2017-06-13
Historia

La policía paró a Tahjj Taylor, de Denver, casi 50 veces en cuatro años, afectando negativamente su salud mental. Él dice que “piensa constantemente” en que la policía lo pare otra vez.

Fotografía de Joe Mahoney / Encargado especial para The Colorado Trust

Por Lorna Grisby

Tahjj Taylor es un joven afroamericano animado por el futuro que está creando como documentalista. Sin embargo, su actitud diaria sufre por la carga de experiencias que ha tenido con la policía en el pasado.

Taylor, 27, de Denver, no tiene antecedentes de crímenes mayores. Pero sí cuenta con un historial de paradas vehiculares a manos de la policía—cerca de 50 entre 2007 (cuando tenía 18 años y su licencia de conducir nueva) y 2010.

“Siempre era alguna cosa insignificante. Recuerdo una vez, había una señal de ‘Pare’ y sé que paré”, Taylor dijo. Pero, agregó, como media milla después de la señal, un policía de Denver lo detuvo por no haber respetado la señal.

Las experiencias de Taylor han afectado negativamente su salud, lo cual no es inusual. Más y más, investigadores están encontrando que los efectos psicológicos de sufrir tratos crónicos y desiguales pueden ser importantes y duraderos. También es más evidente que, a pesar de cambios en las políticas, el trato desigual a veces está arraigado en las prácticas o la cultura de las agencias encargadas de mantener el orden.

Paradas vehiculares “con pretextos”

Las paradas en las que los policías usan infracciones vehiculares menores como excusa o pretexto para detener a conductores y encontrar indicios de drogas u otra actividad criminal—sin importar si existe evidencia de un crimen—son conocidas como paradas vehiculares con pretextos (pretextual, en inglés), y ocurren en todo el país. A pesar de que ha sido una práctica controversial por largo tiempo, la Corte Suprema la respaldó en 1996 en el caso de Whren vs Estados Unidos.

Taylor no era el blanco criminal para los cuales se diseñaron las paradas vehiculares, y la policía nunca inspeccionó ni le pidió inspeccionar su vehículo durante esas paradas. Pero, eso no es raro, según Mark Silverstein, director legal de la organización American Civil Liberties Union of Colorado.

“Considero una parada con pretexto como aquella en la que la razón secreta del policía para hacer la parada es diferente de la razón que declara”, Silverstein dijo. “A veces se llaman paradas con pretexto aquellas en las que el policía detiene al conductor debido a las placas, una luz rota, y realmente el policía quiere ver si puede encontrar una justificación para hacer una inspección. Bueno, el policía quizás no encuentre una justificación para inspeccionar [el vehículo]”.

Aunque las paradas vehiculares con pretexto sean ejemplos obvios, los prejuicios de la policía pueden extenderse más allá de ellas. Varios estudios muestran que la policía se enfoca desproporcionadamente en los afroamericanos cuando detienen vehículos por cualquier razón. Un informe publicado en 2013 por la central de Estadísticas de Justicia del Departamento de Justicio de EE.UU. reveló que, a nivel nacional, se detuvo a más conductores negros (el 13 por ciento) que conductores blancos y latinos (el 10 por ciento cada uno) en su contacto más reciente con la policía: y las personas negras y latinas recibieron una inspección y multa en porcentajes mayores que las personas blancas.

De manera similar, otros estudios han concluido que las personas negras y latinas tuvieron porcentajes desproporcionados de “parar e inspeccionar” (tanto al conducir como al caminar) en comparación con los de las personas blancas—aun cuando tenían menos probabilidad que las personas blancas de poseer contrabando. 

El profesor Charles Epp, PhD, de la Facultad de Administración y Asuntos Públicos en la Universidad de Kansas, examinó estudios sobre el uso institucional del perfil racial (racial profiling, en inglés) en el trabajo policiaco para el libro Pulled Over: How Police Stops Define Race and Citizenship (Detenidos: Cómo las paradas policíacas definen la raza y la ciudadanía), el cual escribio en colaboración con otros autores. Él categoriza las paradas con pretextos, también conocidas como paradas indagatorias, entre las prácticas policiales principales que resultan en disparidades raciales en el mantenimiento del orden público.

“Son unas de las manifestaciones clave de racismo institucionalizado en la vigilancia policíaca actual… Se somete a alrededor del 12 por ciento de conductores afroamericanos a paradas indagatorias cada año—esa es una proporción extraordinariamente alta de la población, y esas paradas tienen consecuencias significativas en las vidas de las personas”, Epp dijo. “Afectan cómo [los detenidos] perciben su lugar en la sociedad, cómo perciben a la policía, si pueden confiar en ella, y afectan cómo las personas perciben a la ley”.

Estudios de investigación también demuestran que a las personas negras y latinas se las elige individualmente en paradas con pretexto, en parte, por el programa Operation Pipeline de la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). Este programa ha capacitado desde 1984 a policías locales sobre técnicas para hacer paradas vehiculares con pretexto—incluyendo tomando en cuenta el grupo racial—al decidir a qué conductores detener para hacer inspecciones. Funcionarios encargados de mantener el orden público de numerosas municipalidades en Colorado han recibido capacitación a través de Operation Pipeline en años recientes, según archivos de la DEA.  Entre ellas figuran las municipalidades de Aurora, Colorado Springs y Denver. En todas estas municipalidades, las que personas se han quejado de la vigilancia policíaca agresiva y prejuiciada.

Matt Murray, vicejefe del Departamento de Policía de Denver (DPD, por sus siglas en inglés) reconoce que las paradas vehiculares con pretexto fueron en su momento parte de las practicas policiales en la ciudad, pero dijo que la práctica cambió en 2006, cuando el departamento implementó una política que prohíbe usar el perfil racial. 

“No se han permitido [las paradas vehiculares con pretexto] por mucho, mucho, mucho tiempo”, Murray dijo. “Pero la cultura se come a las políticas para el almuerzo. Puedes escribir una política que diga: ‘No hagas esto’, pero si el resultado cultural lo premia, entonces continuará ocurriendo. Muchas de las reformas que hemos estado implementando aquí en Denver han sido en relación con el cambio cultural”.

Murray dijo que, debido a la política contra prejuicios del departamento, no sabe por qué los policías del DPD siguen reciben capacitación para el programa Operation Pipeline, pero asume que hay otros componentes del programa que el departamento piensa son útiles. A pesar de la capacitación suplementaria que reciben los policías, Murray dijo que se espera que cumplan con la política del departamento que prohíbe utilizar el perfil racial.  

Las disparidades raciales manteniendo el orden público también son el resultado de políticas y prácticas policíacas controversiales, como detener y registrar/catear, en la cual los policías paran a peatones para palparlos si los consideran sospechosos; y la vigilancia de ventanas rotas, en donde los policías aplican mano dura en delitos menores, como el vandalismo, como táctica para evitar que se cometan delitos serios. Muchos agentes del orden público consideran estas prácticas como herramientas eficaces para combatir el crimen, pero los críticos sostienen que se basan en la aplicación del perfil racial. Epp sugirió que el prejuicio implícito también es un factor.

“El prejuicio que está en la mente de los policías vigilando las calles y tomando decisiones, y la práctica de hacer paradas indagatorias o con pretexto, son elementos esenciales que producen las disparidades raciales que observamos en a quién se detiene”, explicó.

La vigilancia policíaca agresiva y la salud mental

De las numerosas veces que lo paró la policía, Taylor recibió ocho multas—todas por infracciones vehiculares menores—y siempre le permitieron irse manejando. Desafortunadamente, él no se salió ileso de esas paradas. Sufre de ansiedad y sigue hasta el día de hoy súper alerta ante la posibilidad de encontrarse con la policía.

“(Sé) que me pueden parar en cualquier momento. … Definitivamente es algo en lo que pienso cuando me despierto. ‘¿Me van a parar hoy? Necesito estar preparado por si pasa’”, Taylor dijo. Verifica para asegurar que tiene su licencia de conducir, seguro automovilístico y certificado de tenencia en orden cada vez que maneja, solo en caso de que lo pare la policía.

“Es un pensamiento constante. Siento como si algunos policías podrían entrar corriendo a mi casa ahora mismo porque estoy haciendo esta entrevista. Es que no se sabe cuáles son los límites de lo que puede y no pueden hacer”.  

Este tipo de estrés emocional no es inusual, según Monnica Williams, PhD, profesora adjunta de ciencias psicológicas en la Universidad de Connecticut y directora del Laboratorio de Disparidades Culturales y de Salud Mental. Williams es una de un puñado de psicólogos en el país que están estudiando la conexión entre el trastorno del estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés) y el racismo. Esa conexión se conoce como el estrés traumático basado en la raza, o trauma racial.

“Hay todo tipo de maneras como la policía podría tratar a las personas”, Williams dijo. “Por un lado, existen las microagresiones y, por otro, está la violencia realmente traumatizante. Realmente es la combinación de estas cosas que resulta en trauma”.

Ella agrega: “Estamos aprendiendo más y más que usualmente no es solo una cosa la que causa el trauma. Realmente es que le sucedan múltiples cosas a una persona”.

Más y más, estudios indican que las personas que sufren racismo y discriminación pueden desarrollar una variedad de problemas mentales, incluyendo ansiedad, depresión y hasta PTSD. Otros estudios demuestran que ser víctima del racismo se puede asociar con varias enfermedades físicas, como la hipertensión y las enfermedades cardíacas.

El estar súper alerta—un síntoma del PTSD que puede hacer que las víctimas sientan que deben estar constantemente en guardia—también tiene su precio. Un estudio publicado en 2013 encontró que los adultos afroamericanos dijeron estar alertos en niveles más altos que los blancos; y aunque estar alerta resultó en dificultades para dormir en todas las personas sin importar su grupo racial, los afroamericanos dijeron tener más dificultades para dormir que los blancos.

“He llevado a cabo muchas evaluaciones como esta en personas, y hasta a mí me da tristeza escucharlos describe en detalle cómo las ha parado la policía, cómo los han inspeccionado, cómo habían registrado sus cavidades corporales sin razón”, Williams dijo

“Estas son personas profesionales. Estas son propietarios de negocios, que por casualidad conducen automóviles elegantes, pero que son personas negras y a quienes la policía acosa constantemente. Por eso no me sorprende que estén traumatizadas—básicamente la policía las ha asaltado sexualmente solo por ser gente negra y estar manejando. Si esto le estuviera pasando a las mujeres blancas, nadie lo aguantaría”.

Un estudio publicado en 2014 por investigadores de las universidades de Columbia y Yale encontró que también puede afectar psicológicamente a las personas si sufren una parada discriminatoria al estar caminando. Los investigadores evaluaron la práctica de “detener y registrar” en la Ciudad de Nueva York York (la cual un juez en 2013 determinó que se había enfocado principalmente en los negros y latinos violando la constitución) y su efecto en la salud mental de los hombres jóvenes en áreas urbanas. Los investigadores encontraron que, aunque no se arrestó a la mayoría de los participantes en el estudio (entrevistados entre septiembre de 2012 y marzo de 2013) a raíz de que los pararan y registraran, igual muchos sufrieron de ansiedad y traumas mentales como resultado. Mientras más veces paró la policía a los participantes—y mientras más invasivos fueron los encuentros, incluyendo la policía usando fuerza física—más altos fueron sus niveles de ansiedad y trauma.

El estudio—el cual indicó que, a nivel nacional, estas paradas con frecuencia se caracterizan con la policía usando violencia física o diciendo palabras sexualmente degradantes—concluyó que se paró a los hombres afroamericanos más que a cualquier otro grupo étnico, y que estos sufrieron trauma en niveles más altos.

Investigadores han identificado una conexión entre las experiencias racistas y el PTSD, conocida como un daño traumático de estrés con base en la raza (RBTSI, por sus siglas en inglés). Pero la RBTSI no se reconoce en el Manual de Diagnóstico y Estadísticas de Trastornos Mentales (conocido comúnmente como el DSM, por sus siglas en inglés).

“En realidad estamos como socializados a no ver el racismo y no hablar de él”, Williams dijo. “Por eso, una persona blanca que no sufre de racismo realmente no sabe de lo que hablas cuando no lo han vivido. No le ha pasado a ella a menos que tengan a un ser querido o pariente que pertenece a un grupo estigmatizado; realmente no figura en su radar”.  

A Taylor no lo han diagnosticado con PTSD o RBTSI, pero lo diagnosticaron con ansiedad después de que empezó a manejar. Por años, no se dio cuenta de que la causa principal de su ansiedad eran sus interacciones con la policía.

“Cuando eres joven, no entiendes lo que es la ansiedad. … Yo no tenía idea de que me pararían tan pronto empezara a manejar”, Taylor dijo. “Y por eso, porque no tenía ningún punto de referencia, pensé que era normal que la policía me parara”.

Sin embargo, la perspectiva de Taylor cambió cuando entró a la universidad y amplió su círculo social. Ahí fue que se dio cuenta de que, cuando sus amistades blancas manejaban, usualmente no tenían ningún encuentro con la policía, aunque estuvieran violando la ley.

La raza, la vigilancia policíaca y los datos

El aumento reciente en la atención hacia las muertes de hombres negros (con frecuencia no armados) a manos de policías alrededor del país—principalmente en parte a la proliferación de personas que graban las situaciones en video—ha hecho que se convierta en tema de discusión a nivel nacional el papel que desempeña el racismo en la vigilancia policíaca. Muchas personas cuestionan que tan grande es el papel que desempeña el perfil racial en estos encuentros.

En Colorado, el uso del perfil racial en la vigilancia policíaca es ilegal. Pero el Informe CLEAR a nivel estatal publicado el mes de diciembre pasado por el Departamento de Seguridad Pública de Colorado encontró, en parte, que:

  • Las personas negras (hombres y mujeres) tienen mayor probabilidad de que las arresten o citen a corte.
  • Una vez arrestadas, las personas negras tenían mayor probabilidad que las personas de otros grupos raciales y étnicos de que los condenaran a pasar tiempo en la cárcel.

En Denver, los activistas que forman partes de comunidades de gente principalmente de color mantienen que la policía continúa usando el perfil racial con personas negras y latinas. (Un informe reciente de la Oficina de Control Independiente encontró que es bastante más probable que la policía le dispare a la gente de tez negra y marrón.) Por mucho tiempo, estos activistas han dicho que se necesita prestar mucha más atención al problema y estudiarlo.

La ciudad reunió datos sobre las paradas vehiculares y peatonales entre 2002 y 2003 (y, preliminarmente, parte de 2001) bajo orden del estado, pero cuando terminó el mandato, también se dejó de reunir información. En ambos años en los que se reunió datos, los conductores y peatones que los policías percibían ser negros o latinos recibieron un porcentaje más alto de inspecciones que aquellos que percibían como blancos. (Las únicas excepciones fueron aquellas paradas de peatones que dieron su autorización para que los inspeccionaran.)

traffic-stops-chart_sp2.jpg

Datos sobre inspecciones según el grupo racial/étnico del informe publicado en 2002 de las tarjetas de contacto usadas por la policía de Denver. Los datos del informe de 2003 muestra patrones casi idénticos. (Fuente - vía Deborah Thomas)

Lisa Calderón, copresidenta de la sucursal de Denver para el Foro Latino de Colorado (CLF, por sus siglas en inglés), y la madre de Taylor, dijo que a pesar de que grupos activistas como el CLF por mucho tiempo han presionado para que se continúen reuniendo datos, la policía de Denver se resistió hasta el verano pasado.

Sin embargo, Murray, tienen otra opinión sobre la actitud del DPD hacia la práctica de volver a reunir datos.

“Yo creo que diferentes personas deben tener diferentes opiniones sobre esto, [pero] los resultados no fueron tan sorprendentes para hacer que la legislatura sintiera que necesitaba continuar [recolectando] datos”, dijo. “No nos resistimos a hacerlo en primer lugar, y no nos resistimos a seguir haciéndolo. Pero los esfuerzos pararon cuando los resultados no fueron catastróficos”.

Después de años de criticismo por parte de grupos activistas y una recomendación del Auditor de la Ciudad de Denver Timothy O’Brien, el verano pasado la policía de Denver aceptó continuar reuniendo datos demográficos sobre sus paradas vehiculares y peatonales, los cuales podrían ofrecer información sobre las interacciones entre los policías y la gente de color. El jefe del DPD, Robert White, dijo durante una conferencia de prensa en agosto de 2016 que la información reunida probablemente incluirá la edad, el grupo racial y el género de la gente a quien pare la policía.

“No solo queremos saber cuándo se para a la gente y por qué la para [la policía]; queremos saber cuáles son los resultados de esas paradas. Eso es muy importante”, White dijo en ese momento.

Deborah Thomas, PhD, una profesora de geografía y ciencias medioambientales en la Universidad de Colorado en Denver que ayudó a liderar el esfuerzo para recolectar datos originalmente, está contenta de que se volverá a hacer. Sin embargo, ella advierte que solo reunir información no es suficiente para ver todo el panorama.

“Lo que no puede hacer es decir que hay relaciones desafiantes entre la policía y un vecindario o comunidad en particular, o con un subgrupo de personas dentro de una comunidad”, dijo. “Necesita expandirse con otros mecanismos para reunir información, encuestas o grupos de enfoque y reuniones comunitarias que se utilicen en todo su potencial”.

Un comité compuesto por policías del DPD e integrantes de la comunidad, incluyendo Murray y Calderón, se reúne cada semana para determinar cómo diseñar esta nueva recolección de datos demográficos de paradas vehiculares y peatonales en Denver.  El grupo seleccionó al Centro para la Equidad en la Vigilancia Policíaca para ayudarles con el proceso y está finalizando un contrato con la organización. Cuando el comité haya creado un borrador del plan, los integrantes lo presentarán ante la comunidad y la unión de policías para recibir comentarios.

En la ciudad vecina de Aurora, el departamento de policía reúne algunos datos demográficos, pero no en todos los aspectos, dijo Kevin Flyn, jefe de la División Metropolitana. Por ejemplo, la base de datos del departamento le da seguimiento al grupo racial que la gente que la policía entrevista en las calles, pero no toma nota del grupo racial de los conductores a quienes para. (Sin embargo, la raza del conductor sí se anota en la citación que podría emitirse.)

“Esa es una de las cosas que estamos en proceso de intentar, descubrir qué tipos de datos queremos reunir y correlacionar, obviamente debido a algunas de estas preguntas”, Flynn dijo. “Estamos tratando de descubrir cómo vamos a hacerlo—qué tecnología nueva necesitamos para archivar estos datos y darlos a conocer. Los aspectos centrales de lo que estamos tratando de hacer es confianza y transparencia”.

En Colorado Springs, el teniente Howard Black del Departamento de Policía de Colorado Springs dijo que los policías ahí reúnen datos demográficos sobre los arrestos producidos después de hacer una parada vehicular y contactos hechos en las calles. Los policías no reúnen datos demográficos en paradas vehiculares simples, aunque esa información sí aparece en las citaciones a corte.

Mientras los departamentos policiales en Colorado trabajan para encontrar la mejor forma de ofrecer sus servicios a las comunidades, Taylor está usando su creatividad para lidiar con la ansiedad. Hace ya tiempo que se cambió del vecindario de Cole en Denver, en donde dijo que todas sus paradas vehiculares ocurrieron. Escribe canciones, crea obras de arte, graba y edita películas cortas y está incursionando en la fotografía.

Pero, él piensa regularmente sobre sus experiencias con la policía en el pasado y, cuando está conduciendo, se asegura de saber en dónde está la policía.

“Si siento que se me acercan injustamente, estoy preparado para el proceso que sigue”, Taylor dijo. “Pero, por suerte, vivo en un lugar en donde la cultura de la policía está cambiando”.

Estos días, dijo, “hasta disfruto la oportunidad de hablar de paso con los policías”, como cuando está trabajando como mesero en un restaurante, o cuando está caminando por el campus de su universidad.

“Mantener rencores pasados no es productivo. Debemos estar buscando cosas en común que nos fortalezcan”.

Lorna Grisby
Periodista
Fairfield County, Connecticut