2017-08-07
Historia

(der. a izq.) La presidenta y directora ejecutiva de la Fundación de Salud de Colorado, Karen McNeil-Miller, modera la discusión de un panel con los ponentes del Simposio de Salud de Colorado 2017 Susan Taylor Batten, Asociación de Ejecutivos de Fundaciones Negras; Hugh Vasquez y Kathleen Osta, Proyecto Nacional de Equidad; y, Theo Wilson, Shop Talk Live.

Fotografía cortesía de Chris Schneider Photography 

Por Kristin Jones

Estados Unidos y el estado de Colorado son más diversos racialmente que nunca. En 30 años, se espera que menos de la mitad de la gente que vive en Estados Unidos sea blanca, según Manuel Pastor, PhD, director del programa para la equidad ambiental y regional de la Universidad del Sur de California, quien cita datos del censo. Lo que está impulsando este cambio no es la inmigración sino los nacimientos; la gente de color es más joven, en promedio, que la gente blanca, y esa diferencia está aumentando.

¿Significa esto que estamos avanzando inevitablemente hacia un Estados Unidos posracial?

Para nada.

Los cambios demográficos llegan en un momento en el cual la desigualdad está aumentando. El ingreso medio se ha estancado, mientras que los ricos han acumulado más y más las ganancias económicas. Al mismo tiempo, una diferencia racial en las riquezas se ha calcificado, dejando a la mayoría de las familias negras con solo seis centavos por cada dólar de la riqueza que tiene una familia blanca promedio. El grupo racial al que pertenecemos continúa siendo un predictor fuerte de los resultados de salud, como las enfermedades cardiacas, la diabetes y la muerte prematura—aún después de no tomar en consideración el ingreso y la educación, dijo Darrick Hamilton, PhD, un economista en The New School.

Estas inequidades nos están dañando a todos, Pastor dijo. La Reserva Federal de Cleveland ha encontrado que se necesita tener una igualdad de ingresos y una inclusión racial para tener un buen crecimiento económico. El Fondo Monetario Internacional ha resaltado que los países profundamente desiguales no pueden mantener su salud económica.

“La equidad requiere que hablemos francamente sobre la raza”, Pastor explica, agregando que: “Va a ser una conversación incómoda”.  

Pastor y Hamilton fueron algunos de los primeros ponentes que participaron en el Simposio de Salud de Colorado, una conferencia anual de expertos en políticas de salud, trabajadores de salud y legisladores que se reúnen en el verano bajo el auspicio de la Fundación de Salud de Colorado. La fundación recientemente cambió su objetivo para enfocarse más específicamente en reducir las diferencias en los resultados de salud, y la conferencia de este año buscó promover la conversación sobre las inequidades e injusticias centrales de las disparidades que persisten en la expectativa de vida y salud de las personas en Estados Unidos.

Se invitó a los integrantes de la audiencia para que hicieran preguntas y, desde el principio, se notó un tema en común: ¿Por qué el enfoque en la raza? ¿No hay otras inequidades que se merezcan la atención? ¿Y qué hay de la pobreza entre la gente blanca que vive en zonas rurales? ¿Y qué hay de los derechos de la comunidad LGBT?

Estas no son preguntas nuevas. Desde que The Colorado Trust empezó a trabajar exclusivamente en tratar la equidad en salud en 2012, hemos enfrentado frecuentemente la misma resistencia a conversaciones sobre la raza. Muchas personas que están de acuerdo con el principio de que toda la gente en el país debe tener acceso justo e igualitario a oportunidades para gozar de buena salud se resisten a la idea de que esto requiere un enfoque sostenido en las razones principales del racismo y su continua presencia en Estados Unidos. La conversación con frecuencia es dolorosa para todos.

Karen McNeil-Miller es la presidenta y directora ejecutiva de la Fundación de Salud de Colorado. Ella intentó contestar estas preguntas directamente en la sesión de la mañana siguiente.

 “La raza es el más persistente, generalizado y venenoso de los determinantes sociales de la salud”, dijo. Se relaciona de cerca con otras inequidades—como en la vivienda y los ingresos. “Al abordar [el tema de] la raza, se pueden tratar todas estas otras cosas”.

Y ella añadió: “Se debe empezar por algún punto”.

El racismo en Estados Unidos tiene raíces profundas. El país se construyó sobre una historia complicada que incluyó la masacre de personas indígenas y la esclavitud de africanos para el beneficio de una clase particular de hombres blancos terratenientes.

Esta historia es visible en la pobreza y enfermedad continua de muchos indoamericanos.  Se repite en las políticas de encarcelamiento masivo que han encerrado a generaciones de hombres negros. Se perpetúa a través de políticas migratorias que castigan y marginalizan a los trabajadores latinos mal pagados de los que depende la economía estadounidense.  

Theo Wilson es fundador de un programa llamado Shop Talk Live que organiza conversaciones de barbería sobre las causas principales de inequidades en las comunidades de Denver. Las discusiones, dice, se enfocan directamente en el trauma transgeneracional—los daños históricos que resuenan de manera mental y física.

Wilson dio el ejemplo del miedo a las intervenciones médicas que existe entre los afroamericanos. El miedo puede conectarse con daños reales, desde los experimentos médicos en esclavos negros hasta el experimento de Tuskegee dirigido por el gobierno, el cual dejó a hombres negros sufriendo sin saberlo de los efectos de la sífilis sin recibir tratamiento en una atrocidad que duró 40 años hasta 1972.

“Nos gustaría dejar estas cosas en el pasado. Pero no están en el pasado. Siguen estando vivas”, dijo Wilson, señalando, como ejemplo, las dudas persistentes sobre las vacunas en la comunidad afroamericana. “No quiero que no se vacune a los niños negros debido a un miedo cultural”.

Entonces, ¿por qué la gente blanca en particular debe participar en la lucha por la justicia racial cuando hay tantas otras injusticias que también importan y podrían considerarse más apremiantes?

El caso no es solo de índole moral. Nuestros futuros están conectados indisolublemente. La salud pública sufre cuando existen enfermedades y traumas no tratados en las comunidades negras y marrones. Se impide el crecimiento económico si hay una subclase definida racialmente. Nuestras escuelas, nuestros sistemas legales y nuestros vecindarios son más fuertes cuando reducimos las políticas opresivas que degradan nuestra humanidad compartida.  

“Dejemos de definir la raza como un juego de suma cero”, Wilson dijo.

Susan Taylor Batten, presidenta y directora ejecutiva de la Asociación de Ejecutivos de Fundaciones Negras, ofreció algunos antídotos concretos a las políticas y prácticas que perpetúan las inequidades raciales.

El objetivo, Batten dijo, debería ser que todos estén mejorando, al mismo tiempo que las diferencias raciales se van cerrando. Esto significa que menos personas están en prisión, por ejemplo, y que hay una diferencia menor entre el porcentaje de gente blanca y gente de color que está encarcelada. Esto requiere que examinemos específicamente la equidad racial cuando estemos evaluando el impacto de políticas e intervenciones. Esto significa tener más conversaciones sobre la raza.

Sabremos cuando lleguemos ahí, Batten agregó, cuando ya no podamos predecir la salud, las riquezas o el bienestar con base en la raza.

Ese día no es inevitable ni imposible.

Kristin Jones
Subdirectora de comunicaciones
The Colorado Trust