2017-08-31
Historia

Santiago Jaramillo, artista y residente por mucho tiempo del vecindario Westwood en Denver, está convirtiendo carritos de paletas como el de arriba en estaciones climáticas móviles, como parte de los esfuerzos para levantar conciencia sobre el cambio climático en la comunidad.

Fotografía de Joe Mahoney / encargado especial para The Colorado Trust

Por Larry Borowsky

Cuando en 2012 Hiram Licea se cambió al vecindario de Westwood en Denver, se mudó a una casa sin aire acondicionado. “Pasamos nuestros veranos sin [aire acondicionado], dice, “y era horrible. No había parques lo suficientemente cerca para ir caminando. Casi no había árboles. ¿En dónde encuentras sombra?”  

La temperatura de Denver llegó a los 90 grados durante 73 días ese año, incluyendo un periodo de 24 días seguidos. Ambas cantidades son récords. Pero si los pronósticos del clima están en lo correcto, ese tipo de verano podría convertirse en norma en lugar de la excepción a mediados del siglo—y los efectos en la salud recaerán desigualmente en vecindarios como Westwood.

Ese dato forma parte de la información que se encontró al crearse el Mapa de vulnerabilidad al calor en Denver, publicado en inglés este año por el Departamento de Salud Ambiental (DEH, por sus siglas en inglés) de la ciudad. Esta herramienta interactiva fue diseñada con el fin de ayudar a los funcionarios y habitantes de la ciudad a prepararse para los efectos del cambio climático global. La herramienta asigna a cada vecindario una puntuación de vulnerabilidad al calor que refleja su capacidad para adaptarse a las temperaturas en aumento. Aunque lo que esto significa para la equidad en salud no ha recibido mucha atención en los medios de comunicación, sí ha surgido como un enfoque importante entre los legisladores y proveedores de servicios sociales.

“Las poblaciones vulnerables como las comunidades de color, los ancianos, los niños pequeños, la gente que vive en la pobreza y aquellos con enfermedades crónicas corren el mayor riesgo de sufrir lesiones, enfermedades y la muerte en relación con el cambio climático”, resalta la Asociación Americana de Salud Pública, la cual declaró 2017 “el Año del Cambio Climático y la Salud”. Los estados de Oregón y California establecieron programas individuales dedicados a tratar este problema. A nivel federal, el Centro Nacional para la Salud Ambiental (que administran los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) ha establecido un Programa del Clima y la Salud para ayudar a los estados y las ciudades a identificar poblaciones vulnerables y personalizar sus estrategias de adaptación al cambio climático según corresponda.

Los investigadores solo recientemente han empezado a examinar datos. Uno de los primeros proyectos de mayor amplitud, el Programa de Seguimiento de la Salud Ambiental de California (CEHTP, por sus siglas en inglés), ha estado monitorizando las enfermedades y muertes relacionados con el calor desde 2001. CEHTP desarrolló una de las primeras herramientas para evaluar vulnerabilidades en 2011, con un enfoque en Los Ángeles y Fresno. Encontró que los afroamericanos y latinos en Los Ángeles tenían 50 por ciento más probabilidad que la gente blanca de vivir en vecindarios muy vulnerables al cambio climático—y 100 por ciento más probabilidad en Fresno.

El Mapa de vulnerabilidad al calor en Denver emplea una metodología similar al estudio del CEHTP, integrando datos tanto geográficos como socioeconómicos. Los primeros, evaluando la sensibilidad física de cada vecindario a la temperatura, incluyen factores como la cobertura que ofrecen los árboles, las estructuras con agua, la prevalencia de superficies pavimentadas y los acres de espacios verdes. Los indicadores socioeconómicos incluyen el nivel de ingresos, la educación, la movilidad y la edad, y calculan la susceptibilidad de los residentes a problemas de salud relacionados con el calor.

“Si vives solo, si eres una anciana, si estás enfermo, si tienes una discapacidad cognitiva—cualquiera de estas cosas hace que corras un riesgo mayor en caso del calor extremo”, dice Elizabeth Babcock, gerenta del aire, agua y clima para el DEH. “Corres un riesgo mayor si vives en un vecindario con una baja concentración de parques, lo cual puede reducir el efecto de la ‘isla de calor’. Algunos vecindarios tienen edificios antiguos sin aire acondicionado”.

Todas estas condiciones suceden en Westwood, uno de los 12 vecindarios identificados en el mapa del DEH como aquellos más vulnerables a los efectos del calor en la salud. Según Hiram Licea, muchas personas que viven ahí ya están sufriendo.

Como agente de seguros con oficinas en Morrison Road en el corazón de Westwood, Licea describe la situación de un cliente que tuvo que dejar de trabajar en julio debido al calor.

“Tiene diabetes, y sus pies se hinchan”, Licea explica. “Por la noche eleva sus pies para que la hinchazón disminuya, pero hubo tanto calor en su departamento este verano que no pudo quedarse ahí”. Sin los cuidados apropiados, los pies del hombre se hincharon tanto que no se podía poner sus botas para trabajar. “Un día se presentó a trabajar en sandalias”, Licea dice, “y lo mandaron a casa”.

“Sientes el calor en todo tu cuerpo, especialmente en el pecho”, dice el artista Santiago Jaramillo, quien tiene asma y ha vivido en Westwood toda su vida. “La presión, el calor. Te deja exhausto. Yo pinto murales, así que trabajo mucho afuera. Pero a veces no puedo salir a trabajar”.

El hijastro de Jaramillo se enfrenta a un problema diferente cuando sale en el verano: los ataques alérgicos. Son más frecuentes y más severos durante los periodos de calor prolongados, debido en parte al aumento en la densidad de partículas como el ozono, el polen o las cenizas de incendios forestales en la región.

“Existe este coctel increíblemente complejo de óxido nitroso, óxido de azufre, metano, polvo de proyectos de construcción, partículas finas”, dice Drew Dutcher de Elyria-Swansea, otro vecindario con una puntuación alta de vulnerabilidad al calor. “Hay un problema grave con la calidad base del aire. Y si luego le agregas a eso las temperaturas en aumento, el efecto solo se amplifica”.

El DEH creó el Mapa de vulnerabilidad al calor principalmente para ayudar a los funcionarios de la ciudad a mantenerse a la cabeza del cambio climático. La gente dedicada a la planificación urbana y los legisladores pueden utilizar la herramienta y su análisis subyacente para enfocarse en los vecindarios más necesitados y también para evaluar qué tipos de intervenciones resultarán en los mayores beneficios para la salud.

Por ejemplo, la vulnerabilidad al calor en Sun Valley se relaciona estrechamente con las viviendas en mal estado y el aislamiento social. Esta información es crítica para la Autoridad de Vivienda de Denver, quien se ha asociado con Sun Valley Eco-District para remodelar cientos de viviendas públicas en el vecindario. Las unidades actuales, construidas en los años 1950, “no tienen aire acondicionado y casi nada de jardín”, dice Jeanne Granville, directora ejecutiva de Fresh Start Denver con sede en Sun Valley. “La gente que vive en esas casas están tolerando condiciones extremadamente calurosas. Pero se aguanta porque es menos importante que tener comida sobre la mesa”. 

En Elyria-Swansea, la ausencia casi total de árboles es una de las causas principales de su vulnerabilidad al calor. “Está completamente descubierto”, dice Dutcher, quien forma parte de la mesa directiva de la Asociación del Vecindario de Elyria-Swansea. “Estamos mucho más rezagados que el resto de la ciudad. No hay árboles”. Varias agencias de la ciudad están involucradas en proyectos de desarrollo en el vecindario a lo largo de Brighton Boulevard, en las instalaciones del National Western Stock Show, y por toda la sección de I-70. Cualquiera de o todos esos proyectos podría(n) abordar la deficiencia en el follaje.

Cualquiera que sea su valor real para los profesionales gubernamentales, el mayor impacto del Mapa de vulnerabilidad al calor podría ser su poder para ayudar a los residentes a organizarse y hacer que sus comunidades se adapten más al cambio climático.  

“En algunos de estos vecindarios, el cambio climático quizás no parezca ser muy relevante”, dice Emily Patterson, gerenta local del programa Parks for People de la organización The Trust for Public Land (TPL, por sus siglas en inglés). “La gente tiene otras cosas más urgentes de qué preocuparse. Sus hijos están enfermos. Sus alquileres están aumentando. El clima no es algo relevante para ellos hasta que le das relevanciae—y la salud es una manera de hacer eso”.  

“Es difícil hacer que la gente se organice en torno al potencial del calor extremo en algún momento indefinido en el futuro”, concuerda Wendy Hawthorne, directora ejecutiva de Groundwork Denver. “Pero participarán si te enfocas en aumentar la calidad actual de vida en sus vecindarios.  

“Tener acceso a parques, árboles en el vecindario, casas eficientes con facturas eléctricas más bajas—todo esto reduce la vulnerabilidad al calor. Pero eso es un beneficio adicional a las ganancias más tangibles en el vecindario”.   

En Westwood, TPL y Groundwork Denver están implementando un programa piloto con un método colaborativo para organizar a la comunidad en torno al cambio climático. Trabajando junto con la organización registrada en el vecindario, Westwood Unidos, lanzaron una coalición conocida como Cool Connected Westwood (CCW) para reunir datos científicos y promover el desarrollo de la infraestructura verde. Un proyecto reclutará a residentes locales para que midan y monitoricen el calor, la sombra, el drenaje del agua, la distribución de los árboles y los patrones de movilidad con el objetivo de identificar prioridades para proyectos futuros en el vecindario. Otra iniciativa clave es la Vía Verde, una zona verde que conecta a docenas de lugares y promueve la plantación de árboles, la calidad del agua y el acceso para caminar y andar en bicicleta.

Algunas iniciativas de CCW abordarán el clima y la salud usando una perspectiva cultural, para atraer la participación de los residentes de manera que tenga un sentido local. Por ejemplo, Santiago Jaramillo está convirtiendo un puñado de carritos de paleteros (personas que venden paletas y helados) en estaciones climáticas con diseños coloridos que circularán por todo el vecindario. Los carritos estarán adornados con símbolos indoamericanos y aztecas que representan la tierra, el cielo, los ríos y los árboles. Cada carrito también tendrá equipo e instrucciones para tomar la temperatura y medir la calidad del aire y agua, y evaluar otros indicadores medioambientales, al igual que una “lista de deseos para la Madre Tierra” en donde la gente puede mencionar las mejoras que les gustaría ver en el vecindario.  

“Tiene que ver con la tierra y las tradiciones sagradas de nuestros ancestros”, Jaramillo dice. “Ofreceremos información sobre el cambio climático, pero realmente tiene que ver con la espiritualidad de la gente. Tienen una relación diferente con eso. Quizás no sepan cuáles son las conexiones entre el ambiente y su salud, pero esto puede ayudar a que se concienticen”.

Ese es el mismo propósito con el cual se diseñó el Mapa de vulnerabilidad al calor, dice Babcock del DEH. “No creo que nadie se esté preparando adecuadamente para el calor extremo”, dice. “En el peor de los casos, podríamos tener más de un mes de días con una temperatura mayor a los 100 grados cada año en 2050, y eso podría realmente poner en peligro a estos vecindarios vulnerables. Espero que el mapa ayude a atraer la participación de la comunidad para identificar objetivos a corto, mediano y largo plazo”.

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Larry Borowsky
Escritor
Denver, Colorado