2017-09-15
Historia

Andrea Fuller de Denver depende del Programa federal de Asistencia Nutricional Suplementaria—comúnmente conocido como SNAP, por sus siglas en inglés—para ayudar a cubrir el costo de darles a sus dos hijos alimentos más sanos.

Fotografía de Joe Mahoney

Por Jenny McCoy

Andrea Fuller solía odiar ir a comprar al supermercado y las decisiones difíciles que tenía que tomar entre los productos que podía pagar y los que no cada vez que iba.

Como madre soltera viviendo en Denver, Fuller tiene tres trabajos para mantenerse a sí misma y a sus hijos, de 11 y 15 años, y con frecuencia trabaja 17 horas al día, seis días—y a veces siete—por semana. Sin embargo, este horario agotador no genera lo suficiente para cubrir todos sus gastos, los cuales incluyen costos médicos altos para tratar la enfermedad crónica de su hijo.

Desde 2008, Fuller ha dependido del Programa federal de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés; antes conocido como cupones para alimentos) para ayudar a cubrir la diferencia. Esto ha aliviado su temor de ir al supermercado.

“No puedo describir la tranquilidad que sentí al ir al supermercado cuando empecé a recibir SNAP”, Fuller dijo. “Sentí un alivio inmenso”.

Los $200 a $400 adicionales que Fuller recibe cada mes a través de SNAP le permiten comprar productos de mayor calidad—frutas y verduras orgánicas, lácteos y carnes bajas en grasa—en lugar de alimentos más baratos y más procesados. Ya no se preocupa si tendrá suficiente comida, especialmente comida sana, para alimentar a sus hijos en edad de crecimiento.

Fuller es una de aproximadamente 476,000 personas en Colorado que participan en SNAP. El programa ofrece asistencia nutricional para personas con bajos ingresos, y es uno de los programas federales que tanto el presidente Trump como los representantes republicanos en el Congreso buscan incluir en la propuesta para recortar el presupuesto.  

El plan de Trump disminuiría los fondos federales para SNAP en un 25 por ciento—o $193 billones—durante el trascurso de 10 años; los recortes que sugieren hacer los republicanos en la Cámara de Representantes eliminarían los beneficios de SNAP en $154 billones durante el mismo periodo de tiempo. Esto quiere decir que más de 80,000 hogares perderían los beneficios en 2023. Ambos planes reducirían (y, en ciertos casos, eliminarían) los beneficios de SNAP para las comunidades más vulnerables, incluyendo hogares con niños y desempleados, los ancianos y las personas discapacitadas.  

Estos recortes sugeridos parecen ignorar los beneficios tanto a corto como a largo plazo del programa. La participación en SNAP es una fuerza catalizadora poderosa para vivir una vida mejor; sacó de la pobreza a 4.7 millones de personas en Estados Unidos en 2014, según el Centro de Prioridades Presupuestarias y Políticas, una organización con tendencias hacia la izquierda política. El programa también ayuda a un porcentaje importante de personas de color: según estadísticas publicadas en 2014 por el Departamento de Agricultura de EE.UU. y la Oficina del Censo, el 13.7 por ciento de todas las personas afroamericanas usan el programa para obtener asistencia nutricional, en comparación con el 3.5 por ciento de todas las personas blancas en Estados Unidos.

El programa está directamente conectado con varios efectos positivos en la salud, especialmente para niños como los de Fuller, quienes reciben beneficios de SNAP en la primera infancia. A principios de este año, el Instituto de Investigaciones Políticas de Northwestern University publicó un informe que dijo que las personas que reciben SNAP desde pequeñas corren menos riesgo de ser obesas y tener diabetes, enfermedades coronarias e hipertensión cuando adultas. También es más probable que digan estar gozando de buena salud. El acceso a los beneficios de SNAP mejora las tasas de graduación de la preparatoria en un 18 por ciento, y las mujeres que tuvieron acceso a SNAP cuando niñas desarrollan mayor autosuficiencia económica más adelante, según el informe de Northwestern.

A pesar de estos resultados, los beneficios de SNAP no se utilizan tanto como se podrían utilizar, especialmente en Colorado. Un mapa creado por el Centro de Colorado sobre Leyes y Políticas (CCLP, por sus siglas en inglés), un beneficiario de The Colorado Trust, muestra desigualdades a nivel condado entre el número de residentes que califican para SNAP y el número de residentes que realmente participan en el programa.

En la actualidad, solo tres de cada cinco residentes en Colorado participan, lo cual significa que 350,000 personas que califican no están participando. Esta cifra hace que Colorado ocupe el puesto número 45 en el país con relación a la eficiencia de personas inscritas, según los Informes del Impacto de los Cupones para Alimentos de la organización Hunger Free Colorado.

La diferencia en Colorado entre los residentes que califican, los que están inscritos y califican, y los residentes no inscritos varía mucho por condado. El Condado de Pueblo, por ejemplo, se tiene el porcentaje más alto de participantes, con el 93.5 por ciento de personas que califican para SNAP participando en el programa. Del lado opuesto se encuentra el Condado de Pitkin, con solo el 11.2 por ciento de personas que califican participando en el programa.  

Estas diferencias tan grandes entre condados probablemente sean el resultado de diversos factores, dijo Chaer Robert, gerenta de programas para la seguridad familiar en CCLP. La eficacia de las iniciativas de alcance comunitario, las diferentes actitudes hacia la asistencia pública, y hasta qué tan lejos se encuentre ubicada la concentración más alta de hogares que viven en la pobreza de la agencia de servicios humanos en el condado (la cual usualmente administra la participación en SNAP) pueden desempeñar un papel.

“La gente piensa que SNAP son las personas que viven con pobreza crónica en Denver”, Robert dijo. “Pero en las áreas rurales, la gente quizás acepte más el hecho de que podrían necesitar ayuda para comprar comida”. Esto quizás explique por qué la participación en SNAP tiende a ser más alta en los condados rurales de Colorado, pese a excepciones como Pitkin.

En general, las comunidades en Pitkin y otros condados con centros de esquí tienen porcentajes más bajos de participación en SNAP y porcentajes más altos de habitantes nacidos en el extranjero, en comparación con los promedios estatales, dijo Joël McClurg, director de políticas públicas en Hunger Free Colorado.

“El estigma y miedo podrían estar contribuyendo a los bajos porcentajes de personas que participan entre las comunidades inmigrantes”, McClurg dijo, aclarando que aunque los inmigrantes indocumentados no califican para SNAP, los inmigrantes documentados que sí califican quizás tengan miedo de solicitar ayuda debido al ambiente político actual. Eso es problemático—no solo porque las poblaciones que califican no están recibiendo la ayuda necesaria, pero también porque los porcentajes más bajos en la participación pueden tener repercusiones económicas generalizadas.

“La participación en SNAP es importante para apoyar las economías locales en áreas rurales”, McClurg dijo. Los recortes a fondos de SNAP crearían un efecto dominó negativo entre las comunidades locales, agregó, dañando no solo a quienes reciben beneficios de SNAP sino también a los almaceneros, granjeros, fabricantes, distribuidores y otros que forman parte de la cadena para suministrar alimentos. “Causarían conmoción en las comunidades rurales, especialmente en aquellas que todavía se están recuperando de la recesión”, concluyó.

Y para aquellos que argumentan que se deberían recortar los fondos de SNAP simplemente porque el programa se subutiliza en estados como Colorado, McClurg tiene dos puntos que aclarar.

“En primer lugar, el dinero que no se gasta no se va a ningún otro lugar”, McClurg dijo, y explica que los fondos no utilizados simplemente se desvían a otras áreas del presupuesto federal de Estados Unidos. En segundo lugar, recortar los fondos de SNAP “limita la habilidad del programa de expandirse en el futuro, como durante periodos de recesión económica o en casos de desastres naturales”, dijo, señalando a los evacuados del Huracán Harvey que ahora tienen acceso a una forma especial de SNAP conocida como SNAP para desastres (o D-SNAP, en inglés), la cual ayuda a hogares que califiquen a superar la pérdida repentina de alimentos causada por dichos eventos.

“Recortar el programa debilita su capacidad para responder durante los momentos difíciles”, McClurg dijo.

En general, la participación en SNAP es una ventaja para la economía de Colorado. Cada $5 en beneficios de SNAP generan aproximadamente $9 en la actividad económica local, según estudios federales. En 2016, SNAP generó cerca de $728 millones para la economía de Colorado, según un informe de CCLP en Moody’s Analytics.

Dejando a un lado los aspectos económicos, para Fuller el problema central es un problema humano. Tiene solo una pregunta que quisiera hacerles a quienes apoyan reducir los beneficios de SNAP: ¿Alguna vez te has preguntado cómo vas a alimentar a tus hijos?

“Si no lo has hecho, no puedes empatizar con aquellos que sí”, Fuller dijo. “Hasta que hayas estado en esa situación, no puedes imaginarte o empatizar con la desesperación que hemos enfrentado y estamos buscando superar”.

Jenny McCoy
Periodista
Boulder, Colorado