2020-05-04
Historia

Eva Ruiz frente a la Despensa para Personas de las Llanuras, un recurso gratuito que ofrece alimentos, pañales y otros productos básicos en Yuma. Ruiz y sus vecinos ayudaron a construir la despensa, la cual se ha usado mucho durante la pandemia.

Fotografía de Joe Mahoney / enviado especial para The Colorado Trust

Por Kristin Jones

Pasaron años llenos de parrilladas, fiestas navideñas y festivales del Cinco de Mayo para que algunas personas que viven en el pueblo de Saguache y la comunidad cercana de KV Estates en el Valle de San Luis sintieran que podían contar con sus vecinos.

Se necesitó una pandemia para presentar el ejemplo perfecto de por qué todo eso es tan importante.

Cuando la propagación del coronavirus forzó a los habitantes de Colorado a quedarse en sus hogares, un grupo comunitario llamado HEART de Saguache y KV Estates logró identificar rápidamente las necesidades más urgentes.

Ochenta personas ancianas que viven en las comunidades, cada una de las cuales tiene alrededor de 500 residentes, compartieron con HEART que necesitaban comida a domicilio; algunas viven en áreas remotas en donde quizás sea difícil obtener alimentos en la mejor de las épocas. HEART trabajó con South-Central Colorado Seniors, la agencia dedicada a la vejez en el área del Valle de San Luis, para entregar cajas con alimentos. El grupo también organizó para que otras 100 familias recibieran cajas con frutas y verduras frescas y detergente para lavar ropa. Cuando una cañería se rompió en KV Estates y contaminó el suministro de agua, solicitaron una donación de Walmart y lograron que se entregara una tarima con agua.

Laurie Vigil, coordinadora de HEART, dijo que una familia los llamó un día cuando había 17 grados Fahrenheit de temperatura y la calefacción en su casa rodante dejó de funcionar. “Logramos llevarles propano y víveres y entregárselos en cajas”, Vigil dijo. 

En el área, cerca de una de cada cuatro personas vivía en la pobreza aún antes de la crisis.

Al mismo tiempo, “sé que en el pasado no había mucha confianza”, dijo Vigil, quien vive en Saguache desde hace año. Antes que los residentes locales trabajaran para establecer lazos más fuertes en la comunidad, la gente que necesitaba cosas “no pedía ayuda”.

Eso ha cambiado con los años, gracias a una serie de reuniones individuales, eventos comunitarios y celebraciones que parecían interminables hasta que COVID-19 acabó con ellos.

HEART es uno de los grupos comunitarios que The Colorado Trust ha estado apoyando mediante sus subsidios de Colaboraciones comunitarias. Las comunidades con las que trabajamos crearon sus propios planes para abordar las necesidades más extremas en sus pueblos y vecindarios, con la idea de que ellas conocen sus fortalezas y desafíos mejor que nadie. Pasaron tiempo estableciendo conexiones y aumentando su poder en varios sectores de la comunidad que no habían interactuado mucho en el pasado.

Y aunque cada comunidad tenía una ubicación geográfica, una composición demográfica y desafíos urgentes diferentes, casi todas eligieron enfocar sus recursos en crear una comunidad más cohesiva, conectada e inclusiva. Organizaron noches de película, almuerzos para ancianos y parrilladas e invirtieron su tiempo en promover mejoras en los espacios públicos compartidos. Trabajaron juntos sin importar las diferencias de idiomas y culturas.

Los científicos sociales a veces usan frases como “cohesión social” o “capital social” para describir lo que permite que una comunidad funcione bien. Características como lazos fuertes, valores comunes y un sentimiento de confianza, reciprocidad y solidaridad se encuentran en ciertas comunidades y en otras no.

Ese tipo de fortaleza colectiva puede ser el factor que determina la diferencia entre la vida y la muerte; investigadores han documentado las maneras como ayuda a que las comunidades superen desastres.

Daniel Aldrich dirige el Programa de Estudios de Seguridad y Resiliencia en la Universidad Northeastern en Boston. En 2005, Aldrich acababa de mudarse de Boston a Nueva Orleans con su familia, incluidos dos niños pequeños, cuando el huracán Katrina azotó. Ingenuo a la potencia de los huracanes en la Costa del Golfo, estaba planeando esperar en su casa a que pasara la tormenta.

“Por suerte, un vecino vino y nos salvó la vida”, Aldrich dijo. Aceptaron el consejo del vecino y evacuaron su casa; esta y todas las cosas adentro quedaron en ruinas.

La experiencia cambió el enfoque de su carrera académica, de la política japonesa a la resiliencia durante desastres: “Ahora, viajo vendiendo el valor del capital social”.   

En los años desde el huracán, Aldrich y sus colegas han reunido datos, algunos con 100 años de antigüedad, que demuestran que las conexiones sociales fuertes ayudan a las personas a prepararse para, sobrevivir y recuperarse de desastres. Nada es más importante, Aldrich razona.

Aunque prepararse para desastres con frecuencia se enfoca en ayudar a las personas para que organicen planes y botiquines de emergencia o en adaptar los gastos del gobierno y prepararlos para lo peor, estos métodos no funcionan por sí solos, dijo: “Todos los datos indican que lo que realmente importa es la cohesión, las conexiones con nuestros vecinos, la profundidad y amplitud de nuestros lazos sociales”.  

En el temblor, tsunami y accidente nuclear catastróficos que golpearon a Japón en 2011, la  cohesión social marcó la diferencia con respecto a las tasas de mortalidad, según encontraron Aldrich y sus colegas; en vecindarios con altos índices de confianza, los residentes fueron a buscar a los ancianos a sus hogares y los llevaron a lugares seguros o tocaron a la puerta en búsqueda de vecinos que necesitaban ayuda.

Los factores que pusieron a las personas en peligro no fueron la edad avanzada ni la pobreza, Aldrich descubrió. Fueron la edad avanzada, la pobreza y el aislamiento.

El mismo efecto se encontró en la ola mortal de calor que hubo en Chicago en 1995, dijo. Las personas ancianas bien conectadas socialmente encontraron lugares a donde escapar de sus apartamentos fatalmente calurosos.

Recuperarse de desastres también es más fácil cuando tienes una profunda fuente de conexiones sociales a tu disposición. Después de Katrina, por ejemplo, investigadores encontraron que una comunidad fuerte de inmigrantes vietnamitas, aunque pobre, pudo recuperarse mucho más rápido de lo esperado.

Aldrich y sus colegas encontraron que dos tipos de lazos sociales importantes son útiles en un desastre. El primer tipo es al que nomina “lazos liga” (binding ties, en inglés), es decir, las conexiones con personas similares y que ofrecen apoyo emocional y un idioma compartido. El segundo tipo son los “lazos puente” (bridging ties, en inglés), o las conexiones con personas externas a tu grupo inmediato que quizás tengan acceso a recursos, conocimientos o poder que tú no tienes.

Ambos tipos de conexiones han sido importantes para los integrantes de Yuma Unida Avanzando (Yuma United Making Advances o YUMA, en inglés), un grupo diverso de integrantes de la comunidad en la ciudad agrícola de Yuma en las Llanuras Orientales, dijo su coordinadora Kerri Horton.

“Estamos comunicándonos con todos nuestros integrantes individualmente pues sabemos que a todos les afectan las inequidades de forma diferente”, Horton dijo. “Nos comunicamos personalmente con todos ellos para asegurarnos de que estén bien. Un par de nuestros integrantes tienen mucha depresión y ansiedad”.

Encontraron que la crisis del coronavirus les hizo querer estar más conectados entre ellos, aunque el distanciamiento físico cause dificultades para hacerlo. En lugar de reunirse cada dos semanas en persona, como lo hacían antes, ahora se reúnen semanalmente por internet a través de Zoom. Ha sido difícil superar las barreras del idioma, pero el equipo está comprometido a que funcione, Horton dijo.  

Parte del trabajo que el grupo de Yuma hizo antes de la crisis ahora parece profético.

Eva Ruiz se mudó de México a la casa de sus abuelos en Yuma hace cuatro años, cuando tenía 13 años de edad. En la escuela de educación media, se enteró de un equipo de liderazgo, llamado Estrellas, para jóvenes latinas. Ahora es una de varias actividades en las que participa, junto con sus estudios de high school y su trabajo de seis horas diarias en Dairy Queen.

En 2018, Ruiz y algunas de sus amigas tuvieron la idea de establecer una despensa de alimentos abierta las 24 horas y disponible para cualquier persona que necesitara comida, pañales, papel de baño y otros productos básicos. Se asociaron con el Centro de Recursos Comunitarios Rurales y obtuvieron un subsidio de Yuma Unida Avanzando para construir un cobertizo al que llaman la Despensa para Personas en las Llanuras (People’s Pantry of the Plains, en inglés). Ruiz se dio cuenta de que a las personas les costaba pedir ayuda y pensó que esta sería una buena manera de abordar la situación.

“Si no tienen comida para la cena, pueden ir y agarrar lo que necesitan”, Ruiz dijo. “Es algo anónimo”.

Belicia Rascon, de 12 años de edad e integrante del grupo comunitario, escribió otra solicitud para recibir un subsidio y mantener la despensa continuamente llena. (“Si no comes, te mueres”, escribió en la propuesta para explicar los determinantes sociales de la salud sin necesidad de usar vocabulario técnico.)

La despensa ha sido una fuente constante de víveres de emergencia para la comunidad. La gente deja mensajes escritos en el tablero de anuncios adentro del cobertizo. Una persona escribió que la Despensa para Personas le había salvado la vida, Horton dijo. Otra escribió que hacía años que no comía una naranja.  

Durante la crisis, es más difícil abastecer la despensa, dijo Margo Ebersole, directora del Centro de Recursos para Comunidades Rurales (y mamá de Belicia). Pero con la dificultad de mantener abiertas las despensas de alimentos y los riesgos de ir al supermercado, el cobertizo es más importante que nunca.

El poder de conectar a las personas con los recursos que necesitan es casi imposible sin que las relaciones sociales fuertes impulsen la iniciativa. Es particularmente fundamental durante una crisis, como han demostrado en las últimas semanas estos grupos y otros que forman parte de las Colaboraciones comunitarias. 

En la comunidad de casas prefabricadas Lago Vista Mobile Home Park ubicada afuera de Loveland, un equipo de residentes logró conectar a integrantes de la comunidad con puntos de acceso Wi-Fi que el distrito escolar estaba distribuyendo, además de contestar preguntas sobre la pandemia.

En Hillside, un vecindario diverso en el sudeste de Colorado Springs, los vecinos han estado comunicándose entre sí, ofreciendo sus servicios como voluntarios, entregando paquetes con productos básicos y pidiendo recursos adicionales de la ciudad.

En Fountain, al sur de Colorado Springs, la organizadora comunitaria Erin Grajales y varios vecinos organizaron eventos todo el año pasado en parques poco visitados. Trajeron tiza para pintar veredas, burbujas y sogas para brincar y así reunir a los vecinos para que se conozcan.

Mucha gente en Fountain vive ahí por poco tiempo y se van, Grajales dijo. “Tenemos bastantes residentes que alquilan su vivienda o son familias militares que compran en el área y se quedan de uno a tres años. Nos han dicho que es difícil para la gente sentirse conectada”.  

Grajales lo entiende. Su esposo es integrante activo de las fuerzas armadas y su familia ha vivido en Hawái, Alemania y finalmente aquí.

“Entiendo lo que significa mudarse mucho. Sé lo que es sentirte nueva o desconectada de tu comunidad o de tu hogar”, Grajales dijo. Pero después de haber estado aquí un año y medio, ella y su familia se sienten muy conectados con este lugar. “Nos enamoramos y hemos decidido quedarnos”.  

Desde que empezó la pandemia, Grajales descubrió que su grupo ha estado usando mucho una cadena telefónica que crearon durante un año de organizar eventos en el parque y la biblioteca.

“Nos hemos estado comunicando individualmente con los residentes. Pasamos este último año creando lazos entre la gente”, Grajales dijo. Al mismo tiempo, “nuestro trabajo en Fountain nos ha dado la oportunidad de conectarnos con múltiples socios y organizaciones comunitarias. Sabemos qué tipos de recursos locales están disponibles y los nuevos que van surgiendo”.

Ahora, dijo, “nos vemos como un puente entre los dos: conectar a los residentes con los maravillosos recursos nuevos que están disponibles”.

Varios de estos grupos han tenido que cancelar eventos comunitarios planeados para la primavera, el mismo tipo de eventos que les permitieron establecer lazos sociales fuertes para empezar. Saguache canceló su evento para el Cinco de Mayo. Las reuniones mensuales en la biblioteca de Fountain no se están realizando.

Y algunos temen que todavía no hayamos pasado por lo peor. En Saguache, Yuma y otras áreas rurales, hay muchas personas de edad avanzada potencialmente vulnerables al virus. Horton se pregunta si a suficientes personas les están haciendo la prueba.

Los organizadores con los que platiqué dijeron sentirse motivados para seguir estando pendientes de sus vecinos, ahora más que nunca.

“Este es mi hogar”, Grajales dijo. “Me importa esta comunidad”.

Aldrich ha observado el mismo tipo de actividades locales en donde vive en Boston. Las personas han estado pasando mensajes debajo de la puerta de vecinos que quizás necesiten ayuda y contactando a gente anciana o con deficiencias inmunológicas. Estas actividades salvan vidas, explicó.

“Dure lo que dure [la pandemia]”, dijo, “estas son las comunidades a las que les irá bien”.  

Kristin Jones
Subdirectora de comunicaciones
The Colorado Trust