2021-06-03
Historia

El interior del centro Centennial Correctional Facility South en Cañon City. Fotografiado en julio de 2019.

Fotografía de John Herrick

Por John Herrick

El verano pasado, Matthew Harter, un hombre de 50 años de edad que vive en Lakewood, Colorado, estaba encarcelado en Centennial Correctional Facility South, una prisión en Cañon City, cuando empezó a tener problemas para respirar.  

Harter no tenía COVID-19. Tenía ansiedad, dijo, porque estaba en cuarentena, aislado en una celda, la cual era del tamaño aproximado de un espacio para estacionar un automóvil, por 23 horas al día; a veces, todo el día.  

Las semanas se convirtieron en meses. Su televisión y los rompecabezas no ayudaban. Daba saltos de tijerillas para cansarse y poder dormir. Su mente igual daba vueltas. Pidió ver a un médico para hablar sobre su salud mental. El médico nunca se presentó. Un día, Harter se amarró las botas y empezó a patear la puerta.

En total, Harter dijo que estuvo en cuarentena por 82 días. Diez días antes de salir, dijo, una enfermera le dio mirtazapina, un medicamento para tratar la ansiedad y depresión.

“No me quedo sentado adentro. Soy una persona [a quien le gusta] estar afuera”, Harter dijo por teléfono después de lo transfirieran a una prisión en Denver. “Voy a tener que ver a un psicólogo cuando salga”.  

Con la intención de disminuir la propagación de COVID-19, el Departamento de Correccionales de Colorado aisló a los presos en celdas individuales casi todo el día, a veces por semanas o meses, según un informe publicado en 2020 por el departamento. Tales precauciones debido a la pandemia quizás salvaron vidas, pero la cuarentena forzada de los presos para evitar que se expusieran a COVID-19, además del aislamiento médico de los presos que se sospechaba tenían COVID-19, socavaron años del trabajo enfocado a hacer que las prisiones sean menos traumáticas. Este trabajo incluyó limitar el uso del confinamiento solitario, una forma de castigo que se regula en Colorado por el daño psicológico que puede causar.  

En algunos casos, los presos pasaron más tiempo en aislamiento o cuarentena que lo que se considera ampliamente como la máxima cantidad de tiempo permitida bajo la norma del confinamiento solitario del Departamento de Correccionales. Esta norma requiere que los encargados de las prisiones les ofrezcan a los presos por lo menos una hora afuera de su celda todos los días y, por lo general, requiere una aprobación especial para mantener a alguien confinado a su celda por más de 15 días.

Según el informe, el Departamento de Correccionales dijo que del 11 de marzo al 18 de diciembre de 2020, algunos presos en Centennial South pasaron 90 días en cuarentena y les ofrecieron cuatro horas afuera de sus celdas cada tres días. El departamento usó Centennial South como un centro de ingreso durante la pandemia porque sus celdas individuales hicieron más fácil poner en cuarentena a los recién llegados. Annie Skinner, una portavoz del departamento, dijo que algunos presos quizás pasaron más tiempo en Centennial South porque el departamento no quería transferir a alguien a otra prisión con un brote de COVID-19.

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El exterior de Centennial South en julio de 2019. Fotografía de John Herrick

Esas estadías prolongadas en cuarentena fueron algo común en otras prisiones. En Fremont Correctional Facility, también en Cañon City, la cuarentena promedio duró 52 días debido a “pruebas positivas recurrentes”, según el informe. Fremont tuvo 760 casos confirmados de COVID-19 a finales de 2020. A las personas encarceladas les ofrecieron por lo menos 40 minutos afuera de sus celdas cada dos días. En la prisión de Buena Vista, la cuarentena promedio duró 50 días. A las personas les ofrecieron cerca de una hora afuera de sus celdas todos los días.  

En una demanda federal presentada contra oficiales estatales en enero de 2021, Henry Lee Griffin, Jr., quien recibió una sentencia de prisión perpetua por una serie de secuestros y violaciones sexuales en los años 90, alegó que el estado violó sus protecciones bajo la Octava Enmienda contra el castigo cruel e inusual cuando, dijo, lo encerraron en una celda en la prisión de Buena Vista durante más de 23 horas al día por más de 60 días. Un juez federal desestimó la demanda a principios de abril porque Griffin no pagó $402 en cargos por declaración y administrativos.

En la mayoría de las prisiones, las personas encarceladas que tuvieron una prueba positiva de COVID-19 pasaron 14 días en aislamiento médico. Pero en Limon Correctional Facility, las personas pasaron un promedio de 21 días en aislamiento médico y les permitieron pasar una hora al día afuera de sus celdas, según el informe del Departamento de Correcciones. Limon reportó 544 casos confirmados de COVID-19 al final del año pasado.

Este año, legisladores en el estado de Colorado aprobaron una propuesta de ley que limita la habilidad de los alguaciles y cárceles locales de poner a las personas en confinamiento solitario (también conocido como “vivienda restringida”) y los obliga a monitorear cuántas personas están encarceladas en confinamiento solitario y por cuánto tiempo. La legislación no correspondería para las prisiones estatales.

Además del informe de diciembre de 2020, el cual los legisladores solicitaron del Departamento de Correccionales, el departamento no monitorea ni mantiene archivos de cuánto tiempo se mantiene a las personas en cuarentena o aislamiento médico, según dijo Adrienne Sanchez, directora adjunta de servicios legales para el departamento. El departamento no monitorea datos combinados sobre cuántas personas están en confinamiento solitario ni por cuánto tiempo.

Con esta falta de datos, Dean Williams, el director ejecutivo del Departamento de Correccionales, dijo que no podía responder a acusaciones individuales de cuarentenas ni aislamientos prolongados porque no sabía si esas acusaciones eran ciertas.

“Si a alguien lo pusieron más tiempo de lo necesario, entonces necesito evaluarlo en el contexto de la pandemia”, Williams dijo en una entrevista reciente. “Quizás sean situaciones excepcionales”.

Williams dijo que fue una decisión difícil limitar el movimiento de las personas encarceladas. Una de sus prioridades principales es que las prisiones se sientan menos punitivas. Las restricciones por COVID-19 se diseñaron para proteger a los presos, no castigarlos, dijo.

“Igual perdimos a 29 hombres. Eso me pesa”, dijo. “La realidad es que sé que salvamos vidas”.

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Dean Williams, el director ejecutivo del Departamento de Correccionales de Colorado. Fotografiado en julio de 2019. Fotografía de John Herrick

“Siento que me están castigando”

Las cuarentenas obligatorias fueron algunas de las herramientas que Williams tuvo para controlar la propagación del coronavirus en un sistema penitenciario históricamente lleno donde el distanciamiento social es casi imposible.   

Jared Polis, el gobernador de Colorado, se opuso por lo general a demandas de expertos en salud pública y defensores para que liberara a más personas de la prisión durante la pandemia. Sin embargo, mediante una orden ejecutiva, Polis permitió que las prisiones dejaran de aceptar a personas que estaban esperando en las cárceles de los condados antes de recibir su sentencia. También le pidió a la policía que emitiera más citaciones en lugar de arrestos. Esto contribuyó a que la cantidad de presos disminuyera de 19,357 en marzo de 2020 a 15,490 en abril de 2021, una reducción de cerca del 20 por ciento.

Hasta con el espacio adicional, la enfermedad igual infectó a casi 9,000 personas encarceladas en prisiones de Colorado, según el departamento. La tasa de infecciones en Colorado entre presos es 5.5 veces mayor a la tasa de la población del estado en general, según un análisis del Marshall Project, una organización sin fines de lucro dedicada al periodismo. Desde marzo de 2020, 29 personas detenidas en instalaciones del Departamento de Correccionales han muerto con COVID-19.

La decisión controversial de Polis de no priorizar a las personas encarceladas para que recibieran la vacuna contra COVID-19 contribuyó a la severidad de los brotes. La decisión desafió las recomendaciones de los expertos en salud pública.  

Y los aislamientos y cuarentenas no detuvieron los brotes, en parte porque los empleados penitenciarios probablemente trajeron el coronavirus a las prisiones más de una ocasión. A veces, los guardias no usaban las mascarillas obligatorias y fácilmente disponibles ni otro equipo de protección personal, a veces en unidades con presos en cuarentena y aislamiento médico, según auditorías internas de instalaciones correccionales como Buena Vista, Arkansas Valley y Trinidad que se obtuvieron a través de las leyes de expedientes abiertos de Colorado. Algunos empleados de las prisiones no evaluaban a los visitantes, según las auditorías. El Departamento de Correccionales evaluó al personal por síntomas de COVID-19 tomándoles la temperatura durante por lo menos tres meses después del comienzo de la pandemia, antes de empezar a implementar un proceso más constante de pruebas de COVID-19 en varias instalaciones en julio de 2020.

Las infecciones, incluidas aquellas entre el personal de las prisiones, también causaron que no se transfiriera a los presos a hogares transicionales (halfway houses, en inglés), los cuales son centros privados que se usan para que las personas hagan la transición cuando salen de la prisión.  Quienes administran los hogares transicionales y oficiales estatales pueden acordar que se encarcele a las personas con este nivel más bajo de supervisión si así lo deciden. Pero en noviembre de 2020, Skinner, del Departamento de Correccionales, dijo que el departamento limitó las transferencias para proteger la “salud y seguridad de los presos y de la comunidad”. Ese mes, se había aprobado la transferencia de casi 400 presos a un hogar transicional pero seguían en una prisión, según datos reunidos por el Departamento de Correccionales.

El año pasado, a Timothy Martinez, un joven de 25 años que vive en Montrose, lo encarcelaron en Sterling, la prisión más grande en el estado y el centro con el brote más numeroso de COVID-19 hasta la fecha. Martinez dijo que en diciembre de 2019 ya reunía requisitos para que lo transfirieran a un hogar transicional, pero que retrasaron su cambio casi un año debido en parte a los brotes en Sterling.

“Siento que me están castigando. Es una montaña rusa mental. Juega con tu mente. Estoy acostumbrado a estar afuera todo el día. Estoy acostumbrado a trabajar en la comunidad”, Martinez, quien trabajó como bombero en el equipo estatal de presos contra incendios forestales, dijo en septiembre del año pasado. “Fue un momento muy bueno en mi vida cuando estaba luchando contra incendios. Me sentí orgulloso de mí mismo”.   

El mes siguiente, su liberación se retrasó otra vez por dos semanas después de que un guardia recibiera una prueba positiva por COVID-19.

“Me siento atrapado”, dijo. “Solo dos semanas. Solo dos semanas. Estoy a punto de llegar al año”.  

La carga mental de los aislamientos y cuarentenas causó que algunas personas se lastimaran ellas mismas, según una persona encarcelada.

“Es como estar en una prisión dentro de una prisión máxima. Hay más chicas cortándose o empezando a tomar medicamentos, como yo, solo para lidiar con todo”, escribió Chataignier McCaffrey-Pickett, una joven de 27 años de edad encarcelada en la correccional para mujeres en Denver por su rol en un asesinato, en una carta en agosto de 2020. 

Estudios demuestran que el aislamiento prolongado, tanto entre la población en general como entre los presos en confinamiento solitario, puede causar ansiedad, ira, depresión, paranoia, psicosis y mal comportamiento. También puede empeorar las enfermedades mentales, razón por la cual Colorado prohibió la práctica de poner a presos con ciertas condiciones de salud mental en confinamiento prolongado.  

Es también una de las razones por las que, en 2021, Tom Clements, exdirector del Departamento de Correccionales, decidió cerrar Centennial South, una prisión que se construyó para el confinamiento solitario en 2010. (Con la autorización de legisladores, el gobernador Polis reabrió la prisión en 2020.) En 2013, un hombre que había pasado la mayoría de sus ocho años de cárcel en confinamiento solitario disparó y mató a Clements en la puerta de su casa.

Rick Raemisch, el sucesor de Clements, describió el asesinato como una de las consecuencias inesperadas del confinamiento solitario. En un ensayo publicado en 2017 en el diario The New York Times, Raemisch describió el confinamiento solitario como una forma de “tortura” que “fabrica y empeora las enfermedades mentales”. Ese mismo año, Raemisch implementó una norma que buscaba limitar el confinamiento solitario a 15 días máximo.

La norma fue un paso importante para que las prisiones fueran menos traumáticas. Williams, el director del Departamento de Correccionales desde enero de 2019, buscó continuar esta tendencia cuando hizo que la “normalización” fuera su prioridad principal. Esto significa hacer que las prisiones tengan menos que ver con el castigo y más con la rehabilitación para que, cuando las personas salgan en libertad, sea menos probable que regresen.

Antes de la pandemia, las personas pintaban murales, tomaban clases de CrossFit y obtenían trabajo y capacitación laboral a través del programa estatal Take TWO. La pandemia acabó con todo esto, dijo Jamie Amaral, exguardia en Sterling que trabajó en uno de los equipos estatales dedicados a idear e implementar la normalización como norma.  

Durante la pandemia, Amaral dijo, los encargados de las prisiones suspendieron las visitas familiares, eliminaron el tiempo al aire libre y cancelaron los programas laborales y educativos. Dijo que estas precauciones causarán que sea más difícil para las personas encarceladas cuando salgan en libertad.  

“Los vas a poner de nuevo en la sociedad después de una experiencia horrible en la que los trataron tan mal”, Amaral dijo en una entrevistas. “Los están preparando para el fracaso”.

Amaral agregó: “Hablan de la prisión como si fuera rehabilitación. No deberías terminar con TEPT y tener que ir a terapia para recuperarte de eso. Las personas van a tener que recuperarse de lo que les dijeron los compondría”.

Determinado a permanecer fuera de la prisión

Williams dijo que la normalización sigue siendo su objetivo principal. Espera que pronto se reanuden los programas que se redujeron durante la pandemia. También quiere establecer un sistema de correo electrónico para que las personas puedan tener más opciones para hablar con sus familias, amigos y seres queridos. Dijo que estos programas les darán a los presos más “esperanza” y “propósito” para ayudarlos a lidiar con los efectos de los cierres por COVID-19. 

Los brotes de COVID-19 siguen causando restricciones al movimiento en las prisiones. Pero la vacuna parece estar ayudando a que los brotes sean menos comunes. Para el 17 de mayo, alrededor del 74 por ciento de las personas encarceladas en prisiones de Colorado habían recibido por lo menos una dosis de la vacuna contra COVID-19, según datos del Departamento de Correccionales. En mayo, Williams dijo que la tasa de vacunación entre el personal penitenciario era menor, alrededor del 52 por ciento, a pesar de un incentivo de $500 para vacunarse.  

Harter, quien estuvo en cuarentena en Centennial South, ahora está encarcelado en Arrowhead Correctional Center en Cañon City, una cárcel de mínima seguridad donde espera terminar su sentencia por intento de robo. Dijo que ya se vacunó y está trabajando en la cocina, algo que soñaba hacer cuando estaba aislado en Centennial South. Dijo que está planeando ver al consejo de libertad condicional en junio, y que piensa que tiene una buena oportunidad de salir en libertad. 

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Matthew Harter en una fotografía sin fecha. Fotografía cortesía de Patricia Peel

Cuando Harter salga, dijo que tendrá que monitorear su sobriedad. Ha estado adicto a drogas estimulantes, como la cocaína, y a los opioides, los cuales usaba para calmarse. También tiene traumas que superar. Dijo que su hijo murió por sobredosis. Y recientemente terminó mal una relación.

El tiempo que ha pasado en prisión es una experiencia más que ha tenido que sobrellevar.

“Voy a tratar de usar la terapia e ir a un grupo de apoyo. Y solo poder vivir mi vida, ir a trabajar y estar activo, estoy seguro me ayudará”, Harter dijo. “Estoy decidido a no regresar a la cárcel”.

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Traducido por Alejandra X. Castañeda

John Herrick
Periodista independiente
Boulder, Colo.