2020-04-17
Historia

Kai Calder (izq.) y Quentin Pearson observan mientras automóviles se ponen en fila con personas que buscan obtener alimentos en el Banco de Alimentos del Condado de Larimer el 17 de abril de 2020 en Fort Collins, Colorado.

Fotografías de Joe Mahoney / enviado especial para The Colorado Trust

Por Jennifer Oldham

Madres en Parachute no encuentran fórmula infantil para alimentar a sus bebés. Residentes aislados cerca de Fairplay no tienen acceso a alimentos. Personas sin hogar pasan la cuarentena en un motel de Denver y necesitan que les traigan todas sus comidas. Trabajadores migrantes en Pueblo no tienen arroz ni frijoles.

Las consecuencias económicas negativas de la pandemia de COVID-19 está dejando cocinas vacías a lo largo y ancho de Colorado, con una tasa de desempleo cerca del 30 veces más alta que durante el peor período de la Gran recesión. Entre el 16 de marzo y el 11 de abril, 231,610 personas enviaron solicitudes iniciales de desempleo al estado. Una demanda incomparable de asistencia alimentaria está empeorando las desigualdades ya presentes mucho antes de la llegada del coronavirus y exponiendo las brechas de los programas gubernamentales de alimentos.

“Todos necesitan comida en estos momentos”, dijo Dana Wood, una gerente de proyectos para la Alianza de Alimentos Sanos y Abundantes (Safe and Abundant Nutrition Alliance o SANA, en inglés). La organización ofrece servicios en condados montañosos muy afectados por la pandemia en la Ladera Occidental. “Cada persona tiene una diferente historia desgarradora que va más allá de la comida”.

SANA es una de las 385 agencias no lucrativas que solicitaron ayuda de emergencia después de que un número récord de personas en Colorado perdieran su trabajo debido a las órdenes de permanecer en casa para reducir la propagación del coronavirus. El 8 de abril, el Plan de Colorado para Acabar con el Hambre (Colorado Blueprint to End Hunger, en inglés) distribuyó $785,000 a SANA y 69 otros beneficiarios, una parte de los $6.8 millones solicitados; se planean más rondas de subsidios.

La inseguridad alimentaria está arrasando con el país. Mientras más personas pierden su trabajo y la pobreza aumenta, 17.1 millones de personas más quizás no tengan suficiente comida en los próximos meses, según cálculos de Feeding America, la organización no lucrativa más grande en el país dedicada a aliviar el hambre. Esas personas se unirán a los 14.3 millones de hogares que, antes de la pandemia, no tenían dinero suficiente para comprar alimentos nutritivos. La duplicación o triplicación de la demanda para obtener asistencia alimentaria en ciertos lugares ha causado que programas federales y estatales no se den abasto.

Los bancos alimentarios están trabajando horas extra y cientos de despensas en el país cerraron después de que sus voluntarios de edad avanzada decidieran quedarse en casa o el personal se ausentara por enfermedad. Atender a comunidades de alto riesgo también es un desafío cada vez mayor. Hasta las agencias no lucrativas que se encargan de alimentar a las mascotas están teniendo dificultades para cubrir necesidades.

En Ohio y Luisiana, la Guardia Nacional está distribuyendo víveres. En un banco de alimentos de Pittsburgh, el video grabado con un dron de la fila de automóviles esperando para recibir alimentos se hizo viral en las redes sociales. Un banco comunitario de alimentos en Atlanta gastó $500,000 para comprar víveres por siete días, 10 veces más de lo que gasta normalmente.

Una red nacional de 200 bancos de alimentos, incluidos cinco en Colorado, que recibieron productos a través de Feeding America están “enfrentando una escasez de alimentos nunca antes vista”, dijo Zuani Villarreal, directora de comunicaciones, por correo electrónico. Las donaciones de socios comerciales y fabricantes, las cuales constituyen la mitad de los víveres que la organización envía a sus bancos integrantes, han disminuido en un 70 por ciento.

La organización calcula que se necesitarán $1.4 billones en recursos adicionales en los próximos seis meses para ofrecer suficiente comida a personas que la necesitan. Las consecuencias de la pandemia ya destruyeron los avances difícilmente obtenidos para reducir la inseguridad alimentaria entre las 50 millones de personas que la enfrentaron durante la Gran Recesión de 2009. Apenas el año pasado las cifras volvieron a alcanzar sus niveles previos a la recesión.

COVID-19 también está amenazando con deshacer el progreso que las organizaciones que luchan contra el hambre en Colorado habían alcanzado para conectarse con una de cada 10 personas, y uno de cada seis niños, que sufren de inseguridad alimentaria.  

Colorado figura entre los estados con el porcentaje más bajo de participación en el Programa federal de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés), conocido anteriormente como los cupones de alimentos, y el programa de Mujeres, Infantes y Niños (WIC, por sus siglas en inglés), con el 44º y 48º lugar, respectivamente. El número de personas inscritas se ve afectado negativamente por obstáculos como la falta de transporte, requisitos complicados y acceso mínimo a ayuda comunitaria para completar la solicitud, según un estudio del Plan de Colorado para Acabar con el Hambre.

Este porcentaje podría cambiar, ya que las autoridades federales aprobaron solicitudes de exenciones de agencias en Colorado para que aumentaran los beneficios mensuales, eliminaran las entrevistas en persona y modificaran la documentación necesaria para reunir requisitos. Los cambios se están realizando al mismo tiempo que las solicitudes de asistencia aumentan con rapidez.

“Nuestros condados están agobiados procesando los beneficios de SNAP”, dijo Jason Harrison, gerente de la red de despensas de alimentos para Hunger Free Colorado. La organización administra una línea telefónica con guías que ayudan con el proceso de completar solicitudes.  

“Recientemente, en un día, ayudamos con más de 100 solicitudes de SNAP, [una cantidad] que usualmente haríamos en un mes”, dijo.  

En el Condado de Pitkin, los operadores de teleféricos, empleados de la limpieza en hoteles y trabajadores de restaurantes figuraron entre una gran cantidad de personas que trabajaban en el turismo y que perdieron su trabajo después de que el gobernador Jared Polis ordenara el cierre de los centros de esquí en marzo. Casi 1,000 personas solicitaron beneficios de SNAP en unas pocas semanas, una cantidad que usualmente se recibe a lo largo de seis meses.  

A nivel estatal, el sistema Colorado PEAK, en donde los residentes completan tales solicitudes por internet, observó un aumento del 37 por ciento durante la semana del 22 de marzo, dijo Karla Maraccini, directora de la división de asistencia alimentaria y energía eléctrica con el Departamento de Servicios Humanos de Colorado.  

La agencia recibió $5.2 millones en asistencia alimentaria de emergencia como parte del programa de asistencia del congreso federal debido al coronavirus, pero todavía no tiene el dinero. Alrededor de $4 millones está designado para obtener productos del Departamento de Agricultura de EE. UU. y distribuirlos entre residentes con ingresos más bajos en espera de que les aprueben los beneficios de SNAP.

“Si tenemos áreas en la comunidad que sabemos que no recibirán SNAP inmediatamente, pero ya enfrentan grandes necesidades, podemos ayudarlas a sobrellevar [el periodo] hasta que reciban sus beneficios de SNAP”, Maraccini dijo. “Recibimos reportes semanales de despensas más pequeñas que dicen: ‘nuestros estantes están vacíos’. Estamos tratando de que todos mantengan tantos productos como sea posible”.  

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Deb Lippert, quien trabaja en el Banco de Alimentos del Condado de Larimer, jala un par de carritos con víveres para personas que los necesitan.

Las compras de pánico a raíz de las órdenes rápidas y cambiantes de clausura por COVID-19 alteraron la cadena de suministros y disminuyeron las donaciones que los supermercados hacen a los bancos y las despensas de alimentos en Colorado. Las organizaciones dependen de estas donaciones.

Camiones que usualmente transportan un tercio de los víveres que Food Bank of the Rockies distribuye entre 600 agencias no lucrativas en Wyoming y el norte de Colorado llegaron a su bodega casi vacíos en marzo, después de parar en Walmart, King Soopers y Safeway.

Por lo tanto, algunas despensas no recibieron los cargamentos de productos que solicitaron y esto causó que tuvieran que negarle la entrada a personas durante los primeros días de la crisis por COVID-19. Los bancos de alimentos dijeron que nunca antes habían esperado tanto para recibir víveres de productores y distribuidores mayoristas.

“Hicimos pedidos adicionales de camiones llenos de alimentos y estamos enfrentando retrasos alarmantes en su entrega”, dijo Julia McGee, directora de comunicaciones para Community Food Share en Louisville.

“Nos han dicho que la entrega será en cuatro a ocho semanas, cuando usualmente solo necesitamos esperar dos semanas”, agregó McGee, cuya organización distribuyó 1 millón de libras de alimentos en marzo, más que en cualquier otro mes en sus 39 años en funcionamiento.

Las pautas para mantener el distanciamiento social también forzaron a las despensas en todo el estado a tener que diseñar nuevos métodos de entrega de alimentos a sus clientes. Algunas recortaron sus horas de atención para tener tiempo de empacar cajas con alimentos ya que sus clientes no pueden elegir ellos mismos sus productos de manera segura adentro de las instalaciones. La mayoría de las despensas empezaron a repartir alimentos a los clientes que llegan directamente en sus automóviles.

Después de perder gran parte de sus voluntarios y a algunos empleados que se ausentaron por enfermedad, o porque estaban cuidando a un familiar enfermo, algunos gerentes de los bancos de alimentos trabajaron ellos mismos entregando cajas.

“He estado entregando alimentos a las personas y eso ha sido muy difícil porque otros problemas no se están resolviendo”, dijo Amy Pezzani, directora ejecutiva del banco de alimentos en el Condado de Larimer. Recientemente, tres de sus gerentes tuvieron que ausentarse y no tenía a los voluntarios que contribuyen el trabajo equivalente a 20 empleados de tiempo completo. “Sabemos que hay más necesidades de las que estamos cubriendo”.  

Food Bank of the Rockies perdió a todos sus voluntarios corporativos, un grupo que está empezando a reconstruir con integrantes de la comunidad. Necesita hasta $10 millones, además de sus gastos administrativos, para duplicar su servicio en los próximos meses, aunque su cadena de suministros se haya recuperado “un poco” en abril.  

“Esta respuesta será una iniciativa increíblemente costosa para Food Bank of the Rockies”, dijo Erin Pulling, directora ejecutiva de la organización. “Algunas de nuestras despensas móviles en comunidades montañosas triplicaron la cantidad de alimentos que están distribuyendo; las personas que viven en comunidades rurales se están viendo muy afectadas”.

En los condados de Eagle, Garfield y Pitkin, en donde los empleados de la industria del servicio solían manejar hasta cuatro horas, ida y vuelta, todos los días para trabajar en trabajos que ya no existen, el número de personas que visitan los sitios de distribución de alimentos se ha duplicado a 240 automóviles por semana, dijo Wood de SANA. El subsidio de $18,750 que SANA recibió del Plan de Colorado para Acabar con el Hambre se usará para comprar carne de res de ranchos locales y frutas y verduras de granjas locales.

Media hora hacia el oeste, la organización de Alcance Católico en el Valle de Grand en Grand Junction, la cual normalmente atiende a 150 personas sin hogar y veteranos en su comedor comunitario, ahora solo permite que entren 10 clientes a la vez debido a las pautas de distanciamiento. Una despensa que administra la iglesia cristiana Clifton en el Condado de Mesa distribuyó alimentos a 750 personas en marzo, casi cuatro veces más de lo normal.

La necesidad en el sur de Colorado está aumentando día a día y ha forzado a Lynne Telford, directora ejecutiva del Banco de Alimentos “Care and Share” en Colorado Springs, a autorizar $500,000 más allá de su presupuesto anual para comprar víveres adicionales. Telford canceló un evento para recaudar fondos que usualmente reúne esa misma cantidad.

“Hay personas que nos visitan y que nunca antes habían solicitado ayuda alimentaria”, dijo Telford, cuya organización ayuda a clientes que viven tan lejos que deben enviarles su comida por correo postal. “Tienen miedo, perdieron su trabajo y no pueden trabajar; ahora tienen que quedarse en casa con sus hijos”.

En Colorado Springs, una despensa que administra la organización Crossfire Ministries ha ayudado a 70 familias más de lo normal desde marzo. Actualmente está ayudando a 250 hogares varias veces por semana, con una fila de automóviles que empieza en su entrada y se extiende cinco cuadras calle abajo, dijo Renee Beebe, directora ejecutiva.

“Podemos asistir a 100 automóviles en 45 minutos”, dijo, y agregó que algunos de sus clientes llegan en bicicleta o toman el autobús para recoger una caja con alimentos.

En Boulder, la Despensa para Mascotas de Colorado (Colorado Pet Pantry, en inglés) perdió a una de las organizaciones donantes que usualmente envía 12 palés al mes, suficientes para alimentar a 400 animales, debido a las órdenes de distanciamiento físico. El número de personas solicitando ayuda de la despensa, la cual distribuye alimento para mascotas en la Ladera Frontal, se duplicó, mientras que sus donaciones disminuyeron y las nuevas pautas la forzaron a posponer un evento de recaudación de fondos programado para el 18 de abril.

“Envié mensajes por correo electrónico a personas que nos donan alimento para mascotas diciéndoles que necesitamos ayuda”, dijo Eileen Lambert, quien fundó la agencia no lucrativa hace siete años. “Estoy tratando de lidiar con el hecho de que no me están llegando tantas respuestas como necesitamos, especialmente en comparación con la creciente demanda”.

En Denver, la organización de Servicio Familiar Judío (Jewish Family Service, en inglés) distribuyó en 10 días lo que usualmente hubiera distribuido en un mes a los automóviles que llegaron solicitando ayuda, dijo Gabe Moe-Lobeda, coordinador del programa de despensa familiar básica, durante una reunión virtual el 26 de marzo organizada por Hunger Free Colorado. La organización necesita fruta enlatada, carne, frijoles, sopa y mantequilla de cacahuate, entre otros productos.  

Con bancos y despensas de alimentos colapsando bajo el peso de necesidades extraordinarias, otras personas decidieron hacer algo. La Cooperativa de Atención Comunitaria (Community Care Collective, en inglés), una organización no lucrativa en el vecindario de Five Points en Denver, está preparando cientos de almuerzos empaquetados y entregándolos en camionetas prestadas varias veces por semana a personas que viven en la calle o en viviendas subvencionadas. Sus instalaciones temporalmente clausuradas ahora albergan refrigeradores donados llenos de comida.

“He estado viendo pacientes a distancia, pero no tardamos el mismo tiempo que de costumbre”, dijo Crow Carag, directora de servicios de salud para la cooperativa. “Tenemos esta clínica enorme y hermosa y un espacio comunitario que no se están usando”.  

En Fort Collins, Gib’s New York Bagels está donando 5,000 bagels naturales y con canela y pasas y 1,000 paquetes individuales de queso crema a bancos y despensas de alimentos en la región, cerca del 50 por ciento de sus ventas al por mayor. El esfuerzo permite que la compañía mantenga a sus cocineros y otro personal de producción ya que sus ventas al por menor en sus cuatro tiendas bajaron en un 50 por ciento.

“Queremos mantener el nivel de producción y a tantos empleados como sea posible”, dijo Rachel Yendra, presidenta de Gib’s. “Queremos contribuir a la comunidad: celebraremos nuestro 25º aniversario este año”.  

Mientras tanto, líderes estatales se esfuerzan por ayudar rápidamente a las agencias. El 13 de abril, un grupo estatal de trabajo para alimentar a la comunidad (Statewide Feeding Task Force, en inglés) anunció que había recibido suministros valuados en $3 millones de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency o FEMA, en inglés). Los víveres recibidos incluyeron 8,200 cajas con fórmula para bebés; 34 centros de recursos familiares, al igual que bancos de alimentos, distribuirán los productos.

Las agencias dedicadas a combatir el hambre enfatizaron que, hasta con la ayuda adicional, no creen que la necesidad récord de alimentos disminuya pronto.  

“Hubiera sido relativamente fácil asumir el reto durante cuatro semanas [bajo el efecto de] la adrenalina”, dijo Pulling, directora ejecutiva de Food Bank of the Rockies. “Estamos reconociendo cada vez más que esto va para largo. Será una operación de ayuda de emergencia que durará varios meses”.  

Jennifer Oldham
Periodista
Denver, Colorado