ella dijo. Bryant mencionó que ha sido bueno para la familia estar más tiempo juntos, como cuando salen a caminar, andar en bicicleta y patinar. Y Allie Schneider está disfrutando poder enfocarse más en sus hijos que en su trabajo. “Me hace acordar de cuando teníamos hijos diminutos y no estaba trabajando para nada y me enfocaba en ellos totalmente”, dijo.  

Pero más allá de los aspectos positivos, a algunos padres y expertos en salud mental les preocupa que pasar por una pandemia de pequeño tenga un efecto negativo a largo plazo. Es difícil evaluar si la pandemia tendrá efectos negativos duraderos en los niños, Fernandez dijo, porque “mientras más dure, más caos causará; no necesariamente caos en las calles o en la sociedad, pero ese sentimiento de caos, sentir que las cosas no están bien o que no están en orden”. 

“Probablemente lo que estamos observando es un estrés agudo y, usualmente después, en como cinco o seis meses, quizás observemos las consecuencias más graves de estos, pero no puedo decirte cuáles serán”, dijo Tim Garland, un consejero en Doherty High School en Colorado Springs. 

Allie Schneider es cofundadora y directora ejecutiva de mama ‘hood, un centro de recursos en Denver para padres primerizos y que están esperando bebés. Dijo que ha escuchado muchas inquietudes sobre los efectos a largo plazo en los niños.

“Espero que [la pandemia] no esté separando aún más las conexiones humanas, porque eso es algo que sabemos que los seres humanos realmente necesitan y anhelan”, dijo. “Y espero que [los niños] no piensen que la conexión que tienen vía Zoom es como debería ser”.  

Bryant dijo que le preocupa que a sus hijos, quienes estudian en The Juniper School, una escuela charter en Durango, les deje de interesar la escuela. “Siento que [la escuela se está] convirtiendo en un deber y no algo que disfrutaban, como antes; me preocupa que eso continúe el próximo año”, dijo.

Farmer dijo que se preocupa por otra cosa. Como alguien que “siempre ha vivido con un nivel más bajo de ingresos”, espera que sus nietos tengan un mejor futuro. Pero debido al impacto económico de la pandemia, dijo tener miedo de que eso no suceda.  

La crisis global ya redujo los ingresos de su hogar. El novio de Farmer y el prometido de su hija son los únicos en el hogar que tienen empleo. Trabajan por horas, uno en la tienda de víveres de la gasolinera y el otro como techador, y recientemente a ambos les recortaron el salario.

Por fortuna, la familia ha logrado reunir suficiente dinero para pagar el alquiler de su casa de cuatro habitaciones y dos baños gracias a varios programas de asistencia gubernamental, al igual que la manutención que pagan los padres de algunos de los niños. El distrito escolar local también está ayudando con la entrega frecuenta de comida para los niños.  

Sin embargo, el factor financiero más estresante, Farmer dijo, es cubrir los costos mensuales de los servicios públicos, los cuales llegaron a $847 mensuales una vez este invierno pasado.

A Bryant también le preocupa cómo pagará algunos gastos, como el costo del servicio de internet. Dijo que su proveedor de internet recientemente le dio una extensión de dos meses para pagar su saldo actual, que incluye cargos tardíos. Pero no sabe qué pasará cuando llegue la “enorme factura” al final de la prórroga. Con sus hijos ahora estudiando a distancia, tener acceso a internet es “bastante importante”, dijo.

Hawks compartió palabras alentadoras para padres preocupados por el impacto a largo plazo de la crisis en sus hijos: aunque “la gran mayoría” de los niños están sintiendo miedo y confusión durante la pandemia, “la gran mayoría de esos niños son resilientes”, dijo, y cuando la pandemia disminuya, probablemente no sufrirán ningún efecto [negativo] duradero”.  

Pero estas palabras vienen acompañadas de un asterisco. Estudios de investigación sugieren que los niños que sufren eventos traumáticos, “y una pandemia ciertamente puede incluirse como un evento traumático”, pueden tener un mayor riesgo de desarrollar más tarde trastornos emocionales y enfermedades físicas, Hawks dijo. Sufrir traumas varias veces puede aumentar el riesgo aún más. 

Además, quizás algunos niños en Colorado actualmente sean víctimas de abuso infantil a raíz de la pandemia, una situación que puede tener consecuencias devastadoras a largo plazo.

“Sabemos que, históricamente, en cualquier momento que nuestra sociedad enfrenta una crisis de salud pública como la pandemia por la que estamos pasando ahora, hay un aumento en la prevalencia de abuso infantil y abuso doméstico”, Hawks dijo. “Es igual de importante que los padres sepan que, en cualquier momento que sentimos más estrés en nuestras vidas, eso puede representar un reto para nuestras estrategias de crianza ideales y aumentar el riesgo de que hagamos algo como padres que usualmente no haríamos”.  

Los expertos en salud mental tienen consejos sobre cómo los padres pueden ayudar a sus hijos a sobrellevar los desafíos.

“Sabemos con base en estudios que la principal manera como los niños y adolescentes aprenden a guiarse por su mundo es observando lo que sus padres hacen”, Hawks dijo. “Los padres tienen una enorme responsabilidad de ejemplificar abiertamente los tipos de estrategias para salir adelante que esperan que sus hijos usen durante esta pandemia”.

“Puedes mostrarles que estás preocupada, que estás inquieto, pero que estás manejando las cosas…eso es lo que más ayudará a los niños”, Fernandez dijo.  

Además de ser un ejemplo positivo, crear una estructura y un horario diario es “esencial en estos momentos”, Hawks dijo. Tanto niños como adultos “se desempeñan mejor cuando se hacen camino por un mundo predecible y constante”, explicó.

Pero seguir estos consejos es mucho más fácil para algunas familias que para otras en Colorado. Los padres que trabajan en industrias esenciales, por ejemplo, quizás no puedan mantener bien un horario diario pues no están en casa tan seguido. Y quizás les sea más difícil demostrar habilidades eficaces para sobrellevar los desafíos, ya que su nivel de estrés probablemente sea mayor debido al temor de enfermarse mientras trabajan.  

En familias con trabajadores esenciales, Fernandez aconsejó que los padres “establezcan tanta estructura como sea posible”. Y para cualquier padre o madre que se sienta abrumado, Fernandez sugiere mantener a sus hijos enfocados en lo que pueden hacer para ayudar, como lavarse las manos con frecuencia, en lugar de enfatizar la incertidumbre de la situación.  

En lo relativo a platicar con los niños sobre la pandemia, Hawks aconsejó que los padres hablen abierta y honestamente con sus hijos sobre el coronavirus pero manteniéndose enfocados en contestar cualquier pregunta que sus hijos tengan, en lugar de ofrecer voluntariamente mucha información.

Para niños pequeños, entre alrededor de dos años hasta finales de la primaria, Hawks aconsejó que los padres ofrezcan información breve y simple; asegúrenles que los adultos están ahí para mantenerlos sanos; y, denles ejemplos sencillos de cosas que todos podemos hacer para que los gérmenes no se propaguen más. Con niños mayores, recomendó hablar más abiertamente y compartir datos de entidades gubernamentales confiables.

Cuando hablamos sobre el coronavirus con niños, “es muy importante que los consolemos sin prometerles cosas poco realistas”, Hawks dijo. “Así que no debemos prometerles que no habrá ningún caso de coronavirus en nuestro vecindario. Lo que sí podemos prometerles es que los adultos están haciendo todo lo posible por mantener a todos sanos y salvos”.  

Jenny McCoy
Periodista
Boulder, Colorado